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Bañado por el Atlántico: el municipio gallego que esconde un monasterio único (y es ideal para practicar turismo activo)

Historia, espiritualidad y un entorno natural fascinante marcan el carácter de un pueblo que guarda la esencia más auténtica de Galicia.
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Historia, espiritualidad y un entorno natural fascinante marcan el carácter de un pueblo que guarda la esencia más auténtica de Galicia.

En un extremo de la provincia de Pontevedra, la Sierra de A Groba frena la furia del Atlántico. Allí, entre granito y salitre, se esconde un pueblo de ambiente apacible y sorprendente belleza. Los paisajes que lo envuelven son tan magníficos como profunda es la espiritualidad que se respira a cada paso.

Historia de Galicia grabada en piedra

Paisaje de Oia, en Galicia. | Dreamstime
Paisaje de Oia, en Galicia. | Dreamstime

Oia es un pequeño libro de historia. Sus primeras páginas las escribieron antiguos pobladores que dejaron su huella en forma de petroglifos y de castros. No muy lejos, vestigios de salinas y antiguas fábricas de salazón relatan el paso de los romanos por estas tierras.

Pero su legado más singular es un monasterio medieval que, contra viento y marea, se mantiene erguido desde hace siglos. A su sombra creció el barrio del Arrabal, el corazón de Oia. Es un pequeño laberinto de casas que conserva la esencia marinera de antaño y custodia pequeños tesoros en forma de cruceiros.

Un monasterio frente al Atlántico

Vista aérea del Monasterio de Santa María de Oia. | Dreamstime
Vista aérea del Monasterio de Santa María de Oia. | Dreamstime

Fundado en el siglo XII, el Monasterio de Santa María de Oia se asoma a la inmensidad del océano, ajeno al rugido de las olas. Ha sido lugar de oración y recogimiento, hospital de peregrinos, vigía de la costa y hasta protector frente a las incursiones de piratas.

Pero no es singular por su historia, sino por su privilegiado emplazamiento. Santa María de Oia es el único monasterio cisterciense de Europa construido a orillas del mar. Solo una pequeña playa, que desaparece con la marea alta, lo separa de las aguas del océano.

Oia, paraíso para los amantes de la naturaleza

Pozas de agua cristalina en Oia. | Dreamstime
Pozas de agua cristalina en Oia. | Dreamstime

Oia esconde una Ruta Máxica: 20 kilómetros de sendero que revelan algunos de sus mayores tesoros. Miradores que ofrecen magníficas vistas de la costa, pozas de aguas cristalinas, densos bosques y grabados prehistóricos hacen que cada paso signifique un pequeño descubrimiento.

Con calma, para saborear cada detalle, hay que recorrer también las dos etapas del Camino Portugués, que atraviesa Oia. Es un viaje en el que el peregrino a veces se topa con inesperados compañeros: caballos salvajes que habitan en la sierra de A Groba y que protagonizan una de las fiestas más antiguas y singulares de Galicia: la Rapa das Bestas.

Aventuras entre acantilados y marejadas

Vista panorámica de Oia y el océano Atlántico. | Dreamstime
Vista panorámica de Oia y el océano Atlántico. | Dreamstime

Los acantilados perfilan la orografía de Oia. No hay, por ello, grandes playas, pero sí un potente oleaje que hace las delicias de los surfistas más experimentados. La gran protagonista es la ola que tiene como telón de fondo el monasterio y que es una de las más enérgicas de la costa gallega.

Es la imagen más salvaje de un Atlántico que se puede sobrevolar en parapente, lanzándose desde lo alto de esos acantilados y siguiendo la línea de una costa que se tiñe de reflejos dorados al atardecer. Así, por tierra, mar y aire, Oia muestra la belleza indómita y eterna de Galicia.

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