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Aislado en las alturas del Pirineo de Huesca: el pequeño pueblo de piedra junto al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Un pueblo encantador de casas de piedra y arraigadas tradiciones ofrece el refugio ideal para explorar el Pirineo de Huesca sin aglomeraciones ni prisas.
Bestué descansa en plena naturaleza.
Un pueblo encantador de casas de piedra y arraigadas tradiciones ofrece el refugio ideal para explorar el Pirineo de Huesca sin aglomeraciones ni prisas.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, uno de los espacios protegidos más antiguos de España junto con los Picos de Europa, es un paraíso natural indiscutible de montañas escarpadas, gargantas de infarto y bellas cascadas que constituyen uno de los principales reclamos de Aragón y del conjunto de los Pirineos.

Hoy, una de las mejores maneras de disfrutar de este paisaje sobrecogedor de paredes verticales es explorar los valles de su entorno, alejados de las rutas turísticas, donde aún se conservan, casi intactas, la esencia y las formas de vida tradicionales de uno de los parajes naturales más valorados de la península ibérica.

Silencio y tradición rodeados de grandeza

Paisaje de Bestué, situado entre montañas pirenaicas.
Paisaje de Bestué, situado entre montañas pirenaicas. | Dreamstime

Encaramado sobre una ladera a 1200 metros de altitud en el Valle de Puértolas, en la comarca de Sobrarbe, Bestué es uno de esos pueblos de Huesca que parecen estar detenidos en el tiempo.

Accesible solamente por una estrecha carretera serpenteante, un puñado de casas de piedra con menos de 20 habitantes permite al visitante experimentar el recogimiento y la autenticidad de la vida en la montaña mientras, desde sus miradores, la espectacularidad de Ordesa y Monte Perdido se abre paso.

Bestué, un refugio de piedra y bancales

Iglesia y casas de piedra de Bestué.
Iglesia y casas de piedra de Bestué. | Shutterstock

Pasear por Bestué es recorrer siglos de historia marcados por el clima montañoso, el cultivo del cereal y la vida pastoril. Las casas de piedra maciza, con sus tejados de losa y las chimeneas típicas del Pirineo aragonés, sus hornos y corrales, avisan de los rigores de la vida en las alturas.

La Iglesia de San Pedro, de estilo gótico aragonés, y la masía fortificada de Antonio Barrau, del siglo XVI, constituyen los principales atractivos arquitectónicos de este refugio de piedra y tradición.

Sin embargo, el patrimonio de este precioso pueblo de Huesca no se limita a sus calles, sino que abarca también las tierras que lo rodean. Bestué se considera uno de los ejemplos más interesantes de paisaje cultural, gracias a los bancales o terrazas agrícolas usadas tradicionalmente para el cultivo de cereal, que ocupan laderas enteras en las inmediaciones del pueblo, y los prados de altura para el ganado trashumante de los valles pirenaicos.

Senderismo de altura lejos de la multitud

Bestué descansa en plena naturaleza.
Bestué descansa en plena naturaleza. | Shutterstock

Sin duda, el principal reclamo de Bestué y otras localidades del Valle de Puértolas es su cercanía con algunos de los puntos de interés más espectaculares del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Desde sus calles parten numerosos senderos poco transitados que conectan con el impresionante Cañón de Añisclo, esculpido por la erosión durante siglos, la magnífica mole calcárea de Castillo Mayor, la inolvidable silueta de los picos de Sestrales o los hermosos barrancos y cuevas de las Gargantas de Escuaín.

Bestué es una de las joyas escondidas que aún quedan en el Sobrarbe, un remanso de paz atrapado en el tiempo donde desconectar de las batallas diarias y disfrutar de los paisajes más sobrecogedores del Pirineo oscense, a solas y en calma.

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