No es Cuenca: esta ciudad encantada de Guadalajara parece salida de un cuento de piedra
Es un pequeño muestrario de arquitectura utópica. Cuevas, arcos, torres y formas caprichosas invitan a imaginar mundos fantásticos. Se trata de uno de los paisajes más insólitos de Castilla-La Mancha, a las puertas de la ruta de los pueblos negros y con el pico Ocejón como guardián silencioso.
Un mundo de piedra que sorprende
Los senderos serpentean entre monumentales siluetas pétreas. La Ciudad Encantada de Tamajón es un pequeño laberinto donde reina el silencio. La luz obra magia y cambia constantemente el paisaje para que los tintes dorados del amanecer den paso a sombras alargadas cuando se acerca el ocaso.
Es un escenario fantástico donde oscuros pasadizos se abren paso entre la roca, donde hay puentes que no conducen a ninguna parte y monolitos de formas extrañas que se elevan hacia el cielo. Pero no es solo un espectáculo visual. Los aromas del sabinar, las texturas de la roca y los sonidos de la naturaleza aderezan el paseo por esta singular ciudad pétrea.
Así se formó un capricho de la naturaleza
El recorrido por la Ciudad Encantada de Guadalajara es un viaje por un mundo pétreo modelado durante millones de años. La lluvia que se ha filtrado gota a gota por los inmensos bloques calizos y el viento han creado esta pequeña maravilla.
El paisaje kárstico de Tamajón es una lección de geología, un museo al aire libre en el que cada formación narra un capítulo de la historia de este monumento natural. Se alza, además, al abrigo de un extraordinario sabinar con ejemplares centenarios de porte soberbio.
El recorrido por la Ciudad Encantada de Tamajón
Este singular paraje se visita libremente. Dejarse llevar sin rumbo por sus senderos permite descubrir cada una de sus singulares formaciones. Es un recorrido de escasa dificultad, pero conviene llevar calzado adecuado y tiempo para apreciar todos sus detalles.
La salida y la puesta del sol son momentos inmejorables para disfrutar de su belleza. La luz tenue enfatiza las formas y texturas de la roca para transformar por completo el paisaje. La primavera y el otoño, además, permiten disfrutarlo con temperaturas agradables y una vegetación de colores especialmente intensos.
Es una visita emocionante que se completa descubriendo rincones cercanos de la Sierra Norte de Guadalajara. A un paso están también algunos de esos pueblos negros de Guadalajara que conservan su arquitectura tradicional de pizarra oscura y el sabor de otros tiempos.
Un lugar para descubrir sin prisas
La Ciudad Encantada de Guadalajara impresiona no por sus dimensiones, sino por su capacidad para despertar la imaginación. El paisaje se contempla con otros ojos, los que buscan sensaciones e historias escritas en piedra.
No hay ruidos, tampoco multitudes. Es un escenario que invita a olvidarse del reloj para descubrir una pequeña obra de arte creada pacientemente por la naturaleza.
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