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El mayor municipio sin semáforos de España: un tráfico diferente (y a prueba de apagón eléctrico) en la Comunidad de Madrid

Un municipio sin semáforos donde el tráfico fluye con sorprendente armonía y la historia y el urbanismo se dan la mano.

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Un municipio sin semáforos donde el tráfico fluye con sorprendente armonía y la historia y el urbanismo se dan la mano.

Existe una villa al sur de la Comunidad de Madrid donde el baile incesante de luces verdes, rojas y ámbar no marca el paso de los vehículos por sus calles. Tampoco las necesitan los viandantes que cruzan el asfalto para llegar a su destino. Este municipio sin semáforos ha conseguido convertir lo que parece una utopía en una ciudad: que el tráfico fluya y conviva con los peatones sin necesidad de señales luminosas multicolores.

Un municipio sin semáforos, pero con muchas glorietas

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Rotonda en Pinto. | Zarateman, Wikimedia

La fuerza de la costumbre hace que los vecinos de Pinto asuman con naturalidad la ausencia de semáforos. El último se retiró de sus calles en 2009 y, desde entonces, son otro tipo de señales y de soluciones urbanísticas las que se encargan de poner orden en ese caos que suele ser el tráfico en las ciudades.

El secreto para que esa utopía circulatoria funcione es un magnífico repertorio de glorietas. Más de 70 rotondas orquestan el tráfico en las 260 calles de Pinto. Algunas son diminutas; otras, casi tan grandes como una plaza de toros. Todas forman un singular conjunto que se integra en el paisaje urbano y circulatorio con naturalidad, a veces como oasis en medio del asfalto y a veces como pedestales para obras de arte en forma de esculturas.

Un modelo de tráfico más amable y sostenible

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Campo de amapolas en Pinto. | Shutterstock

Esas glorietas se combinan con un no menos extenso catálogo de señales verticales y horizontales. Racionalizan ese tráfico que incluso en ciudades pequeñas puede ser infernal, pero consiguen mucho más: aunque a veces sea necesario dar alguna que otra vuelta, la conducción se vuelve más serena, más consciente, más segura.

Hay otro efecto colateral, ya que la ausencia de semáforos en intersecciones o para dar el paso a peatones, a veces inexistentes, evita que los vehículos paren y arranquen continuamente. El tráfico fluye y los malos humos, los de conductores y los de los vehículos, se reducen de manera considerable.

El centro geográfico de la península

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Parque del Egido, en Pinto. | Zarateman, Wikimedia

La proeza de convertirse en un municipio sin semáforos es un episodio más de una localidad que guarda un peculiar anecdotario histórico. Dos pistas llevan a descubrir la más singular de esas anécdotas: un discreto monolito y un escudo con un globo terráqueo marcado con un punto en el centro.

Representan una parte de la esencia de Pinto, localidad que presume de albergar el lugar exacto que marca el centro de la península. Aunque el título genere cierto debate, lo cierto es que este era cruce de caminos en la Hispania romana y que esa posición estratégica como ombligo geográfico está documentada desde el siglo XVI.

Los otros encantos de Pinto

 

A pesar de ser una de las ciudades de la corona metropolitana de Madrid en pleno desarrollo, Pinto conserva un coqueto casco antiguo que habla de su larga historia. En él se descubren una plaza de aires castellanos, la monumental iglesia de Santo Domingo de Silos o la Casa de la Cadena, donde se alojaron los Reyes Católicos.

Sin embargo, el emblema y orgullo de la localidad, su edificio más antiguo y también más representativo, es la Torre de Éboli. En sus habitaciones estuvo prisionera durante seis meses la intrigante Ana de Mendoza. De la princesa tuerta toma el nombre, aunque en esta construcción medieval también estuvieron encerrados otros personajes ilustres como Luis Colón, nieto del descubridor de América, o Manuel Godoy.

La experiencia de conducir por el mayor municipio sin semáforos es una buena excusa para descubrir una ciudad llena de sorpresas. El consejo, sin embargo, es aparcar el coche para disfrutarla con la misma calma que la envuelve.