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Rodeado de bosques con un puente medieval: el pueblo navarro que despide enero con una tradición sorprendente

Es una sonora y colorida celebración que da vida a uno de los carnavales más pintorescos de España.
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Imagen: Shutterstock
Es una sonora y colorida celebración que da vida a uno de los carnavales más pintorescos de España.

Un enérgico coro metálico rompe la calma del valle de Malerreka, en el corazón de Navarra. En el ambiente retumba el eco de cencerros que suenan al unísono. Es un latido casi hipnótico, marcado por unos curiosos personajes que incitan a la tierra a despertar de su letargo invernal.

El ensordecedor carnaval de Zubieta

Cuando enero toca su fin, Zubieta se transforma. Los joaldunak se adueñan de las calles de este pueblo navarro para sumergirlo en un antiguo ritual. Desfilan con sus cencerros, perfectamente alineados. La sincronización es impecable, dando vida con su movimiento a una atronadora sinfonía y a una peculiar danza colectiva

Los protagonistas de este pintoresco carnaval visten pieles de oveja, delicadas enaguas, pañuelos de colores y un curioso gorro. En los riñones, dos cencerros; en las manos, crines de caballo. Y cada detalle esconde un significado ligado a la conexión con la tierra, a la purificación o a la protección frente a malos espíritus.

Una celebración símbolo de hermanamiento

Joaldunak en el carnaval de Zubieta.
Joaldunak en el carnaval de Zubieta. | Shutterstock

Este carnaval, grabado en la memoria colectiva de Zubieta, tiene otro rasgo que lo hace más especial: se comparte con la localidad vecina de Ituren. El lunes posterior al último domingo de enero, los joaldunak de Zubieta recorren los tres kilómetros que separan ambos pueblos. Al día siguiente, el ritual se repite a la inversa, reforzando un vínculo ancestral.

Así se vive uno de los carnavales rurales más tempraneros y sonoros de España, tan singular como los de Verín en Ourense, Tigaday en la isla de El Hierro o Luzón en Guadalajara. Son la expresión de tradiciones profundamente arraigadas con un trasfondo místico.  

Un pueblo navarro de corazón líquido

Zubieta, Navarra.
Zubieta, Navarra. | Euskalduna, Wikimedia

Este es un rincón de arquitectura de piedra y madera, envuelto el resto del año en un ambiente calmado. Guarda pequeños tesoros, como la Parroquia de la Asunción o la Ermita de San Antonio Abad, sin embargo, es el agua la que define su identidad. Zubieta, en euskera, significa «lugar del puente», ese puente medieval sobre el río Ezkurra que da la bienvenida al pueblo.

A sus pies, el viejo lavadero permanece como testigo silencioso de la vida cotidiana de otros tiempos. Un poco más allá se descubre otro guardián de la memoria local, un viejo molino que sigue funcionando igual que antaño y que alberga una exposición etnográfica.

Un entorno de bosques y leyendas

Los bosques que abrazan Zubieta invitan a perderse por senderos que revelan la esencia de la montaña navarra. Por el valle de Malerreka discurre la Vía Verde del Bidasoa, mientras que el río Ezkurra dibuja una sugerente ruta del agua. Sea cual sea el camino elegido, cada paso ayuda a comprender esa vinculación de los habitantes del pueblo con su entorno.

Zubieta es un crisol donde se entremezclan naturaleza, tradiciones y un profundo sentimiento de pertenencia. Es un lugar que se viste de forma diferente en cada estación, y no solo por los colores, también por los sonidos y las experiencias que regala a quien lo visita.

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