La Semana Trágica I: Los obreros toman las calles de Barcelona
Martes 27 de julio de 1909, Barcelona, L’indomable de Barcelona.
La revuelta obrera ha estallado. Las calles de Barcelona y de otras localidades de Cataluña han sido tomadas por hombres y mujeres. Todas las fábricas y establecimientos han cerrado. Pero lo que empezó como una huelga general de éxito ha terminado por convertirse en un incendio sin control que ha desembocado en la declaración del Estado de Guerra por parte del Ministro de Gobernación, Juan de la Cierva, y la dimisión del gobernador civil, Ángel Ossorio y Gallardo. Hay centenares de heridos y sabemos de la muerte de al menos dos personas.
Las calles de Barcelona, sumidas en el caos más absoluto
El domingo 25 de julio el partido de Solidaridad Obrera convocó una reunión clandestina a la que estuvieron invitados diversos líderes socialistas, anarquistas y anarconsindicales de los que esta reportera no dará, por ahora, nombres. Ya a las 4 de la madrugada de ayer, varios grupos de hombres y mujeres recorrieron los suburbios de la Ciudad Condal llamando a la huelga y armando piquetes que impedían a los obreros acudir a sus puestos de trabajo.
A aquellas horas la policía ya hizo sus primeras detenciones, como la de la obrera María Llopis, que se ha encargado de dirigir el cierre de las tiendas, especialmente en la zona del Paral·lel. Sin embargo, el cuerpo del Estado no consiguió contener una protesta que a las 9.00 de la mañana ya se había extendido por los barrios de Poblenou, Sant Martí, Gràcia, Sant Andreu, Les Corts y Sants. Los propietarios de las fábricas, ante el miedo a una insurrección violenta, han cerrado sus empresas por el momento.

Las primeras escaramuzas de gravedad vinieron cuando la masa obrera se desplazó al centro, donde los empleados de los tranvías, espoleados por el marqués de Foronda, se enfrentaron a los huelguistas. Estos enfrentamientos han desembocado en la muerte de dos personas, varios heridos y, finalmente, el paro de la circulación de los tranvías sobre las 15.00 de la tarde, después de que el Capitán General de Cataluña, Luis de Santiago, se lo ordenara al marqués.
Es este militar el que ha asumido el mando de la situación después de que el ministro de gobernación, Juan de la Cierva, declarara el Estado de Guerra en contra de los deseos del gobernador civil Ángel Ossorio y Gallardo. Tras esta decisión, Ossorio anunció su dimisión y abandonó su cargo.
Pero antes de hacerlo, el gobernador civil ya había ordenado el secuestro de los periódicos. Solo este diario ha conseguido sortear la censura del Estado para poder contar qué es lo que está ocurriendo en unos acontecimientos todavía inciertos. Así, los periódicos catalanes, a excepción de este periódico, han cesado su producción, mientras que en el resto de la península se ve sometida a la guillotina de la censura del gobierno de Maura. Barcelona está incomunicada.

Una manifestación protegida por los soldados
Tras la declaración de la ley marcial, las tropas de Santiago han proclamado su instauración por todas las calles de la ciudad. Sin embargo, se han limitado a proteger algunos edificios públicos. A las 15.00 de la tarde las protestas se intensificaron desembocando en un ataque a la comisaría de Clot, en el que ha habido al menos tres muertos y varios agentes heridos. Y a las 16.00, una manifestación encabezada por mujeres y niños recorrió la ciudad desde Las Ramblas hasta la Capitanía General.
Sin embargo, los soldados se han negado a disparar contra los manifestantes, a la vez que estos tampoco agredieron a ningún soldado. “Solo son trabajadores que piden que se les trate igual que a los ricos y, además, al contrario que algunas figuras de autoridad, ellos nos han recibido muy bien tras nuestro regreso de Cuba”, ha declarado a este medio uno de los miembros del ejército que vigilaba las calles. No obstante, la policía sí ha disparado contra los huelguistas, que han respondido a los ataques. No se sabe aún el balance de víctimas de esta manifestación, que ha dejado algunos muertos y gran cantidad de heridos.

