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Conectado por una carretera de vértigo: el pueblo enclavado sobre el río Cares a un paso de los Picos de Europa

Este pequeño pueblo asturiano combina el encanto rural con una gastronomía vibrante y unas vistas privilegiadas de la cadena montañosa más hermosa del país.
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Este pequeño pueblo asturiano combina el encanto rural con una gastronomía vibrante y unas vistas privilegiadas de la cadena montañosa más hermosa del país.

Los viajeros más avezados, los célebres, aquellos que han hecho del continuo recorrer un modo de vida, defienden que el viaje comienza al cerrar la puerta de casa y dar el primer paso. Así, todas las vicisitudes que se presentan en el camino son parte del viaje mismo, tan importantes como el destino, a veces incluso más. De todos los rincones de España, quizá sea Asturias la comunidad donde esta realidad se hace más evidente. Aquí y allá, un precioso pico, un valle encantador o un acantilado de infarto obligan al visitante a detenerse, a ralentizar el paso para saborear sin prisas el camino.

Un mirador de cuatro kilómetros

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Trazado de la carretera hacia Oceño, en Asturias. | Shutterstock

En el extremo oriental de Asturias, en la preciosa comarca de Peñamellera Alta, un desvío a la derecha en la carretera que comunica Arenas de Cabrales con Panes adentra al visitante en un camino sinuoso de pronunciada pendiente.

Es la alucinante carretera que conduce a Oceño, un pueblo situado a 540 metros de altitud cuya gran atracción radica precisamente en esos cuatro kilómetros de curvas que, bajo la atenta mirada de los Picos de Europa y ascendiendo sobre la garganta del río Cares, dan la bienvenida a la localidad. Un auténtico mirador de asfalto.

Tradición y autenticidad asturiana

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Vistas de la garganta del Cares desde la carretera de Oceño. | Shutterstock

El ascenso culmina en un pequeño pueblo de pastores, de apenas 60 habitantes, encajado entre montañas, que conserva con orgullo su carácter eminentemente rural y su arquitectura tradicional asturiana, con casas de piedra y madera.

Si se continúa la subida, dejando atrás el pueblo, se llega a la iglesia dedicada al patrón de Oceño, san Juan Bautista, de estilo románico asturiano y situada en lo alto de una loma. Custodiada por dos tejos centenarios, su ubicación privilegiada regala al visitante más vistas panorámicas del pueblo, el valle del río Cares y las montañas circundantes.

Tierra de manjares

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Caserío de Oceño. | Asturianu, Wikimedia

Si el visitante no ha subido hasta Oceño por las vistas, sin duda lo ha hecho para disfrutar en toda su plenitud de la fantástica gastronomía asturiana. Se trata de uno de los pueblos donde se produce el famoso queso de Cabrales, que se puede acompañar de una deliciosa trucha pescada en el río Cares o del tradicional cabrito o lechazo. Para los más aficionados, el penúltimo sábado de agosto los vecinos de Trescares y Oceño celebran juntos la Fiesta del Cabritu.

Puerta de acceso a los Picos de Europa

Vista de las montañas de la comarca de Peñamellera Alta. | Shutterstock
Vista de las montañas de la comarca de Peñamellera Alta. | Shutterstock

La tríada de razones para visitar este rincón de Asturias culmina con el principal enclave natural de la comunidad y uno de los más importantes del país. Oceño no solo es punto de partida de multitud de rutas montañeras, algunas de las más populares de Peñamellera Alta, como el Collado Carraspión o la Sierra de Cocón.

También es un excelente punto de acceso a los Picos de Europa, una de las cadenas montañosas más bellas del mundo, adorada por los senderistas y repleta de lugares emblemáticos como los impresionantes Lagos de Covadonga.

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