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Patrimonio de la Humanidad de la Unesco: esta es la ciudad con una de las mejores muestras del arte mudéjar de España

Los rincones de esta maravillosa ciudad están dedicados al arte mudéjar y a los amantes más famosos de España.
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Imagen: Dreamstime
Los rincones de esta maravillosa ciudad están dedicados al arte mudéjar y a los amantes más famosos de España.

Teruel capital es una tranquila ciudad que cuenta con una de las mayores y más importantes concentraciones de arte mudéjar de España. Parte de este arte ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La catedral de Santa María Mediavilla es uno de sus principales monumentos, pero también es muy recomendable hacer un recorrido pausado por los torreones y portales.

En esta clase de visitas conviene llevar unos prismáticos para apreciar debidamente las decoraciones mudéjares. Todos los atractivos turolenses llevan un fin de semana para disfrutarse por completo. Eso, sin contar con sus encantos gastronómicos, como el jamón de Teruel, que fue el primero en conseguir la denominación de origen en nuestro país.

Historia de una ciudad 

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Vista parcial de la Escalinata de Teruel. | Shutterstock

El nacimiento de la ciudad estuvo condicionado por un curioso presagio. En 1171, el monarca Alfonso II de Aragón reconquistó el antiguo bastión defensivo musulmán que allí se encontraba. Sus huestes comenzaron a buscar signos que les indicaran el lugar más adecuado para la fundación de una nueva ciudad cristiana. Vieron, en lo alto de una colina, a un toro mugir bajo una estrella que brillaba más que el resto. Dieron como válida esta señal y se eligió el lugar como centro de la nueva villa, la actual plaza del Torico. Su nombre nacería de la unión de la palabra «toro» y el nombre de aquella estrella: Actuel.

Sin embargo, esta lectura etimológica podría no ser del todo cierta, teniendo en cuenta que la Teruel cristiana es sucesora de la Tirwall musulmana y la Turboleta celtíbera. En cambio, ambos símbolos, toro y estrella, se han mantenido en la bandera y en el escudo locales. Ese mismo año de 1171, se le concedieron fueros y privilegios. La nueva villa cristiana comenzó a poblarse y desarrollarse económicamente. Eso sí, siempre condicionada por la proximidad de los almohades en Valencia, localidad que no caería en manos cristianas hasta 1238, tras la conquista de Jaime I y los templarios de Aragón.

Su continuo crecimiento hizo que Pedro IV de Aragón le concediera el título de ciudad en 1347. Poco después tuvo lugar la guerra de los dos Pedros. El conflicto enfrentó a Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón entre 1356 y 1369. Teruel fue ocupada durante tres años por tropas castellanas. Tras su regreso a manos aragonesas, el mismo Pedro IV retiró a la ciudad algunos de sus privilegios. Así, emancipó varias de sus aldeas como castigo por su comportamiento durante la contienda con Castilla.

De estas fechas data la leyenda más famosa de la ciudad, la de los amantes de Teruel. Narra la historia del amor imposible entre Juan Martínez de Marcilla e Isabel de Segura. Esta fábula ha sido durante siglos carta de presentación de una ciudad que ha hecho de ella una de sus mayores bazas iconográficas.

Mausoleo de los Amantes de Teruel
Mausoleo de los Amantes de Teruel. | Shutterstock

La unión de Aragón y Castilla en una sola Corona trajo a Teruel diversos problemas relacionados con las leyes aragonesas. La implantación de la Inquisición en la ciudad durante el reinado de los Reyes Católicos chocó de frente con la oposición de los turolenses. Consideraban dicho tribunal incompatible con sus libertades forales. Al final, fue implantada por la fuerza en 1486. Los cabecillas de la rebelión fueron los primeros en probar sus juicios.

Tras los Reyes Católicos, la oposición al Santo Tribunal continuó durante el reinado de Carlos V y Felipe II. Estos cortaron por la fuerza el movimiento en 1598 y redujeron notablemente los privilegios forales de la ciudad. Teruel, como el resto de Aragón, perdería el resto de sus fueros a principios del siglo XVIII con los Decretos de Nueva Planta de Felipe V, tras la guerra de sucesión. A mediados del siglo XIX, se construyó la fuente del Torico, icono indiscutible de la ciudad. Desde finales de ese mismo siglo, Teruel gozó de una cierta prosperidad. Como consecuencia, aparecieron algunas obras modernistas en el casco urbano a partir de principios del siglo XX. En esas mismas fechas, llegó el ferrocarril a la capital.

La urbe también es conocida por la famosa batalla de Teruel, que tuvo lugar durante la guerra civil española. El 15 de diciembre de 1937, las tropas republicanas atacaron las posiciones franquistas en la ciudad. Comenzó así una de las contiendas más terribles de la guerra, porque se combatió con extremado encarnizamiento en medio de un temporal de nieve. De hecho, fue la única plaza reconquistada por tropas republicanas durante los años que duró el conflicto. No obstante, duró en sus manos solo unas semanas.

El impresionante arte mudéjar de Teruel

Catedral de Teruel
Catedral de Teruel. | Shutterstock

Visitar esta ciudad es, entre otras muchas cosas, realizar un recorrido por lo mejor del arte mudéjar en España. Una singular combinación de la tradición islámica aragonesa y la influencia del mundo almohade. La urbe cuenta con la mayor concentración de patrimonio en dicho estilo de todo Aragón. Su riqueza y valor artístico le han valido la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. De entre todo el conjunto destacan las torres de sus iglesias, de planta cuadrada y ladrillo, con ricas decoraciones en arabescos y cerámica. Horadadas algunas de ellas en su base por pasadizos en forma de arco ojival.

