260 hectáreas y Reserva de la Biosfera: el increíble paisaje entre España y Portugal reconocido por la Unesco
A veces da la impresión de que la propia naturaleza trazó nuestras fronteras. Es especialmente evidente en los majestuosos Pirineos, pero también en la línea que separa España de Portugal: la frontera más extensa y antigua de la Unión Europea alberga rincones de belleza salvaje que enamoran al viajero.
Una Reserva de la Biosfera compartida con Portugal
A unos 70 kilómetros al sur de Ourense, la naturaleza cobra vida en imponentes cumbres que superan los 1500 metros. Allí, la Reserva de la Biosfera Gerês‑Xurés despliega un tapiz montañoso de gran riqueza, un auténtico tesoro por explorar que cautiva con su aire puro y sus rincones escondidos.
El paisaje palpitante de Gerês‑Xurés
Aunque son dos las sierras que dan nombre a este vergel accidentado, lo cierto es que muchas más conforman este espacio natural reconocido por la Unesco. Del total del territorio protegido, una cuarta parte se encuentra en suelo español: un paisaje sorprendente de formaciones graníticas y ríos impetuosos que se abren paso con fuerza entre valles escarpados.
La combinación de influencias atlánticas, mediterráneas y alpinas ha dado lugar en Gerês-Xurés a una biodiversidad extraordinaria, con más de cien especies vegetales endémicas y una fauna rica en criaturas como el mochuelo o la gineta, que parecen salidas de un cuento. A medida que se asciende, el espesor del bosque cede terreno a la desnudez mineral de la roca, componiendo un mosaico natural tan diverso como asombroso.
La impronta humana, perfectamente integrada
Los vestigios de los pueblos que habitaron estas montañas emergen en cada rincón: dólmenes que salpican el paisaje y nos hablan de civilizaciones milenarias; molinos y alvarizas que muestran la sabiduría campesina; chivanas y canastros (o espigueiros al otro lado del Miño) que sirvieron de refugio a pastores; fuentes, cruceros, muros de piedra jalonan caminos repletos de historia.
Cuando el embalse de As Conchas desciende, reaparece el campamento de Aquis Querquernis, un bastión romano salvado por el tiempo cuyas ruinas pueden visitarse, mientras en su centro de interpretación se recrea la conquista de esta frontera del imperio. Muy cerca, la iglesia visigoda de Santa Comba de Bande y, en Entrimo, la fachada barroca de Santa María la Real se alzan como testigos arquitectónicos de épocas diversas.
Al atravesar La Raya hacia Portugal, el santuario de A Peneda, foco de fervor y peregrinación en el municipio de Melgaço, cobra protagonismo con su impresionante cascada durante las lluvias. Las rutas de acceso discurren por la ribera del Miño o cruzando directamente desde Entrimo, y hacen escala en el antiguo castro de Laboreiro, donde historia y naturaleza se dan la mano para completar un itinerario inigualable.

