Qué ver cerca de Ribadeo: escapadas imprescindibles
Ribadeo es una de esas localidades que cautivan a cada paso. Su esencia marinera se entremezcla con los aires señoriales de antiguas casas de indianos y tesoros como el fuerte de San Damián o el fotogénico faro de Isla Pancha. Eso no es todo. Su excepcional situación en uno de los extremos de la Mariña Lucense hace que cerca de Ribadeo, a menos de una hora en coche, se alcancen rincones maravillosos por su belleza, su historia o su sabor.
Lugares que hay que visitar cerca de Ribadeo
Un escenario de fantasía: la playa de Las Catedrales
El título de monumento nacional apenas hace justicia a un lugar donde la fuerza del mar, el tiempo y la erosión del viento han moldeado los acantilados de una forma tan caprichosa como sorprendente. Cuevas, bóvedas y arcos de 30 metros de altura se suceden a lo largo de la playa de Las Catedrales hasta donde la vista ya no puede alcanzar.
El sonido del viento que empuja las olas contra la playa y las mareas que la inundan cada día completan una de las postales más espectaculares y sobrecogedoras de la costa cantábrica. También es uno de los rincones más concurridos y, aunque eso no le resta encanto, sí obliga a reservar la visita con antelación en temporada alta.
La belleza salvaje de la Serra do Xistral
Entre nubes y niebla, la Serra do Xistral se asoma a las cuencas del Cantábrico. Es un territorio de belleza misteriosa donde no es difícil imaginarse a esos seres fantásticos que forman parte de la mitología gallega. Tal vez no se dejen ver, pero en su lugar esperan imágenes casi hipnóticas, como las que ofrecen corrientes de agua que fluyen con fuerza y se precipitan en cascadas. Es el caso de Escouridal, una de las más altas de Galicia.
No es la única caída de agua que se puede visitar cerca de Ribadeo, de hecho, hay mucho donde elegir. Maravillas naturales como el salto do Coro y la fervenza da Pozo da Onza están a menos de una hora. Con el atractivo añadido de que todas ellas se esconden en paisajes idílicos donde la frondosa vegetación es la otra gran protagonista.
Mondoñedo, villa histórica
La serena belleza de Mondoñedo recuerda su abolengo. Fue una de las siete capitales del histórico Reino de Galicia y de esa época esplendorosa queda un notable patrimonio. Su gran tesoro es su ‘catedral arrodillada’, apelativo que nada tiene que ver con sumisión, sino con su escasa altura. Tras rendirse a su singular arquitectura, aún queda perderse por calles empedradas para descubrir rincones como el barrio artesano de Os Muíños o el viejo cementerio.
Mondoñedo esconde otro tesoro, aunque subterráneo. Es la Cova do Rei Cintolo, un laberinto bajo tierra de siete kilómetros de galerías que dan forma a la cueva más grande de Galicia. La cueva, además de hermosa, encierra su propia leyenda de hechizos y amores malogrados. Se puede visitar, pero con reserva previa.
Viveiro y su ría
La ría de Viveiro es una las más cautivadoras de la costa gallega. Sus paisajes, sus playas paradisiacas y unos fondos marinos con decenas de barcos hundidos que hacen las delicias de los aficionados al submarinismo son solo parte de sus encantos. En tierra firme es obligatorio hacer parada en la localidad de la que toma el nombre porque Viveiro, antaño próspera gracias a la pesca y el comercio, conserva un encantador casco antiguo.
Aún queda seguir la línea costera para alcanzar la singular punta de Fuciño do Porco, un mirador privilegiado que ofrece unas vistas casi dramáticas de esta franja litoral. Y hacia el interior, lo que se esconde es un lugar mágico, el Souto da Retorta, un bosque de gigantes poblado por soberbios ejemplares de eucaliptos que en algunos casos superan los 60 metros de altura.
San Martiño de Mondoñedo: la catedral más antigua de España
Su aspecto nada tiene que ver con el de esas catedrales espectaculares que se elevan en tantas ciudades españolas. A pesar de ello, la modesta basílica de San Martiño de Mondoñedo es especial. Sus robustos muros han sido testigos de mil años de historia y son, de hecho, los de la catedral más antigua del país.
En esa historia hay, además, un hecho excepcional porque durante un tiempo, hace ya mucho, San Martiño fue sede episcopal doble. Albergó el obispado de Dume, ciudad situada cerca la ciudad portuguesa de Braga, y el de Britonia, ya en territorio gallego. Hubo un motivo: la amenaza de los vikingos en el primer caso y la de los árabes en el segundo, que obligaron a desplazar ambas diócesis a lugar más seguro, en este caso, San Martiño.
Un rincón para románticos
Cerca de Ribadeo, en Cervo, hay un rincón perfecto para declararse amor eterno, o para encontrarlo si es que aún no se tiene. El Paseo dos Namorados es una pequeña ruta que discurre junto al río Xunco y acaba en una pequeña presa con una cascada artificial. Destila tanto romanticismo, que la tradición asegura que si una pareja lo recorre acabará enamorada, aunque antes no hubiera surgido la chispa del amor.
Si esa chispa se muestra esquiva, al menos quedará el recuerdo de un lugar encantador y de cierta relevancia. Esa presa abastecía a la Real Fábrica de Cerámica de Sargadelos, de la que salieron exquisitas piezas que alcanzaron gran renombre internacional. Sus almacenes, fraguas y hornos son apenas ruinas, pero como ocurre en tantos otros lugares, eso le da al lugar un toque añadido de misterio y de romanticismo.
Naturaleza y tradición en Taramundi
En Taramundi, ya en tierras asturianas, el agua es protagonista. Agua que da vida a bosques frondosos que seducen e invitan a no querer salir de ellos. Líquido elemento también en forma de arroyos que atraviesan esos bosques y aún mueven viejos ingenios hidráulicos. Fueron esos molinos los que permitieron una floreciente industria relacionada con la cuchillería que dio fama a este escondido lugar.
Pero Taramundi, a pesar de ese tesoro que son sus molinos, es mucho más: es también un lugar donde se puede admirar un bellísimo conjunto etnográfico. Las construcciones tradicionales de pizarra se agarran a las laderas y permiten sumergirse en la esencia de la vida rural más auténtica y, en ocasiones, también más dura.
Una excursión por la costa asturiana: Cudillero
El colorido casco urbano de Cudillero se arremolina en un pequeño anfiteatro natural que se abre al Cantábrico. La suya es una belleza singular que seduce desde las alturas de cualquiera de sus miradores, desde el mar o caminando por unas callejuelas tan empinadas como laberínticas. Cudillero es esencia marinera que, por supuesto, también hay que degustar en cualquiera de sus restaurantes.
Aunque la distancia no es larga, en el camino entre Ribadeo y Cudillero hay paradas casi imprescindibles. La primera es Castropol, que mira hacia Ribadeo desde el otro lado de la ría. Algo más allá está Luarca, villa señorial de casas blancas que contrastan con el verde de su entorno y el azul del mar que la baña. Y si de mar y playa hablamos, es imposible pasar de largo la belleza salvaje de la playa del Silencio.
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