Declarado Patrimonio de la Humanidad: el majestuoso palacio de Gaudí que suele pasar desapercibido
Antoni Gaudí es un arquitecto catalán conocido por la originalidad de sus obras. Su imaginación no tenía límites y sus diseños, con ausencia de líneas rectas, soluciones estructurales únicas y colores a rebosar, se reconocen de lejos.
La Sagrada Familia es la máxima expresión de su estilo y otros monumentos, como el Park Güell y la Casa Milà, comparten también elementos como el uso de la técnica del trencadís, que consiste en crear mosaicos con fragmentos de cerámica rota.
Sin embargo, hay un trabajo concreto que no busca llamar la atención desde fuera, sino sorprender al visitante cuando cruza sus puertas: el Palacio Güell, declarado Patrimonio de la Humanidad.
Así es el Palacio Güell, una obra discreta a la par que majestuosa
Encargado por el industrial Eusebi Güell a finales del siglo XIX, el Palacio Güell fue una de las primeras grandes oportunidades que tuvo Gaudí para experimentar. Este fue el resultado.
Una fachada que pasa desapercibida
El estilo de Gaudí evolucionó mucho a lo largo de su trayectoria profesional y se volvió tan personal que es difícil meterlo dentro de una única categoría. No obstante, está considerado el máximo representante del modernismo catalán, algo que nadie diría viendo la fachada del Palacio Güell.
Serio, oscuro y robusto, el exterior de esta obra arquitectónica ubicada en una estrecha calle cercana al Port Vell de Barcelona apenas permite intuir todo lo que esconde tras sus grandes portones parabólicos. Estos fueron pensados para la entrada de carruajes y, aunque muestran la creatividad de Gaudí, nada tienen que ver con lo que aparece tras cruzarlos.
El interior, toda una experiencia sensorial
El gran salón central del Palacio Güell es el corazón de esta obra magistral de Gaudí. Es un espacio vertical que actúa como eje de todo el edificio, por el que la luz desciende por una linterna crónica, generando un ambiente casi teatral.
Asimismo, en el interior del Palacio Güell hay multitud de arcos y columnas que combinan a la perfección con técnicas que, teniendo en cuenta que se construyó entre 1886 y 1890, fueron muy innovadoras. Los techos, las rejas, los muebles... Gaudí se encargó de diseñar hasta los más pequeños detalles de este edificio de inspiración mudéjar, por lo que todo junto da sensación de unidad.
La azotea y las chimeneas, de "estilo Gaudí"
La visita al Palacio Güell termina con una parada en su azotea, uno de los espacios más sorprendentes del edificio. Aquí, el arquitecto catalán hizo uso de los colores, los mosaicos y las figuras geométricas, anticipando ese estilo propio que fue ganando fuerza en trabajos posteriores como la Pedrera o el Park Güell.
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