Los últimos puertos pesqueros vascos
Con razón se habla ya de los últimos puertos pesqueros vascos; pues su actividad ha decrecido hasta el punto de que la mayor parte del pescado nos llega por avión y el mayor 'puerto' es el aeropuerto. La dureza de la vida marinera, el descenso de las capturas cerca de la costa, el bajo precio del producto de las piscifactorías y la competencia del pescado congelado proveniente de mares lejanos han reducido el tamaño de nuestra flota pesquera. Significativamente, el bellísimo puerto pesquero de San Sebastián ahora acoge embarcaciones de recreo, en tanto que los centenarios muelles Zumaia, Mutriku o Portugalete ya no acogen las bordas de esbeltos buques de pesca.
Pesca artesanal en los puertos pesqueros vascos
Poderoso motivo para ir en busca de esos últimos puertos pesqueros vascos, donde todavía se pueden contemplar el ambiente de la pesca artesanal. Los pintorescos barcos regresando raudos con sus capturas; el rito de la descarga de las cajas; la solemne subasta de las capturas en la lonja; las mujeres remendando las redes mientras conversan amigablemente; viejos 'arrantzales' (pescadores en euskera) 'txikiteando' (tomando vinos de una taberna a otra); parrillas donde se cocina el producto desembarcado el mismo día. El mundo de la pesca artesanal tiene un 'sabor' tan distintivo como el de las piezas capturadas por nuestros pescadores. Cuando uno es partícipe de la cultura de la pesca artesanal, entiende que su producto tenga un precio superior al del resto.
Puertos pesqueros de Gipuzkoa
Comenzando desde el oeste, Hondarribía es la primera parada. Colorida y pegada a la frontera con Francia, cuenta con un gran ambiente la mayor parte del año. Sin embargo, su capacidad turística no resta un ápice de autenticidad a su espíritu portuario. En él sigue amarrando su flota pesquera, convirtiéndolo en un importante centro de bajura. El recorrido continúa en la bahía de Pasaia, compartida por dos almas gemelas situadas frente a frente, estratégicamente emplazadas a resguardo de la estrecha boca que las protege del bravo océano.
Paseamos por las estrechas calles de Pasajes de San Juan para después abordar la motora que -con algún leve zarandeo y las salpicaduras causadas por el viento- cruza la bahía hasta Pasajes de San Pedro. En los meses estivales entre los compañeros de travesía suelen encontrarse a fatigados peregrinos del Camino de Santiago del Norte. Al arribar al muelle vamos a visitar el barco museo Mater, donde contemplamos el funcionamiento de un pesquero y la vida a bordo. Nos dirigimos luego hacia la bocana de la bahía, para visitar la Factoría Marítima Vasca 'Albaola'; en éste singular 'astillero-museo' se emplean las técnicas ancestrales de la carpintería de ribera para construir una réplica de la nao 'San Juan', nave ballenera que se hundió durante el siglo XVI en la costa de Canadá. A quien opte por pernoctar después de estas visitas le recomendamos explorar la opción local, pues estas localidades marineras tienen precios menores que la vecina Donosti.
Y si deseas disfrutar de esta ruta al máximo, te animamos a llevarte un recuerdo a casa. ¿Cómo? Las conservas ofrecen productos de calidad vinculados a la pesca y siempre son una opción deliciosa. Existen conserveras que ofrecen visitas guiadas y que muestran el proceso de elaboración y la tradición que guarda este producto. También puedes hacerlas tú mismo. Por ejemplo, en Getaria encontrarás la conservera artesanal Maisor, en la que podrás acudir a talleres en los que preparar una conserva de anchoas en aceite para llevarte a casa.
Puertos pesqueros de Bizkaia
La tercera etapa de nuestra ruta comienza en la 'olvidada' Ondárroa. El injusto olvido del principal puerto pesquero vasco se debe a su complejo acceso. Muy bello -aunque revirado en extremo- es el viaje por la N-634 desde Getaria, pasando por Zumaia y Deba (localidades que comparten el espectacular Geoparque de la Costa Vasca , al igual que Mutriku) para desviarse por la costera carretera GI-638 hasta la villa marinera de Mutriku; pocos kilómetros más allá nos encontramos con Ondárroa, localidad que 'abraza' las dos riberas del río Artibai con numerosos puentes y unos muelles repletos de pequeñas embarcaciones. En su gran puerto se encuentran grandes barcos de pesca de altura, que son el principal pulmón económico de la localidad. Al pasear es habitual cruzarse con numerosos extranjeros, que integran gran parte de la tripulación de los barcos. Ondarroa conserva el encanto del más auténtico de los puertos pesqueros vascos, incentivado por una oferta gastronómica 'sin tonterías': precios asequibles y preparaciones en las que destaca la calidad de la materia prima. Para continuar hacia Lekeitio podemos elegir entre la bella, tortuosa -y peligrosa- carretera BI-3438 por la costa; o la Bi-633, que va por el interior, supone algunos kilómetros más, pero suele resultar más rápida. Situada en una bellísima bahía presidida por la isla de San Nicolás, Lekeitio es uno de los lugares de veraneo con más tradición de la costa vasca y un puerto con mucha historia; tiene la particularidad de que incluso cuenta con un club de pesca de atún (algo único en el mundo). Hay grandes aparcamientos disuasorios en la entrada al pueblo por el interior, gracias a los cuales en 10 minutos a pie se está en pleno casco urbano. Disfrutaremos del paseo por su bello casco urbano, con poderosos atractivos como su basílica de Santa María de la Asunción (Monumento Nacional), las numerosas mansiones palaciegas y el animado muelle del Txatxo (donde se acumulan las tabernas y restaurantes). Podemos completar la visita pernoctando en alguno de los alojamientos de Lekeitio; recomendando nosotros -por su singularidad- el Hotel Zubieta, edificio histórico emplazado en un bello entorno.

Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga.