Su único acceso es un puente colgante: el pueblo en un parque natural de Asturias al que solo se llega desde Galicia
Al abrigo de algunos de los paisajes más bellos e inaccesibles de Asturias se esconde un pueblo diminuto de aspecto bucólico. No hay forma sencilla ni rápida de llegar a él y ese es, precisamente, parte de su encanto. El cordón umbilical que le une a la civilización es un puente colgante cuyo otro extremo descansa en tierras gallegas.
Un puente que une dos tierras
En Riodeporcos, el tiempo transcurre con calma, la misma que se necesita para cruzar ese puente de estructura metálica y tablones de madera que se mece suavemente a cada paso. Son 80 metros de pasarela peatonal que atraviesa un paisaje magnífico que atrapa los sentidos e invita a perderse en él.
Bajo ese puente discurre el río Navia, que serpentea entre dos comunidades. Esa es la razón de que uno de sus extremos de la pasarela repose en tierras gallegas, en la parroquia de O Vilar de Cuíña, mientras que el otro descansa en el concejo asturiano de Ibias, al que pertenece Riodeporcos.
Se podría llegar a Riodeporcos desde el corazón del Principado, pero el camino, por una pista de tierra, es largo y tortuoso. De ahí que el puente sea la verdadera y única entrada a esta pequeña, pero cautivadora aldea.
Riodeporcos, un pueblo detenido en el tiempo
Riodeporcos es apenas un puñado de casas de fachadas de piedra y tejados de pizarra. Es un rincón de sabor añejo donde la serenidad envuelve cada paso y donde la simplicidad se trasforma en un festín para los sentidos.
Aquí, las calles son senderos de tierra y losas donde las pisadas rompen el silencio que reina en el ambiente. Mientras, al alzar la vista, lo que se descubren son laberintos de emparrados que arropan las escasas construcciones y que ofrecen cobijo cuando llega el estío.
La aldea tiene su pequeño tesoro: una capilla dedicada a San Roque. Sin embargo, lo que hace especial a Riodeporcos, más allá de ese singular puente, es un entorno espectacular donde robles, abedules, castaños y alcornoques alfombran valles y laderas.
Descubriendo los alrededores de Riodeporcos
Esos paisajes que rodean Riodeporcos se enmarcan en el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias. Es un espacio protegido que se viste de mil colores diferentes en cada estación y que alberga una biodiversidad asombrosa. Este es el hogar de osos pardos cantábricos, urogallos y garduñas, entre otras muchas especies.
Cualquiera de los senderos que tienen como punto de partida Riodeporcos, o que atraviesan el parque desde otras localidades del concejo, muestran paisajes de abrumadora belleza. Hay, sin embargo, una especial: la que lleva al desfiladero de Bustelín. Esta ruta circular sigue las huellas que en este territorio dejaron los romanos en su búsqueda de oro. En el camino se atraviesan aldeas caídas en el olvido y el abandono, envueltas ahora en un halo de misterio.

