El puerto más grande de España: 1082 hectáreas y 23 km de muelle
Las ciudades portuarias han tenido siempre fama de ser más abiertas, conectadas como están con influencias llegadas de todo el mundo. Un puerto también evoca algo nocturno, un poco canalla: un paisaje de marineros y tabernas ricas en historias. Pero ¿qué ciudad tiene el puerto más grande de España?
El mayor puerto español, un mundo aparte
Más de mil hectáreas terrestres y treinta terminales
El puerto más grande de España es el de Barcelona, una ciudad vinculada al mar desde antiguo. Su puerto es un territorio descomunal, cuyas 1082 hectáreas son una ciudad dentro de la ciudad, con sus propias normas y funcionamiento. Cuenta, incluso, con su propia policía, la Policía Portuaria. Operarios, estibadores y marinos llegados de medio mundo completan este cuadro vibrante.
Aquí, la vida comercial de medio mundo se puede palpar, por ejemplo, en las terminadas especializadas en contenedores, productos a granel o automóviles. Hay, incluso, una terminal solo para café y cacao. Los ferris ocupan tres terminales, y los cruceros, hasta 7, lo que da una imagen de la potencia de Barcelona en el turismo mundial.
Un puerto cargado de historia
El puerto más grande de España tuvo unos inicios discretos: la capital catalana tardó mucho en disponer de un auténtico puerto, y los barcos fondeaban como podían. El Port Vell evoca esos tiempos lejanos, cuyos tesoros todavía afloran en forma de vetustos cascos de barcos medievales, en la zona donde el mar acaricia Ciutat Vella.
El camino hasta convertirse en el puerto más grande de España arranca con la expansión hacia el sur, en la antigua desembocadura del Llobregat. Ahí han cobrado forma diques y bocanas, muelles de todo tipo que han creado hoy un paisaje impresionante. El trasiego es continuo, y el Mediterráneo conecta con la tierra a través de trenes y camiones.
Un espacio para descubrir
A pesar de su actividad incesante, el puerto de Barcelona es un lugar que vale la pena explorar. Para ello, se han ido creado espacios que invitan al paseo y la contemplación serena del mar. Del antiguo Rompeolas, tan concurrido en los 70 y 80, se ha pasado a bellos paseos como el que arranca detrás del famoso hotel W, una delicia entre olas y gaviotas.
Además, sus aledaños cuentan con preciosos miradores que dejan sin palabras. Para comprobarlo, basta con subir a la terraza del Museu d’Història de Catalunya, en la parte antigua, o a rincones secretos como el Mirador del Migdia en Montjuic, que pone al visitante frente a frente con la impresionante presencia del puerto.


