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El desconocido 'Greenwich español': marcaba el meridiano cero antes que el de Londres

Antes del meridiano de Greenwich hubo otro lugar de España que servía de referencia para establecer el meridiano cero. Esta es la historia de un rincón remoto que influyó en los mapas del mundo.

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Antes del meridiano de Greenwich hubo otro lugar de España que servía de referencia para establecer el meridiano cero. Esta es la historia de un rincón remoto que influyó en los mapas del mundo.

En el extremo más occidental de la isla de El Hierro, un modesto monumento desafía al viento. Levantado sobre un campo de lava que se funde con el Atlántico y envuelto en un silencio inquietante, es el recuerdo de un pasado glorioso: este rincón remoto fue, mucho antes que Greenwich, un punto de referencia de la cartografía mundial.

Cuando El Hierro señalaba el meridiano cero

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Monumento que marca el meridiano cero, en El Hierro. | Shutterstock

La Punta de la Orchilla marca el último confín del territorio español hacia el oeste. Desde la Antigüedad, y hasta el descubrimiento de América, se pensó que este lugar era el fin del mundo, la puerta hacia lo desconocido. Fue en el siglo XVII cuando cartógrafos y navegantes establecieron que este fuera el eje de la geografía mundial.

Durante dos siglos, el meridiano de El Hierro sirvió de referencia para definir las coordenadas geográficas y los husos horarios. Todo cambió en 1884, cuando en una conferencia internacional se decidió desplazar esa línea imaginaria hasta Greenwich. Una decisión en la que el poder del Imperio británico en aquella época tuvo mucho que ver.

Un paisaje de extraña belleza

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Paisaje volcánico cerca del Faro de Orchilla. | Shutterstock

La Punta de Orchilla dejó de ser el lugar desde el que se medía el mundo y cayó en el olvido, pero lo que Greenwich no consiguió arrancarle fue su aura mágica. La soledad y un paisaje alienígena generan a cada paso sensaciones difíciles de olvidar.

De día se abre ante la vista un espectáculo visual donde compiten el gris del terreno y el azul intenso del océano. Con el paso de las horas, ese paisaje se transforma en una cálida sinfonía de luces y rojizas y doradas, en uno de los atardeceres más bonitos de España. Ya envuelta en la oscuridad de la noche, la Punta de la Orchilla es un mirador privilegiado para contemplar la bóveda celeste.

El Faro de Orchilla: protector de los navegantes

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Faro de Orchilla. | Dreamstime

Desde hace casi un siglo, en ese paisaje agreste destaca la figura del Faro de Orchilla. Su construcción, que se prolongó durante seis años, fue una hazaña titánica, ya que hubo que traer hasta este remoto lugar piedra de las canteras de Arucas, en Gran Canaria.

El resultado de tal esfuerzo fue uno de los faros más hechizantes de España. No es el más alto, pero su figura en medio de la nada, desafiando al infinito, le confiere un singular poderío. De esta forma, recuerda que este rincón tal vez no sea ya el punto de referencia de la longitud terrestre, pero sigue siendo un lugar de relevancia para la navegación.

Rincones mágicos cerca de la Punta de la Orchilla

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Un árbol del Sabinar de la Dehesa. | Shutterstock

Un escenario aparentemente inhóspito como la Punta de la Orchilla está rodeado de pequeños tesoros que muestran la extraordinaria riqueza natural de El Hierro. Muy cerca, casi a los pies del faro, se esconde un tubo volcánico que se asoma a un acantilado y que ofrece unas vistas maravillosas de la inmensidad del océano.

A solo unos kilómetros, se encuentra uno de los paisajes más inquietantes de la isla: el Sabinar de la Dehesa. Es un bosque encantado donde estos árboles se transforman en seres fantasmagóricos que se retuercen y se inclinan de formas imposibles, moldeados por la todopoderosa fuerza del viento.

Ya hacia el sur, las aguas cristalinas que bañan El Hierro guardan un tesoro, oculto a la vista de esos navegantes que atraviesan el que una vez fue meridiano cero. Es la Reserva Marina de La Restinga – Mar de las Calmas, un espacio donde las profundidades oceánicas se convierten en un auténtico paraíso subacuático.