Arden Los Maristas de Poble Nou
Ha sido al caer la noche, entre las 11 y las 12, cuando un grupo de hombres y mujeres se han acercado a las calles de Poblenou, donde, sin vacilación, han roto todas las bombillas y faroles públicos que había junto a la escuela de Los Maristas. Poco después, el edificio eclesiástico ardía hasta los cimientos. Con este hecho, cabe preguntarse: ¿Cuál es el cariz que está tomando la protesta? ¿Cuál es ahora su objetivo?
¿Cómo hemos llegado a esto?
Ante lo vivido hoy aquí, en la capital catalana, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Cómo hemos llegado a esto? María Aguirre, nombre ficticio, es una de las muchas mujeres que se ha convertido en cabeza de familia al irse su marido al frente del Rif. “Y, para colmo, dejan que las burguesas sean las que despidan a nuestros maridos mientras nosotras les vemos desde la distancia”, señala. “Yo estoy aquí porque me parece intolerable que nosotros tengamos que ir, pero los señoritos no. O todos o ninguno“, reivindica Santiago Mataró (también nombre ficticio), uno de los huelguistas que engrosaban los piquetes matutinos. “No se puede permitir otro desastre como el del 98”, añade.
En las declaraciones de ambos entrevistados está el detonante de la situación en la que hoy nos encontramos: la Guerra del Rif. Toda España aún recuerda como hace 10 años los soldados que habían luchado en Cuba volvían, si es que lo hacían, heridos y abatidos por una causa ya perdida. Ahora, resulta que el Gobierno de Maura quiere que sean los obreros españoles y sus allegados los que mueran por los intereses económicos que algunas pocas familias guardan en las minas del Rif, como es el caso del Marqués de Comillas, el industrial Eusebio Güell o el Conde de Romanones.
El Estado no se ha molestado en ocultar que la clase adinerada es la única que le importa con la imposición de cuotas de exención de 6.000 reales que los trabajadores solo podrían pagar con el sueldo de varios años. Tal como señalaba Aguirre, el colmo fue cuando el 18 de julio las familias de los reservistas no pudieron despedirse de ellos. Sin embargo, a las mujeres burguesas, que no tenían allí ningún familiar, sí se les permitió acercarse a ellos.

Estos hechos desembocaron, como todos recuerdan, en la movilización de los reservistas del batallón de Reus, que bajaron al puerto barcelonés al grito de: “¡Abajo la guerra, que vayan los ricos! ¡Abajo Comillas, que vayan los frailes!”.
El caldo de cultivo para una revolución
Pero no es la guerra en Marruecos el único motivo que los obreros alegan para hacer una huelga de tales magnitudes. Mataró lo deja bien claro: “Los trabajadores estamos cansados de soportar jornadas de 12 horas por sueldos de miseria. Hay mucha gente que con el desastre del 98 se quedó en la calle. Esta solo es la gota que ha colmado el vaso”.
Catalunya muestra, por otra parte, notables diferencias políticas con respecto al resto del país. Aquí los partidos dinásticos apenas cuentan con representación, repartiéndose esta entre el partido político Solidaridad Catalana y el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux, donde se concentran además simpatizantes anarquistas. Con más de 13.000 fábricas en funcionamiento y el 23% de las industrias en la península, la región es además un importantísimo núcleo residencial de personas de clase obrera, las cuales han visto aumentar en los últimos meses sus ya de por sí duras condiciones de vida.
¿Y ahora qué?
Lo que empezó como una protesta por la paz se ha convertido en un grito de la clase obrera contra el poder imperante. L’indomable de Barcelona ha tenido la oportunidad de hablar con altos cargos de Solidaridad Obrera, que afirma que en sus planes no estaba una revuelta de tales magnitudes. “Nosotros solo queríamos que se pusiera fin a una guerra que no traerá nada bueno a los obreros catalanes”, afirmaban. No son los únicos líderes que rehúsan de la responsabilidad de una huelga que se les ha ido de las manos y que parece que ahora adquiere tintes anticlericales. ¿Será este el inicio de una revolución?