No es Albarracín, pero lo parece: el precioso pueblo situado en un barranco que pocos conocen
Existe un lugar mágico en la Comunidad Valenciana que, sin embargo, está separado de ella. Es el Rincón de Ademuz, una comarca poco conocida y de belleza cautivadora que está abrazada en su totalidad por tierras de Teruel y de Cuenca. Es ahí donde se esconde un pueblo de calles empinadas y sabor añejo, rodeado de un paisaje tan abrupto como fascinante.
Un pueblo que se eleva entre barrancos
Castielfabib guarda en su memoria episodios de su pasado medieval. De él queda el recuerdo en piedra de un modesto pero interesante patrimonio artístico. Pasear por sus callejuelas es una pequeña aventura en la que se descubren aquí y allá paños del antiguo recinto amurallado, túneles abovedados y viejas torres de vigilancia ya en ruinas.
En lo más alto del cerro al que se encarama Castielfabib sobresale la recia figura de una iglesia-fortaleza, adosada a uno de esos castillos que perdieron la batalla frente al paso del tiempo. Hay que llegar hasta ellos para asomarse a un entorno de cortados y barrancos entre los que discurre el río Ebrón. Esa es la razón de que a esta localidad se la conozca también como el ‘pequeño Albarracín’.
Los secretos mejor guardados de Castielfabib, el ‘pequeño Albarracín’
Hay que seguir el curso de ese río que abraza Castielfabib para descubrir un rincón extraordinario. El sonido del agua sirve de guía en un recorrido en el que el terreno se rompe, se estrecha y encajona al río Ebrón, que fluye entre paredes que se retuercen por momentos. Acaba ese sinuoso recorrido en una pequeña cascada que se precipita a una poza donde el agua apenas encuentra descanso antes de continuar su camino.
Tampoco está muy lejos de Castielfabib un rincón legendario. Se dice que los reyes de Castilla, Aragón y Valencia se reunían para discutir asuntos de relevancia en el punto donde sus reinos se tocaban. Ese lugar es la Cruz de los Tres Reinos, una cumbre que domina el territorio y ofrece unas vistas espectaculares. De ella parten, además, senderos que permiten disfrutar de una sorprendente variedad de paisajes.
Para los amantes del senderismo y de la historia, Castielfabib aún esconde una sorpresa más. En las Lomas de Abril, un abrigo esconde pinturas rupestres incluidas en la lista de Patrimonio de la Humanidad como parte del arte rupestre del arco mediterráneo de la península ibérica.
Disfrutar de Castielfabib con los cinco sentidos
Castielfabib es un municipio de tradiciones arraigadas. Si la visita coincide con alguna celebración religiosa señalada, es posible ser testigo de una costumbre tan sonora como osada: el volteo humano de campanas. Es una demostración de pericia en la que los mozos emplean la fuerza de sus brazos para hacer tañer las campanas de esa iglesia que corona la localidad.
Y, para que no quede ningún sentido huérfano, un pequeño placer para el paladar en forma de una gastronomía deliciosa en la que los protagonistas son las gachas, el arroz empedrado o la repostería elaborada con manzana esperiega.

