El sorprendente doble castillo de Berlanga de Duero
Toda Soria está llena de resonancias épicas, pero el castillo de Berlanga de Duero, con su doble recinto pétreo, es una de las maravillas de la provincia.
Toda Soria está llena de resonancias épicas, pero el castillo de Berlanga de Duero, con su doble recinto pétreo, es una de las maravillas de la provincia.
Alguna vez en la vida hay que dedicarse a recorrer con calma la provincia de Soria, sin duda uno de los territorios más especiales de la geografía española. Allí, en la comarca del mismo nombre, en la hoz del río Escalote muy cerca del Duero, se levanta Berlanga de Duero, una de las joyas que abundan en esta tierra. En cuanto nos acercamos a la villa, entendemos que ha valido la pena: en lo alto de un cerro, dándonos una majestuosa bienvenida, se alza un castillo tan singular como impresionante.
Los avatares del magnífico castillo de Berlanga de Duero
Como gran parte de la provincia de Soria, Berlanga de Duero se halló durante siglos en una delicada zona de contacto entre culturas, raramente amistoso, y luego en otra frontera no menos conflictiva, la que se disputaban el reino aragonés y el castellano. No sorprende, por tanto, que ya en el siglo X o XI hubiera en este lugar una fortaleza árabe.
Los orígenes de un castillo único
De aquella vieja fortificación musulmana apenas quedan vestigios. En cuanto Fernando I de Castilla tomó la ciudad, en 1059, acometió una primera reforma. También él, como sus sucesores, le vio utilidad a esta plaza fuerte, situada en la que sería durante mucho tiempo una villa de realengo.
En 1370, Berlanga pasa a manos de los Tovar, el linaje que más impronta dejaría en la villa con el correr del tiempo, pero no todavía. Aunque el primer señor, que era también Almirante de Castilla, emprendió algunas modificaciones menores, el espléndido castillo que vemos hoy tendría que esperar a sus sucesores.
El esplendor
A pesar de esas raíces que se hunden en la Edad Media, el castillo de Berlanga de Duero es reconocido sobre todo como una fantástica fortaleza renacentista. Esto es así porque su aspecto definitivo tomó forma bien entrado el siglo XV, cuando Luis de Tovar y su esposa arreglaron la zona palaciega y la torre del homenaje. Entre otros cambios, colocaron los ocho escudos de armas de sus antepasados.
La hija y única heredera de este señor, María, convirtió el castillo y toda la villa en lo que ha sido después. A ella se debe la nueva fortaleza que rodeó el castillo medieval, un recinto pensado ya —estamos en el siglo XVI— para resistir el uso de artillería. Los cubos circulares, con muros de 5 metros de espesor, son lo más imponente. Sin embargo, el interior albergaba patios palaciegos con delicadas columnas góticas.
Decadencia y resurgimiento
La evolución histórica y militar hizo que el castillo de Berlanga de Duero fuera perdiendo importancia estratégica, ya en el mismo siglo XVI. Utilizado como prisión, arsenal y archivo, poco después ya sufría numerosos saqueos por los propios lugareños. Este olvido, sumado a un incendio en 1660 y el desmantelamiento progresivo, hizo que a finales del siglo XVIII solo quedaran del castillo los muros.
Hay que esperar a principios del siglo XXI para ver el renacer del admirable castillo de Berlanga de Duero. La compra de todo el conjunto por parte de las autoridades municipales hizo posible una renovación a fondo, gracias a la cual hoy podemos volver a percibir la importancia que tuvo este monumento formidable.
La Torre del Palacio y todo lo que atesora Berlanga
Si nos animamos a recorrer Berlanga de Duero —y ya queda dicho que es una experiencia insustituible—, el primer paso es la oficina de turismo, que se ubica en otro de los lugares más significativos del municipio, el Palacio de los Marqueses de Berlanga. La Torre del Palacio es una primera visita obligada, media hora en la cual se conoce la historia de esta villa y todo el entorno.
Los otros atractivos de Berlanga de Duero
Muy cerca del palacio queda una curiosa necrópolis con sepulturas excavadas en la roca, como también lo está un ingenioso acueducto que conducía agua del río hasta lo alto del cerro. Berlanga había tenido también, además, hasta diez iglesias románicas, pero se destruyeron para dejar paso a la magnífica Colegiata.
La Colegiata, monumental edificio de tres naves, destaca en el centro del pueblo por su tamaño, y guarda detalles tan curiosos como el lagarto de Fray Tomás, un impactante caimán negro traído de las Islas Galápagos que fue disecado y colgado en la pared.
Como se ve, son muchas las sorpresas que depara esta localidad soriana, un patrimonio monumental que se completa con el rollo gótico, el hospital o las ermitas. Todo un menú de primer nivel que invita a pasar horas en este pueblo cargado de historia. La aventura puede continuar por alguna de las rutas que recorren las Tierras de Berlanga, entre las que destacan el Sendero Ibérico Soriano (o GR-86) y el legendario Camino del Cid.
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