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Carmen Laffón, el salitre en la mirada

La Un mundo de Ángeles Santos. Sale asustada y agitada ante la oscuridad de la que acaba de ser testigo y cae de bruces en un suelo de arena de tonos ocres. El sol brilla ahora con fuerza y acaricia su rostro. La muchacha alza entonces la cabeza y se levanta, sacudiendo su cuerpo de tierra. Respira agitada, pero poco a poco se va calmando. El paisaje que contemplan sus ojos invita al sosiego y ella lo recibe con los brazos abiertos.

Una de las pintoras figurativas más representativas

Ya más templada, la viajera mira a su alrededor. Se halla ante un paisaje que le cuesta reconocer. Al principio creía que se trataba de una playa. El olor a sal y la arena indicaban que así era. Pero no es exactamente eso. El agua presenta una quietud impropia del mar. Se encuentra, además, rodeada de brazos arenosos. ¿Es, quizás, un lago? No. Si de algo está segura es del olor a salitre. El olor a mar. ¿Un estuario tal vez? No, tampoco. Se trata más bien de algo en lo que el hombre, seguro, ha intervenido. ¿Y ese color blanquecino qué? No es espuma, es… ¿Es sal? Sí, es eso. La viajera contempla unas salinas.

Resuelto el misterio del paisaje, queda todo lo demás. ¿Qué salinas? ¿En qué parte del mundo? ¿Qué cuadro es este? La audioguía hace al fin acto de presencia. “Nos encontramos ante una obra de la pintora figurativa Carmen Laffón”. La Viajera del Arte recuerda entonces que leyó ese nombre hace no demasiado en las páginas de algún que otro diario de actualidad. Hablaban de su fallecimiento, acaecido en noviembre de 2021. “Ha pasado muy poco tiempo desde entonces”, se dice.

Pero ahora, lo que la joven quiere saber es lo que la artista hizo en vida. Intrigada, escucha a su compañera. “Carmen Laffón nació en Sevilla el 8 de octubre de 1934. Ganadora del Premio Nacional de Artes Plásticas en 1982, entre otros muchos reconocimientos, es una de las artistas más representativas de la figuración española de la segunda mitad del siglo XX”.

La audioguía también le da algunos datos biográficos. Laffón se crio bajo el seno de una familia acomodada, empezó a recibir clases de pintura a los 12 años y estudió en casa. Amplió sus conocimientos artísticos en Madrid, París y Roma antes de regresar a Andalucía. Una vez en su tierra, los ojos de Laffón se posaron ya para siempre en el entorno de su casa familiar de verano: Sanlúcar de Barrameda, el Coto de Doñana y todo lo que hay en sus alrededores.

La emoción de un paisaje

“Vale, así que debo de estar por esa zona”, se dice la viajera. Una suave brisa agita sus cabellos y, alegre, constata que hoy no tendrá que enfrentarse al bravo viento del levante. El mundo de las tinieblas en el que había quedado perdida apenas hace unos minutos ya es solo un recuerdo. Intrigada, se pregunta qué parte de Sanlúcar será esta. Por suerte, no tiene que esperar demasiado para saberlo.

Sanlúcar de Barrameda
Sanlúcar de Barrameda. | Shutterstock

La audioguía le cuenta que este cuadro se hizo hace muy poco, en 2020, en las salinas de Bonanza. “Quizás por eso está este sitio tan vacío. Quizás el covid-19 es la causa de este silencio”. Un silencio que llena el espacio y lo hace tangible. Porque los cuadros de Laffón son así: íntimos, expresando desde la sutileza las emociones de un paisaje. Su compañera continúa su retahíla y le cuenta que esta obra, realizada con témpera, óleo y carbón sobre madera, pertenece a una serie de decenas de pinturas realizadas entre 2020 y 2021.

La serie recibió el nombre de La sal, al menos en la exposición que se hizo en la galería madrileña Leandro Navarro. En ella, las montañas blancas de la sal de Bonanza se convertían en las protagonistas de las pinceladas de Laffón.

Cuadro salinas de Bonanza
Cuadro de Laffón de las salinas de Bonanza. | Wikimedia

Muchas caras de un mismo lugar

La Viajera del Arte, con ojos ávidos de más información, gira sobre sí misma para mirar a sus espaldas y descubre a una mujer ya anciana observando con detenimiento la escena. Sus ojos oscilan entre el paisaje y el lienzo que tiene justo delante. Como pensando cada una de las pinceladas. La joven, curiosa, comienza a andar hacia la artista que, sin duda, es Carmen Laffón. Pero, de repente, se frena en seco. Acaba de recordar una de las cosas que leyó de ella: Laffón es tímida y reservada y no le gusta hablar de su obra. “Para eso, ya están mis cuadros”, solía decir.

La viajera decide entonces volver su vista de nuevo al horizonte, no sin antes descalzarse para sentir la arena bajo sus pies. Relajada, deja sus zapatillas en el suelo y se sienta junto a ellas. La audioguía habla ahora sobre la obra de Laffón. La viajera se concentra en la voz y cierra los ojos para intentar imaginarse lo que ella le cuenta. “La maestría de Carmen Laffón reside, sobre todo, en la luz y los colores. Puede parecer que hay pocos tonos, pero son muchos los matices con los que trabaja”.

Exposición Carmen Laffón
Exposición sobre las salinas de Bonanza de Carmen Laffón. | EG

Como ya se ha dicho, esta artista limitaba sus representaciones pictóricas a ámbitos muy reducidos de su vida. De hecho, la mayoría de sus obras se desarrollaron, como esta, en series. Historia de Marcelina, El río y sus orillas o Los armarios son algunas más. Lugares cercanos y objetos de uso cotidiano. Sin embargo, Laffón no se limitaba a la imitación. Cada una de sus obras, aunque sean del mismo paisaje, poseen una luz y unos colores únicos. Las emociones que transmite son también distintas. Bajo un atardecer rojo o uno rosado, tras un día de lluvia o en uno soleado… el mismo lugar presenta caras opuestas.

“Son cuadros que aparentemente son muy sencillos porque son simplemente cielo, tierra y agua, pero tiene mucha pintura. Yo siempre digo que estos cuadros tienen una doble fidelidad. La fidelidad al motivo, es decir, al paisaje. Y la fidelidad a la pintura. Por eso son paisajes casi casi abstractos”. Este es el testimonio que el crítico de arte Juan Bosco Díaz-Urmeneta daba en el documental La mitad invisible de los paisajes de Carmen Laffón sobre la serie El Paisaje y el lugar. En ella, la interpretación de la autora era tan íntima que el estilo llegaba a acercarse al arte abstracto, sobre todo en la mitad superior de los cuadros.

Pintura de Carmen Laffón
Pintura de Carmen Laffón de Sanlúcar de Barrameda vista desde su estudio. | Wikimedia

Seguir el Guadalquivir como Laffón hizo en vida

Atraída como por una nueva fuerza, la Viajera del Arte se levanta del suelo y comienza a caminar hacia la línea del horizonte, donde parece que asoma el color verde. Sigue al río Guadalquivir, que desemboca en este pueblo, como Laffón lo hiciera en vida. Plena de una paz que hacía tiempo que no sentía, la viajera se despide de Carmen entre dientes y avanza hacia la lejanía. El verde que creyera remoto de repente se vuelve más frondoso, una frondosidad que no existe en el sur de España. Las formas de la vegetación también están cambiando. Se vuelven difusas e irreales. Sin la sacudida habitual, la viajera ha vuelto a cambiar de escena.