Tiene el mayor paso de peatones de España: la villa marinera a orillas de una ría y el Atlántico
En la accidentada costa gallega sobresale una península que se adentra en el Atlántico entre dos rías. Apenas alcanza los 40 kilómetros de longitud y coincide, a grandes rasgos, con una de las comarcas más densamente pobladas de Pontevedra y de toda Galicia.
Esta pequeña porción de tierra junto al Atlántico podría parecer una simple prolongación del área metropolitana de Vigo. Sin embargo, posee una personalidad que la convierte en mucho más que un apéndice urbano. Allí se despliega una villa marinera que depara no pocas sorpresas a quienes se animan a descubrirla.
Cangas do Morrazo, el balcón frente a Vigo que camina a su propio ritmo
Aunque oficialmente su nombre es solo Cangas, este concello pontevedrés luce a menudo el orgullo del Morrazo, esa península que es una comarca. Como sucede tantas veces en Galicia, el concello de Cangas está formado a su vez por cinco parroquias. De ellas, curiosamente, la de Cangas es la más pequeña.
A medio camino entre la Ría de Vigo, la Ría de Aldán y el Atlántico, Cangas queda dentro de ese conjunto impresionante por tantos motivos que son las Rías Baixas. Ligada a la pesca desde antiguo, esta villa marinera es famosa por sus playas, pero también por una anécdota relacionada con su urbanismo.
Un paso de peatones descomunal
El mayor paso de peatones de España no está en Madrid, ni en Barcelona, ni en ninguna gran ciudad. Ese honor corresponde a Cangas, cuyo gigantesco paso de cebra une la parte del ayuntamiento, la Plaza de la Diputación y la zona de A Palma. Hasta 40 metros alcanza el cebreado, que además tiene un diseño ligeramente curvo.
El origen de esta curiosidad se remonta a 2018, cuando se decidió hacer más fluido el tránsito de viandantes en ese punto. Tan grande es, que si se cruza en diagonal se puede acabar en una calle distinta. Con esas proporciones, supera a otros en A Coruña o Algemesí, que también han cobrado celebridad por su magnitud.
Cangas, mucho más que un cruce de caminos (y de peatones)
De las parroquias que conforman Cangas, todas ofrecen algún atractivo digno de atención. Pero al detenerse en la villa de Cangas, hay un rasgo que se impone de inmediato: el mar. A lo largo de su extenso paseo marítimo, bordeado de jardines, se concentra buena parte del encanto local y se abre el acceso a un rosario de playas espléndidas.
En ese mismo recorrido surgen pequeñas sorpresas, como la Capilla del Hospital, datada en 1711, que aún conserva símbolos vinculados a la Inquisición. En sentido contrario, alejándose del litoral, se despliega el casco antiguo: un entramado de calles estrechas donde conviven la Excolegiata de Santiago, las casas marineras tradicionales y emblemas locales como El Reloj, antiguo observatorio meteorológico.
En definitiva, Cangas combina la fuerza del mar con la historia de sus calles, ofreciendo al visitante un lugar donde descubrir, pasear y además saborear un marisco excelente.
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