Castillo de Oropesa: dos fortalezas y un palacio que resumen siglos de historia
En el extremo occidental de la provincia de Toledo, muy cerca de los límites con Ávila y Cáceres, se alza el castillo de Oropesa. Su aspecto cambia según el punto desde el que se contemple: por un lado parece una fortaleza musulmana y, por otro, un poderoso castillo señorial cristiano. No es una ilusión. El conjunto está formado por dos recintos medievales adosados, acompañados por varios espacios palaciegos construidos posteriormente.
Desde su posición elevada, el castillo domina el Campo Arañuelo y el perfil de la Sierra de Gredos. Durante siglos fue uno de los principales centros de poder de los Álvarez de Toledo, señores y después condes de Oropesa. Parte del conjunto se convirtió en 1930 en el primer Parador de Turismo instalado en un edificio histórico de España.
Dos castillos unidos en una misma fortaleza
El origen del enclave es anterior a la construcción del castillo que ha llegado hasta nuestros días. El territorio estuvo habitado por comunidades vetonas y, durante la época romana, su posición resultó estratégica para controlar las comunicaciones entre Toledo y Mérida. Sin embargo, las partes conservadas del conjunto pertenecen fundamentalmente a la Edad Media.
El llamado Castillo Viejo o patio musulmán se fecha entre los siglos XII y XIII. Se trata de una fortificación de origen andalusí levantada sobre un terreno elevado desde el que podía vigilarse el paso entre la Meseta y Extremadura. Su planta irregular estaba protegida por murallas, torres y otros elementos defensivos de los que todavía se conservan algunos restos.
Tras la incorporación de Oropesa a los territorios cristianos, la fortaleza continuó desempeñando una función estratégica. En la segunda mitad del siglo XIV, la villa quedó vinculada a la familia Álvarez de Toledo, que convirtió el lugar en el centro de su señorío.
Junto a la antigua fortaleza musulmana comenzó a levantarse en 1402 el Castillo Nuevo, también conocido como castillo de los Álvarez de Toledo. Su construcción se prolongó durante el siglo XV y se convirtió en una demostración visible del poder que el linaje había alcanzado en la comarca.
El Castillo Nuevo se organiza alrededor de un amplio patio de armas rodeado por torres de diferentes formas y dimensiones. Entre todas ellas sobresale la torre del homenaje, una construcción cuadrangular de aproximadamente 25 metros de altura. Sus esquinas están rematadas por garitones defensivos en los que aparecen los escudos de Fernando Álvarez de Toledo y Leonor de Zúñiga.
Otro de los elementos más llamativos es la monumental escalinata de piedra que permite acceder al adarve y a las estancias superiores. Bajo ella se abren varios arcos y dependencias interiores. Desde la parte alta de la fortaleza se contempla una extensa panorámica del Campo Arañuelo, con la Sierra de Gredos cerrando el horizonte.
Los palacios de los condes de Oropesa
La familia Álvarez de Toledo no se limitó a reforzar las defensas del castillo. También construyó junto a la fortaleza una residencia acorde con su posición nobiliaria. El conjunto palaciego está formado por el Palacio Viejo o Palacio de Doña Elvira y el Palacio Nuevo.
El Palacio Viejo fue la residencia de los primeros señores y condes de Oropesa. Su configuración principal corresponde al siglo XV y combina elementos góticos y mudéjares, a los que se añadieron detalles platerescos durante el siglo XVI. Una extensa escalinata de piedra da acceso al edificio, organizado alrededor de un gran patio interior.
En uno de sus lados se conserva una galería de dos plantas en forma de L, sostenida por columnas monolíticas de orden jónico. La piedra, el ladrillo y las cubiertas de madera crean un espacio más palaciego que militar, pensado para la vida cotidiana de una de las familias nobiliarias más influyentes de la zona.
El Palacio Nuevo se levantó durante el siglo XVI y presenta un marcado carácter renacentista. Su diseño se atribuye tradicionalmente a Juan de Herrera, arquitecto estrechamente relacionado con la corte de Felipe II y con el monasterio de El Escorial.
La fachada se distribuye en varios cuerpos, con balcones colocados de manera simétrica, vanos recercados en piedra y una combinación de mampostería y ladrillo. En uno de sus extremos destaca el llamado Peinador de la Duquesa, una construcción octogonal realizada en sillería almohadillada.
Los palacios y los dos castillos forman así un conjunto en el que se superponen siglos de arquitectura. La fortaleza musulmana, el castillo señorial cristiano y la residencia renacentista permiten recorrer, en pocos metros, una parte importante de la historia de Oropesa.
De residencia señorial a Parador de Turismo
El castillo y los palacios mantuvieron su función como residencia y centro de poder hasta el siglo XIX. La desaparición de los privilegios señoriales, los cambios de propiedad y los daños ocasionados durante la Guerra de la Independencia iniciaron un periodo de decadencia. El recinto llegó a utilizarse con diferentes fines, entre ellos cuartel y espacio para celebraciones taurinas.
Su valor histórico comenzó a reconocerse oficialmente durante las primeras décadas del siglo XX. El castillo fue declarado Monumento Artístico en 1923 y Monumento Nacional en 1926. En la actualidad está protegido como Bien de Interés Cultural con la categoría de monumento.
En 1930, una parte del conjunto se convirtió en el primer Parador de Turismo abierto dentro de un edificio histórico. Esta decisión inauguró un modelo de alojamiento que permitió recuperar antiguos castillos, conventos y palacios para destinarlos a usos turísticos.
El establecimiento sufrió daños durante la Guerra Civil y tuvo que ser restaurado. En 1966 volvió a consolidarse como Parador Nacional, adaptando parte de las dependencias palaciegas para el alojamiento sin borrar el carácter monumental del edificio.
El Parador de Oropesa, cerrado temporalmente por obras
El Parador de Oropesa permanece temporalmente cerrado desde el 1 de marzo de 2025 debido a un amplio proyecto de restauración, rehabilitación y modernización. Según el calendario oficial de Paradores, está previsto que el cierre se mantenga hasta el 31 de diciembre de 2026, aunque esta fecha podría sufrir modificaciones.
El cierre del alojamiento no implica necesariamente la imposibilidad de visitar todo el recinto. El castillo mantiene un régimen propio de visitas gestionado desde Oropesa, aunque las zonas accesibles y los horarios pueden variar debido a las obras. Antes de desplazarse, conviene consultar la información publicada por el Ayuntamiento de Oropesa.
Más allá de su función turística, el castillo de Oropesa es uno de los conjuntos monumentales más singulares de la provincia de Toledo. Sus muros conservan la huella de las culturas que controlaron este territorio, del poder de los Álvarez de Toledo y de una recuperación patrimonial pionera que evitó que la antigua fortaleza quedara condenada al abandono.
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