El pueblo secreto en los Pirineos que tiene dólmenes, aldeas abandonadas y una cueva preciosa
En un bonito valle de la comarca de La Jacetania rodeado por montañas y parajes espectaculares, brotan centenares de casitas como si de flores se tratara. Estas edificaciones de piedra, madera y pizarra que inevitablemente se atribuyen al norte del país corresponden a un pueblo de montaña precioso que, se dice, fue hogar de brujas. Pero ese es solo uno de los motivos tras la magia que desprende Villanúa.
La magia de Villanúa
Villanúa se encuentra en Huesca y contaba con 571 habitantes en 2024. Por su pintoresco aspecto y su atmósfera tranquila, es todo un ejemplo de pueblo pirenaico, sobre todo en su zona más antigua, el casco viejo. Pasear por Villanúa es viajar al pasado; aún pueden encontrarse los escudos de las familias que vivieron en el pueblo y elementos arquitectónicos medievales como el puente y algunas partes de la iglesia.
Pero también esconde restos de épocas anteriores. Sus tres dólmenes, repartidos en un radio de siete kilómetros, demuestran que Villanúa siempre ha sido hogar.
La cueva de las Güixas, hogar de brujas y leyendas
Para explorar uno de los mayores atractivos de Villanúa, hay que dirigirse al norte. A orillas del río Aragón, ya en las afueras del pueblo, bajo la superficie de la tierra, se esconde una preciosa gruta que fue esculpida por el agua: la cueva de las Güixas
La belleza de esta cueva ha hechizado a los habitantes de la zona desde la prehistoria. Desde lugar de reunión de brujas hasta cárcel, ha tenido distintos usos a lo largo del tiempo y es parte de la historia de Villanúa, siempre habitada por murciélagos y por las estrellas, el sol y la luna que se asoman por su chimenea y conquistan la oscuridad.
Las aldeas abandonadas de Villanúa
En el término municipal de Villanúa yacen los restos de antiguas poblaciones, tres aldeas abandonadas llamadas Aruej, Cenarbe e Izuel. La primera, Aruej, es hoy en día un fantasma de lo que fue. Esta zona forma parte del Camino de Santiago Aragonés y, en el pasado, albergó un hospital de peregrinos muy importante. En la actualidad, se ha convertido en una finca particular.
Al igual que Aruej, Cenarbe formaba parte de la ruta jacobea. Aunque ha desaparecido por completo, las ruinas de su iglesia de San Pedro descubren la historia de esta aldea, cronistas de la historia de un pueblo que pervive en el recuerdo de los habitantes de la zona. Por supuesto, no puede olvidarse la tercera aldea abandonada, Izuel, cuya única superviviente es una pequeña ermita.

