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Declarado Patrimonio de la Humanidad: el magnífico monasterio gótico escondido en Ávila extramuros

Es un imponente conjunto monástico que conserva la huella de los Reyes Católicos y un pasado esplendoroso.
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Es un imponente conjunto monástico que conserva la huella de los Reyes Católicos y un pasado esplendoroso.

Ávila es mucho más que una muralla que ha contemplado impertérrita casi mil años de historia. Abrazada por ese lienzo pétreo, la ciudad vieja despliega en cada rincón recuerdos de un intenso pasado. Sin embargo, su vetusta belleza no acaba en ese laberinto de calles estrechas y empinadas. 

Más allá del recinto amurallado, un rosario de iglesias y monasterios refleja la profunda espiritualidad de la ciudad que vio nacer a Santa Teresa de Jesús. Uno de ellos, además, guarda un legado regio y artístico muy especial. 

Real Monasterio de Santo Tomás: fe, arte y silencio

Interior de la iglesia del Real Monasterio de Santo Tomás. | Dreamstime
Interior de la iglesia del Real Monasterio de Santo Tomás. | Dreamstime

La solemne silueta del Real Monasterio de Santo Tomás se alza a las afueras de Ávila. Su construcción contó con el mecenazgo de los Reyes Católicos, que lo convirtieron en palacio de verano. No intuían en aquel entonces que, pocos años después de finalizadas las obras, se convertiría en el lugar elegido para el descanso eterno de su único hijo varón.

En el crucero de su iglesia, el exquisito sepulcro de mármol blanco del infante don Juan contrasta con los reflejos dorados de un soberbio telón de fondo. La delicadeza escultórica del mausoleo parece contener la fuerza narrativa de las escenas bíblicas que Pedro Berruguete plasmó con maestría en el retablo mayor. El diálogo entre lo humano y lo divino, entre piedra y luz, parece diluirse así bajo un cielo de bóvedas góticas de crucería.

Tres claustros, tres almas

Claustro del Silencio, en el Real Monasterio de Santo Tomás. | Dreamstime
Claustro del Silencio, en el Real Monasterio de Santo Tomás. | Dreamstime

La vida monástica y palaciega se articuló en tres claustros donde la sobriedad castellana se entremezcla con elementos góticos y renacentistas. La modestia arquitectónica y ornamental del Claustro del Noviciado, el más antiguo, poco tiene que ver con el Claustro del Silencio, cubierto por una exquisita bóveda de crucería. Más amplio y luminoso, aunque también más sobrio, es el de los Reyes, corazón del palacio estival.

Cada claustro marca un ritmo propio y guarda los secretos de quienes pasearon por ellos. El estilo, las dimensiones y hasta la luz que atraviesa sus arcos son diferentes, pero comparten el silencio y la solemnidad de antaño, cuando eran espacio para el recogimiento y la oración.

Testigo y víctima de la historia

Fachada de la iglesia del Real Monasterio de Santo Tomás. | Dreamstime
Fachada de la iglesia del Real Monasterio de Santo Tomás. | Dreamstime

El ambiente sereno que envuelve al Monasterio de Santo Tomás recuerda sus momentos de esplendor, pero también fue escenario de episodios oscuros. En él se estableció el Tribunal de la Santa Inquisición. De hecho, uno de los personajes más poderosos y temidos de su época, fray Tomás de Torquemada, vivió, murió y está enterrado entre sus muros.

Siglos después, sufrió el expolio de las tropas francesas, que lo saquearon y profanaron la tumba del infante don Juan. También padeció el abandono tras la desamortización y varios incendios. Pese a ello, el monasterio recuperó gran parte de su esplendor para recordar que, aunque extramuros, forma parte inseparable de la esencia de una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

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