El mar más cercano a Madrid que inventó un rey
A las puertas de Madrid, justo en un punto del mapa en el que el paisaje es bastante seco, existe un lugar cuyo nombre llama la atención de todo aquel que lo escucha: el Mar de Ontígola. Por supuesto, es un mar artificial; que fuera apodado de esta forma puede deberse a su gran tamaño (629,21 hectáreas) o a lo que significaba para la corona.
Situado en el término municipal de Aranjuez, el Mar de Ontígola se construyó por orden de Felipe II para abastecer a la ciudadanía de la localidad y embellecer su entorno. Fue parte de un ambicioso proyecto hidráulico del monarca y todavía hoy conserva una importancia indiscutible, en buena medida por su extraordinario valor paisajístico y ecológico.
¿Qué hace único al Mar de Ontígola?
El Mar de Ontígola es un rincón que sorprende por varias razones. Estas son algunas de ellas.
Un "mar" de agua salada inventado por un rey
El rey Felipe II quería convertir Aranjuez en un destino de placer y ciencia en el que no faltara la naturaleza. Por esa razón, en el año 1561 mandó construir este gran embalse. Su fin era asegurar el suministro de agua al municipio, especialmente a los jardines y canales del Real Sitio, aunque también decidió organizar allí actividades lúdicas.
Que su existencia se deba a la petición de un rey es algo a destacar. Además, se halla en un lugar en el que las masas de agua son bastante escasas. Pero lo más curioso es que, pese a ser artificial, tiene agua salada. Esto se debe a la composición a base de yeso y margas del terreno en el que se encuentra.
Un hábitat excelente para la avifauna
Rodeado de matorrales y campos, el Mar de Ontígola se presenta como una especie de oasis para todos aquellos que se topan con él sin esperar encontrar una masa de agua de tales dimensiones en una zona tan árida.
También es un paraíso para muchos animales. De hecho, en 1994 este embalse situado a una hora en coche de la Puerta del Sol de Madrid fue declarado Reserva Natural. Allí habitan multitud de aves acuáticas y ejemplares de mariposas endémicas en peligro de extinción.
Testimonio vivo de la ingeniería del Renacimiento
Si todo esto no fuera suficiente, todavía hay otra curiosidad que hace del Mar de Ontígola un lugar muy especial: se trata de una obra emblemática de la ingeniería española, un legado renacentista que ha llegado hasta nuestros días.
Este mar artificial de Madrid consta de un terraplén compuesto por dos muros de piedra y está reforzado con antepechos, una solución constructiva clásica desconocida en la península hasta entonces. No obstante, desde ese momento se replicó una y otra vez en nuestro país. Así pues, el Mar de Ontígola marcó un antes y un después en la historia de las presas y los embalses españoles.
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