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No es el Valle de Ordesa: el precioso valle del Pirineo aragonés que poca gente conoce

Un paraíso natural en el corazón del Pirineo aragonés con paisajes que roban el aliento y planes de todo tipo.

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Un paraíso natural en el corazón del Pirineo aragonés con paisajes que roban el aliento y planes de todo tipo.

En el Pirineo aragonés, entre montañas que besan las nubes y esplendorosos valles, hay un lugar que no tiene el prestigio del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, pero sí los mismos paisajes de vértigo en los que cada sendero, cascada y montaña susurra historias de pastores y aventureros.

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El valle en otoño. | Dreamstime

El Valle de Bujaruelo se despliega como un tapiz de contrastes: desde las suaves praderas junto al río Ara hasta las cumbres escarpadas del Taillón (3144 metros) o los Gabietos (3031 metros). Con un verde intenso en los bosques de hayas, el blanco de las nieves invernales y las tonalidades cobrizas del otoño, este paisaje se convierte en un escenario mágico. 

Visitas imprescindibles en el Valle de Bujaruelo: entre cañones y montañas

Puente románico de San Nicolás

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Puente románico de San Nicolás. | Dreamstime

De un único arco, este puente fue construido en el siglo XIII sobre el río Ara; una clara muestra de la arquitectura medieval y testimonio de la importancia del valle en el pasado. Se utilizó como vía de comunicación entre España y Francia, usándose para el comercio, para la trashumancia y como paso fronterizo.

Junto al puente se encuentran los restos de la ermita románica de San Nicolás y un antiguo hospital medieval levantado por monjes benedictinos, que más tarde sería gestionado por los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.

Torla-Ordesa

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Vista general de Torla-Ordesa. | Dreamstime

A las puertas de Ordesa y Monte Perdido se alza uno de los pueblos más bonitos del Pirineo aragonés. Su antiguo castillo, sus calles y casas de piedra y sus tejados de pizarra sirven como punto perfecto de partida para explorar el Valle de Bujaruelo.

Otras localidades cercanas para visitar son Fragen, Linás de Broto y Viu de Linás, pequeñas muestras del modo de vida rural de esta parte de Huesca.

Ermita de Santa Elena

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Ermita de Santa Elena, en Biescas. | Shutterstock

En las proximidades del valle se encuentra la ermita de Santa Elena, del siglo XVII y ejemplo perfecto del vínculo entre espiritualidad y naturaleza del Pirineo aragonés.

Su arquitectura sencilla, con bóveda de cañón y detalles inscritos en piedra, refleja la devoción popular que ha perdurado durante generaciones.

Senderos del valle para perderse y reencontrarse

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Cascada de Sorrosal, en Broto. | Dreamstime

El Valle de Bujaruelo ofrece una variedad de senderos para caminantes de todos los niveles. Uno de los más populares es la ruta a la Cascada de Sorrosal. Con dos impresionantes saltos de agua, este recorrido es apto para familias al ser de fácil acceso desde Broto.

La ruta al Refugio de Goriz, para caminantes más experimentados, permite disfrutar de las mejores vistas del valle y sus alrededores; aparte de ser lugar de inicio de la ascensión al Monte Perdido.

Desde el Refugio de Bujaruelo parte un camino que lleva al circo glaciar de Otal. Se trata de una travesía por un pequeño valle que muestra la típica estampa pirenaica.

El Ibón de Bernatuara es otro espacio recomendado para senderistas: un ascenso entre praderas para citarse a 2330 metros de altitud con un lago de origen glaciar rodeado de colosos de piedra.