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Maravillas de Alicante ciudad que hay que ver al menos una vez en la vida

Alicante es un rincón del Mediterráneo que parece salido de algún sueño cálido y luminoso. Descubramos los encantos de esta ciudad entre el mar y la montaña.
Alicante es un rincón del Mediterráneo que parece salido de algún sueño cálido y luminoso. Descubramos los encantos de esta ciudad entre el mar y la montaña.

La ciudad de Alicante, o Alacant, palpita con la energía de un sol que brilla casi todo el año. Situada en el corazón de la Costa Blanca, el susurro permanente del mar baña sus playas doradas e invita a vivir el presente. La calidez de su gente se contagia rápido, y todo contribuye a que Alicante sea no solo una ciudad, sino un estado de ánimo.

6 lugares para enamorarse de Alicante

El castillo de Santa Bárbara, guardián del Mediterráneo

Castillo de Santa Bárbara
Castillo de Santa Bárbara. | Dreamstime

Al llegar a Alicante, la primera mirada la roba el imponente castillo de Santa Bárbara, encaramado sobre el monte Benacantil como un centinela de la ciudad. Con raíces en la época musulmana, el castillo es uno de los grandes tesoros históricos y culturales de Alicante, testigo de innumerables capítulos de la historia.

Desde sus 166 metros sobre el nivel del mar, la fortaleza ofrece unas vistas privilegiadas de la ciudad, la bahía y el horizonte mediterráneo, una panorámica que se despliega como un cuadro: aguas azules que acarician las playas, tejados y callejuelas del casco antiguo, la luz que baña la ciudad.

La zona más alta y antigua es La Torreta, con restos de murallas árabes y la torre del homenaje. El nivel intermedio es del siglo XVI y muestra la vida en el castillo durante su apogeo, y el inferior es del XVIII, con almacenes y salas de uso logístico. Tanto si accedemos a pie, por el pintoresco parque de La Ereta, como en ascensor, subir al castillo es siempre una experiencia.

La concatedral de San Nicolás, el alma barroca de Alicante

Concatedral de San Nicolás
Concatedral de San Nicolás. | Dreamstime

En pleno meollo del casco antiguo de Alicante se erige la concatedral de San Nicolás de Bari, un magnífico ejemplo de arquitectura renacentista y barroca que es, además, uno de los símbolos religiosos y culturales de la ciudad. El templo cautiva tanto por su sobria elegancia exterior como por la riqueza artística que alberga dentro.

Iniciada en el año 1600, su estilo es herreriano, pero en buena armonía con las puertas barrocas del altar y el claustro del siglo XV. Precisamente, el claustro, accesible desde la calle, es uno de los rincones más deliciosos de toda la ciudad, con su íntimo jardín y la serenidad que reina en él.

Otros elementos notables son el altar y la cúpula azul que se eleva a 45 metros. Debajo de ella, la Capilla de la Comunión luce como una de las obras más perfectas del barroco en nuestro país.

Tabarca, la isla del tesoro

Tabarca
Tabarca. | Dreamstime

Un repaso por las maravillas de Alicante ciudad no puede pasar por alto la hermosa isla de Tabarca, la única habitada de la Comunidad Valenciana, que pertenece al municipio. Situada a unos 20 kilómetros frente a su costa, la rica historia del enclave se da la mano con la serenidad mediterránea.

Tabarca es pequeña en tamaño pero inmensa en encanto, y sus aguas cristalinas acogen la primera reserva marina de España, un paraíso para submarinistas con sus praderas de posidonia. Carlos III mandó fortificarla en el siglo XVIII por los ataques piratas que sufría.

El pasado se hace presente en los vestigios de esas murallas y en el trazado del núcleo urbano, que conserva espléndidamente el aire de un pequeño pueblo mediterráneo.

La basílica de Santa María y su riqueza artística

Basílica de Santa María
Basílica de Santa María. | Dreamstime

Sobre lo que fuera la mezquita mayor de Alicante, se levantó en el siglo XIV la basílica de Santa María, un sorprendente compendio de historia del arte. La reconstrucción a la que obligó un temprano incendio aportó variedad de estilos a esta construcción de una sola nave.

Así, una de las torres que coronan la fachada barroca data de los inicios del templo, mientras que la otra es del siglo XVIII, la misma época en que se realizó el notable altar rococó.

Una experiencia que no podemos olvidar es la de subir a los espacios superiores y, desde allí, contemplar el oro del altar entre las bóvedas góticas, mezclándose con las vistas en el exterior de la siempre imponente mole del Benacantil.

El corazón pintoresco de Alicante: el barrio de Santa Cruz

Barrio de Santa Cruz
Barrio de Santa Cruz. | Dreamstime

Uno de los rincones más encantadores y auténticos de Alicante es, sin duda, el barrio de Santa Cruz, abrazado a las faldas de la montaña. La zona parece escapada de un cuento, y es una explosión de color, historia y tradición que nos invita a perdernos por sus estrechas calles empedradas.

El barrio se caracteriza por sus casas blancas adornadas con macetas llenas de flores. Geranios, buganvillas y jazmines salpican las fachadas con tonos vivos que contrastan con el blanco luminoso de las paredes. Este espectáculo, junto a las banderas de colores y otros detalles que lucen los balcones, otorga a Santa Cruz una alegría especial y un ambiente de fiesta permanente.

Paseando por sus calles algo empinadas, nos toparemos con rincones mágicos como pequeñas plazas, miradores de lujo y escaleras con azulejos, así como la ermita de Santa Cruz y, por supuesto, algunos de los mejores sitios donde comer en Alicante.

La playa del Postiguet, la playa más emblemática

Playa del Postiguet
Playa del Postiguet. | Dreamstime

Un recorrido por las maravillas de Alicante ciudad debe acabar necesariamente junto al mar, una presencia inabarcable que lo marca todo. Entre las muchas y variadas playas de Alicante, la del Postiguet es sin duda la más icónica, situada en pleno centro, a un paso del concurrido paseo de la Explanada y a los pies del castillo.

La arena fina y dorada, el agua apacible, todo en esta playa invita a pasar una mañana tranquila en ella, aunque no falta quien se entrega a deportes como el vóley-playa. Las palmeras del paseo de Gómiz son el marco perfecto para un baño refrescante o un rato de desconexión en pleno corazón de la ciudad.

En cualquier visita a Alicante, los 900 metros de la playa del Postiguet nos esperan con su bandera azul y una multitud de servicios, un lujo de playa urbana que permite conectar como pocas con la esencia de esta ciudad privilegiada.