Enclavada en las rocas y rodeada de "lluvia": así es la pequeña ermita que pocos conocen
Hay lugares en los que el arte se confunde con la naturaleza, lugares en los que las obras de las distintas civilizaciones que han pasado por ellos no resultan extrañas y parecen haber sido creadas por el propio planeta, junto a los árboles, las montañas y los ríos que las rodean. España cuenta con muchos ejemplos de esta convivencia, pero, en esta ocasión, nos referimos a uno que se esconde en la comarca del Maestrazgo.
La ermita de Teruel enclavada en las rocas y rodeada lluvia
Pueblos preciosos, paisajes asombrosos y miles de historias de templarios son solo algunas de las maravillas del Maestrazgo (o Maestrat, en valenciano). Al igual que estas lo convierten en un entorno impresionante, sus infinitos secretos le otorgan un aura misteriosa e imponente.
Las montañas escarpadas del Maestrazgo se alzan entre las provincias de Teruel y Castellón como olas en el mar. Como un surfista que domina el agua a la perfección, un edificio se asoma desde lo alto de uno de los vertiginosos barrancos que caracterizan la zona. Se trata de una pequeña ermita cuya localización, que no deja de ser llamativa, es su rasgo menos interesante. Al menos, en cuanto a altura se refiere.
Este templo fue construido en el siglo XVIII y posee una planta sencilla, formada por una sola nave. Anidado en la roca, se dice que fue levantado por habitantes del pueblo al que pertenece, Castellote, en honor a la Virgen que les trajo lluvias en una época de grave sequía. Tanta lluvia les trajo que, desde entonces, siempre llueve en esta ermita.
En realidad, esta lluvia que da nombre a la ermita del Llovedor se debe a las filtraciones de las rocas. El agua desciende por los muros de piedra y va a parar a un espacio conocido como «llovedor».
El fascinante entorno de la ermita del Llovedor
El Maestrazgo atrae a senderistas y amantes de otros deportes como el ciclismo y la escalada, porque lo cierto es que tiene algo para todo el mundo. No obstante, aunque sus encantos naturales son muchos, la visita a esta comarca no está completa sin adentrarse en sus localidades para conocer la verdadera esencia del Maestrat.
Castellote, el pueblo responsable de la ermita del Llovedor y que organiza una romería hasta ella cada 1 de mayo, es uno de esos pueblos que hay que visitar para comprender la historia de una comarca tan auténtica como el Maestrazgo. Por supuesto, este es el punto de partida perfecto para visitar la ermita, pero su encanto va más allá. Con tan solo 663 habitantes en 2024, la población turolense posee una larga historia que pervive en rincones como las ruinas de su castillo templario, la ermita de la Virgen del Agua o la iglesia de San Miguel.