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Atravesado por la calzada romana más larga del mundo: el arco declarado Patrimonio de la Humanidad que poca gente conoce

Un viaje inolvidable a través de la historia con la imponente presencia de una joya romana en la antigua Vía Augusta, símbolo de la romanización y legado Patrimonio de la Humanidad.
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Un viaje inolvidable a través de la historia con la imponente presencia de una joya romana en la antigua Vía Augusta, símbolo de la romanización y legado Patrimonio de la Humanidad.

La Vía Augusta es una de las calzadas romanas más emblemáticas. A lo largo de su trazado, al paso por la provincia de Tarragona, se alza una construcción que da testimonio del esplendor del que disfrutó la antigua Tarraco.

Este monumento, declarado Patrimonio de la Humanidad, se construyó en la época del Imperio romano y, muchos siglos después, aún permanece erguido en buenas condiciones junto a la actual carretera N-340. Un precioso contraste que conecta historia y modernidad.

El arco que custodia la calzada romana más larga

Los 1500 kilómetros que unían los Pirineos catalanes con Cádiz aún conservan algunos tramos en buen estado y elementos arquitectónicos que dan muestra de su grandeza. Es el caso del Arco de Roda de Barà, que data del siglo I a. C. y fue erigido en honor del emperador Augusto, a unos 20 kilómetros de la ciudad de Tarragona.

Su promotor fue un ciudadano romano llamado Lucio Licinio Sura, quien dejó anotado en su testamento su deseo de honrar la figura de Augusto, tal y como aparece en una inscripción del monumento. El motivo posiblemente fuera el hecho de establecer su residencia en Tarraco y convertir la urbe en capital del Imperio de facto.

Arquitectura y simbolismo en piedra

Ubicación del Arco de Roda de Barà, junto a la carretera. | Sergi Esteve, Wikimedia
Ubicación del Arco de Roda de Barà, junto a la carretera. | Sergi Esteve, Wikimedia

La elegancia del Arco de Roda de Barà reside en la precisión y la estética de su construcción. Levantado con sillares de piedra de una cantera cercana, presenta un cuerpo rectangular con zócalo y una única abertura de medio punto, lo que lo diferencia de las tres oquedades del Arco de Medinaceli.

Entre los siglos XVII y XX fue objeto de restauraciones para mantener un buen estado de conservación. Una de ellas tuvo lugar a causa de un atentado en 1936, durante la Segunda República.

El imponente arco no solo mostraba el poder imperial a través de un símbolo identitario, sino que también actuaba como marcador del límite de la provincia, teniendo que pasar por debajo todo aquel que saliera o entrara del territorio.

Un legado Patrimonio de la Humanidad poco explorado

Vista frontal del Arco de Roda de Barà. | Shutterstock
Vista frontal del Arco de Roda de Barà. | Shutterstock

El Arco de Roda de Barà forma parte del conjunto arqueológico de Tarraco, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000, y del que también forma parte un espectacular anfiteatro, entre otros interesantes hitos.

Más allá de su indudable valor arquitectónico, este reconocimiento implica que el arco sea un sím­bolo universal de la romanización en España. Pese a ello, el monumento permanece fuera del foco turístico masivo, aunque se utiliza como imagen en eventos culturales y publicaciones.

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