Enclavado en el Pirineo con solo 25 habitantes: el pueblo más pequeño de Huesca se esconde en el Parque Natural de los Valles Occidentales
En la comarca de la Jacetania, en la zona más occidental de Aragón y haciendo frontera con Navarra, se sitúa el que según datos oficiales del INE es el pueblo menos poblado de Huesca: Fago. Tiene apenas 25 habitantes censados, que viven en absoluta calma rodeados de bosques y montañas. Porque Fago se halla en pleno Parque Natural de los Valles Occidentales, un espacio natural del Alto Aragón cuya riqueza faunística es incalculable.
Próximo al río Majones, Fago cumple con las características habituales de los pueblos de montaña del Pirineo. Calles empedradas, casas de paredes gruesas, tejados empinados para soportar el peso de la nieve en invierno y balcones de madera con flores colgadas son los protagonistas indiscutibles de la aldea. Un conjunto arquitectónico, de los mejor conservados de España en su estilo, digno de admirar. Sin duda, un pueblo que merece la pena tener en cuenta en cualquier ruta por el Pirineo aragonés.
Qué ver y hacer en Fago, un oasis en plena naturaleza
Pasear por sus calles empedradas
Fago cuenta apenas con unas pocas calles, pero dentro de su núcleo de población, y también más allá de él, posee multitud de atractivos para hacer de la visita una experiencia inolvidable.
Si bien el pueblo es diminuto, recorriendo las estrechas calles de este pueblo de Huesca se pueden descubrir varios sitios de interés, como su antigua tejería o el viejo lavadero. La Iglesia de San Andrés da cobijo a una colección de retablos románicos muy valiosa, y la Ermita de San Cristóbal regala unas vistas inmejorables no solo del pueblo, sino también del verde paisaje que lo rodea.
Maravillarse con la naturaleza
Desde Fago parte un buen puñado de rutas de senderismo. Algunas son sencillas, como las que invitan a caminar a orillas del río Majones; otras, en cambio, son más complejas, como las que se adentran en el Pirineo occidental. Entre las más populares están la que lleva al Vértice de Algaraieta y la Kukula de Pintado y la que conecta esta localidad de Huesca con Dozola, Algaraieta y Kukula en un recorrido de ida y vuelta de 20 kilómetros.
Sea como sea, y sin importar la época del año, todas permiten disfrutar de un paisaje que cambia de color con el paso de las estaciones. Además, la experiencia gana en belleza gracias a los sonidos: el del agua que fluye río abajo, el de los pájaros que cantan desde las copas de los árboles o el del viento, que a veces acaricia el pueblo con calma y otras sopla con mayor intensidad.
Explorar rincones abandonados
Este pequeño pueblo del Pirineo de Aragón es también ideal para descubrir lugares en desuso. En sus alrededores, se esconden cuevas que antiguamente estuvieron habitadas, así como molinos que, aunque hoy están abandonados, fueron importantes en algún momento, y viejas chozas que antaño sirvieron de refugio para pastores y ganado.
Estas están construidas con materiales locales, y como el resto de espacios citados, sirven para conocer un poco mejor cuál era el estilo de vida que tenían los habitantes de Fago en épocas pasadas.
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