Una de las mayores representaciones del estilo mudéjar es la catedral de Santa María de Mediavilla. Su torre, construida entre los años 1257 y 1258, posee frisos de arcos de medio punto entrecruzados y una combinación de azulejos vidriados en verde y morado. Es uno de los primeros ejemplos de este tipo de arte en Aragón. Destacan además su cimborrio y la techumbre interior, del último tercio del siglo XIII. Es de madera y está decorada con ricas representaciones vegetales, geométricas y epigráficas. Esto es herencia del gusto musulmán, así como otras figurativas de estilo gótico lineal. Su portada meridional, de 1909, es la inauguradora oficial del estilo conocido como neomudéjar.

La Iglesia de San Pedro, del siglo XIV, es el otro gran conjunto mudéjar. Su estructura es bastante similar a la de la catedral, pero su interior supone un gran reclamo por su claustro y la decoración de sus techos, que simulan la bóveda celeste. Su torre, erigida probablemente en la segunda mitad del siglo XIII, sigue la misma estructura que la de la catedral. Sin embargo, con un carácter más sencillo.

Otra torre de gran valor es la de la Iglesia de San Martín, construida entre los años 1315 y 1316. Su ejecución es posterior a la de la catedral. Su construcción se ve ya liberada de preceptos románicos, abrazando el estilo gótico, del que destacan sus contrafuertes de piedra.

Similar a esta es la torre de la Iglesia del Salvador, que fue levantada en el centro de una estrecha calle cuyo tránsito se realiza a través del arco de su base. Esta es, además, la única de las torres cuyo interior es visitable. En cuanto al templo, fue reedificado en el último cuarto del siglo XVII tras hundirse el edificio primitivo.

La Escalinata, por su parte, es una obra de principios de siglo XX, que todavía sirve como punto de unión entre la zona alta de la ciudad y la estación de trenes. Destaca por su espectacular trazado y por su relieve alusivo a la historia de los amantes, obra del escultor Aniceto Marinas.

Monumentos y museos de la ciudad

Plaza del Torico
Plaza del Torico. | Shutterstock

En 1555, se descubrieron, en la capilla de San Cosme y San Damián, las momias de los amantes de Teruel. Alrededor de ellas se levantó su mausoleo. En él, se puede visitar el monumento yacente de los amantes, obra del escultor Juan de Ávalos. Plasmó en alabastro las figuras de Juan e Isabel mientras juntan sus manos sin llegar a tocarse, como símbolo de su amor imposible.

De las antiguas murallas quedan en pie varios torreones y accesos. De ellos sobresale el portal de San Miguel, también conocido como 'portal de la Traición'. Según la leyenda, por ahí entraron en 1363 las tropas castellanas de Pedro IV el Cruel, gracias a un amigo aragonés. Por su aspecto, la fecha de su construcción parece ser posterior. De las antiguas defensas de la ciudad destaca el torreón de Ambeles. Su curiosa planta estrellada supone un caso único en toda la geografía española. Otros torreones son el de San Esteban, incluido en la judería y de estructura clásica semicircular, y el torreón de la Bombardea, de planta poligonal. Tras los muros de Teruel se encuentran Los Arcos, del siglo XVI. Es el mayor acueducto renacentista de España, concebido también como viaducto.

El centro neurálgico de Teruel es la plaza del Torico, lugar donde, según la leyenda, aconteció su presagio fundacional. En su centro, se alza uno de los iconos de la ciudad moderna, la Fuente del Torico, del año 1858. Se trata de una alta columna rematada por la pequeña escultura de un toro. En los bajos de la plaza, se encuentra un aljibe medieval del siglo XIV. En uno de los laterales, está uno de los mejores ejemplos de la arquitectura neomudéjar del siglo XX, la Casa El Torico; un negocio de textiles que acogió su planta baja tras su construcción a principios de siglo.

Museos de Teruel

Cerca de la catedral, en el edificio del antiguo Palacio Episcopal, se encuentra el Museo de Arte Sacro. En su interior se exponen obras de estilo románico, renacentista y gótico. El otro gran centro expositivo es el Museo de Teruel, en la antigua Casa de la Comunidad, donde se puede repasar la historia local a través de una colección de piezas arqueológicas de gran valor. Entre toda su colección, sobresalen aquellas piezas realizadas en cerámica, con ricas decoraciones en las que habitualmente se funden elementos cristianos, judíos y musulmanes.

Unos alrededores espectaculares

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Vista de Albarracín. | Dreamstime

Antes de abandonar Teruel, hay que disfrutar de una de las mejores panorámicas del lugar. A través del camino de Santa Bárbara, se llega al mirador de los Mansuetos, donde las vistas y el entorno son incomparables. Ya lejos de la ciudad, se puede continuar el viaje por localidades cercanas de gran belleza como Albarracín o Rubielos de Mora. También se puede visitar el curioso enclave valenciano de Ademuz. Por último, otra de las opciones, es acercarse al Parque Cultural del Maestrazgo, al este de la provincia.