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El ibón más grande de España: un fascinante lago glaciar a 2632 metros de altitud en los Pirineos

Forjado por el hielo y custodiado por cumbres imponentes, el lago protagoniza uno de los paisajes más épicos de los Pirineos.
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Forjado por el hielo y custodiado por cumbres imponentes, el lago protagoniza uno de los paisajes más épicos de los Pirineos.

Es un mar en miniatura de aguas gélidas y calmadas, un prodigio de la naturaleza donde el azul intenso de su superficie contrasta con el gris de los colosos pétreos que lo custodian. Desde su orilla se contempla el fruto de millones de años de evolución geológica, envuelto en un silencio que resulta casi abrumador. 

Ibón de Cregüeña: el corazón cristalino de los Pirineos

Vista aérea del ibón de Cregüeña.
Vista aérea del Ibón de Cregüeña. | Shutterstock

El Ibón de Cregüeña es el santuario líquido de los Pirineos. La vista se pierde en sus 1500 metros de longitud y hasta 500 metros en su parte más ancha. Bajo ese espejo en el que juegan los destellos del sol se esconde un secreto fascinante: una profundidad vertiginosa que roza los cien metros y oculta la memoria de la antigua lengua de hielo que horadó el terreno con una fuerza descomunal.

Como guardianes silenciosos de este lago glaciar, a su alrededor se elevan algunas de las cumbres pirenaicas más imponentes, montañas que superan los 3000 metros de altura y parecen acariciar el cielo. Ese círculo pétreo lo dibujan las potentes siluetas de los picos de Corona y Abadías, de la Punta Maldita o de la Tuca de Cregüeña, que se reflejan en las aguas inmóviles del ibón.

Senderos que cortan la respiración

Vista aérea del valle de Benasque
Vista aérea del Valle de Benasque. | Shutterstock

Alcanzar el Ibón de Cregüeña requiere buena forma física y muchas ansias de aventura. La ruta más habitual parte del Valle de Benasque. Dirige los pasos hacia Los Baños y el puente de Cregüeña, para remontar desde ahí el espectacular barranco homónimo.

Son alrededor de diez kilómetros con un desnivel de algo más de 1200 metros. Es una ruta exigente, pero generosa en recompensas. A cada paso se descubren pequeños tesoros, desde bosques a cascadas y afiladas crestas, hasta alcanzar la atalaya que permite admirar el ibón al fondo de su circo glaciar, con la silueta del pico de la Maladeta vigilante a sus espaldas. 

Un entorno natural mágico

Ibón de Cregüeña y su circo pétreo.
Ibón de Cregüeña y su circo pétreo. | Shutterstock

El conjunto que forman el Ibón de Cregüeña y su circo pétreo dibuja una de las postales más conmovedoras del Parque Natural de Posets-Maladeta. Agua y roca se funden en un espacio que alberga algunas de las joyas del Monumento Natural de los Glaciares Pirenaicos y el techo de la cordillera, el imponente pico Aneto.

A medida que se desciende, la roca desnuda cede de nuevo paso a laderas alfombradas por tupidas praderas y a vergeles poblados por abedules, hayas, pinos silvestres o abetos. Son estampas de alta montaña que esconden mucho más que una extraordinaria biodiversidad: reflejan el uso sostenible y respetuoso que los habitantes de estas tierras han practicado desde antaño y que ha permitido que su belleza se conserve intacta para quienes desean descubrirla.

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