El mayor casco antiguo de España: ocupa casi 4 km² y es de los más grandes de Europa
Con casi 4 kilómetros cuadrados, el casco histórico de Sevilla es el mayor de España y uno de los más extensos de Europa. Sus doce barrios abarcan el territorio rodeado por la antigua muralla almohade, de la que se conservan algunos restos. Sus plazas y su laberinto de calles empedradas, de una trepidante actividad turística y comercial, encierran un gran tesoro patrimonial y arquitectónico.
Pasado y presente del casco antiguo más extenso de España
De los orígenes al reino al-Ándalus
Los fenicios llegan a Sevilla hacia el año 1000 a. C. El navegante Melkart, que dio origen al mito de Hércules, cruza el temido estrecho de Gibraltar y remonta el río Guadalquivir hasta el asentamiento originario, al que llamó Spal. Tras varias invasiones, es conquistada por los romanos. Julio César la rebautiza como Hispalis y la convierte en una de las ciudades más importantes de la península ibérica.
En el año 712, los musulmanes toman la ciudad y cambian su nombre a Isbiliyya, de donde procede el nombre actual de Sevilla. Los judíos completan el crisol de culturas que da origen al barrio de Santa Cruz, corazón del casco antiguo.
De los almohades a la Reconquista
La ciudad alcanza su máximo esplendor cuando Isbiliyya pasa a formar parte de la dinastía almohade, que deja una huella imborrable en su patrimonio arquitectónico con la construcción de algunos de sus principales enclaves, como la Torre del Oro y el Real Alcázar. Este conjunto palaciego combina los estilos almohade, gótico y renacentista con cerámicas del barrio de Triana.
La Reconquista de la ciudad llega de manos de Fernando III, que la convierte en una de las capitales del reino. Sobre la Mezquita Mayor almohade se construye la Catedral de Santa María, joya del gótico español.
De la mezquita se conserva su minarete, hoy convertido en símbolo de la ciudad: la Giralda. Combina los sillares de piedra romanos con el cuerpo de ladrillo rojo almohade que le dio su nombre original: Torre Roja. Más tarde, se añadirán un campanario renacentista y una veleta, que representa el triunfo de la fe cristiana sobre el Islam y cuyo “giro” da nombre a la torre.
Del siglo XV a la exposición iberoamericana
Felipe II manda construir el Archivo de Indias como lugar de reunión para los mercaderes. Dos siglos más tarde, se centralizarían allí los documentos y mapas de los territorios de ultramar. Carlos III ordena construir la Casa Consistorial, primer edificio de estilo plateresco de España, con el objetivo de separar el poder civil del religioso en la ciudad. El casco antiguo alberga también tesoros de la arquitectura barroca, como el Palacio de San Telmo y San Luis de los Franceses, una de las iglesias más bonitas del país.
Especial mención merece la Real Fábrica de Tabacos, la primera construida en Europa y el edificio industrial más importante del país. Hoy sede de la Universidad, es un símbolo de la lucha obrera. Allí trabajaron más de 6000 mujeres, conocidas como las cigarreras, que reclamaron mejoras laborales y de conciliación, como plasmó Gonzalo de Bilbao en una obra que se conserva en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.
A finales del siglo XIX, la infanta María Luisa de Borbón dona a la ciudad los jardines del Palacio de San Telmo. Nace así el Parque de María Luisa, que albergará los principales pabellones de la Exposición Iberoamericana de 1929. La obra se encarga al arquitecto Aníbal González, creador del estilo regionalista andaluz, que mezcla el ladrillo rojo con mármol blanco romano, cerámica y forja. La Plaza de España y la Plaza de América contienen edificios de un valor artístico incalculable que convierten este rincón en el colofón ideal para un recorrido histórico por el casco antiguo más grande del país.

