Rutas entre molinos, lavaderos y batanes: el patrimonio que sigue el curso del agua
En las cercanías de los ríos, la arquitectura popular y la ingeniería hidráulica se conjuran para viajar al pasado y revivir la tradición.
En las cercanías de los ríos, la arquitectura popular y la ingeniería hidráulica se conjuran para viajar al pasado y revivir la tradición.
Uno de los grandes atractivos de caminar por la naturaleza es encontrarse con vestigios de arquitectura popular e industrial que conservan, tallada en sus piedras, la historia de comarcas y pueblos. En las rutas que siguen el curso de los ríos, los ingenios hidráulicos son testimonio de cómo el hombre ha usado las fuerzas de la naturaleza para progresar y de las relaciones sociales que giraban en torno a esas mismas ruedas de molino.
Un pasado hidráulico en reconstrucción
En la geografía española, son innumerables los ejemplos de obras de ingeniería hidráulica que utilizaban el agua para abastecer a la población y cubrir necesidades básicas, como fuentes y lavaderos, o mecanizar faenas agrícolas y ganaderas, como norias, batanes o molinos harineros.
Las administraciones son cada vez más conscientes del valor etnológico de estos testigos del pasado y están realizando esfuerzos para restaurarlos y promover un turismo sostenible y saludable. Cada vez hay más rutas del agua destinadas a conectar esos ingenios hidráulicos y narrar, a través de ellos, la tradición de los pueblos.
El batán más grande de Galicia
El norte de España, por la abundancia de lluvias y lo accidentado de la orografía, es tierra de molinos y batanes que, mediante complejos sistemas de diques y canales de conducción del agua, se utilizaban para moler trigo y maíz y amalgamar o abatanar las mantas de lana, para que no se deshilacharan.
El conjunto hidráulico de Mosquetín, ubicado en la localidad de Vimianzo en la Costa da Morte, es un lugar mágico donde la espectacular belleza del entorno, a orillas del Río Grande, y la cantidad y el buen estado de conservación de molinos y batanes trasladan al visitante, directamente y casi sin pestañear, a la Galicia rural de los siglos XVIII y XIX.
Una aldea del agua convertida en museo
Una de las rutas del agua más populares del país es sin duda la de Taramundi, en Asturias, que conecta Mazonovo, con el museo de molinos más grande de España, y el Conjunto Etnográfico de Os Teixois, una aldea abandonada convertida en museo al aire libre y declarada Bien de Interés Cultural por su belleza y valor patrimonial.
Los ingenios y engranajes de Os Teixois resumen la economía tradicional de los pueblos asturianos: un batán para golpear y apretar las telas, un mazo para para estirar el hierro y una piedra de afilar herramientas, todos ellos movidos por un molino que utiliza la fuerza de una caída de agua como motor.
Una vía verde junto al río más rojo
La Vía Verde de los Molinos de Agua atraviesa la provincia de Huelva desde el río Tinto, una de las maravillas naturales de Andalucía, hasta la serranía onubense. A lo largo de la vía férrea de las Minas de Riotinto, esta ruta recorre los molinos harineros salpicados por la orilla del río, de los que aún se conservan numerosos restos, y culmina en los innumerables lavaderos que protagonizaron en su día la vida pública de los pueblos serranos.
La Ruta de los Lavaderos en la Sierra de Gredos, el Molino-Lavadero de Chacaica en Tenerife o las Rutas del Agua de Chelva y Requena en Valencia son otros ejemplos de esfuerzos para recuperar un patrimonio hidrológico y etnológico que, con un clima cada vez más seco y caluroso, atrae ya la atención de los visitantes en cualquier época del año.
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