No es el Valle del Jerte: el desconocido valle con cerezos en flor que hay que visitar en primavera
El del Jerte no es el único valle en el que los cerezos se tiñen de blanco. Existe otro donde la floración se convierte en un espectáculo incomparable.
El del Jerte no es el único valle en el que los cerezos se tiñen de blanco. Existe otro donde la floración se convierte en un espectáculo incomparable.
Cuando la primavera llega, agita cada rincón de nuestra tierra, pero algunos lugares despliegan una belleza tan poderosa que nos hace peregrinar hacia ellos y presenciar el renacimiento de la naturaleza. Es el caso de un valle en el norte donde los cerezos florecidos cubren de blanco el paisaje y nos conmueven con su delicadeza.
El valle de Caderechas: una sinfonía primaveral
Situado en la provincia de Burgos, el Valle de Caderechas sorprende por la explosión de tonos blanquecinos y rosados que luce en cuando llega la primavera. La majestuosidad de sus paisajes y la riqueza de su biodiversidad lo convierten en un destino sin igual para visitar durante gran parte del mes de abril.
El estallido de color de más de 50 000 cerezos
Aunque Burgos es conocida por su climatología rigurosa, el Valle de Caderechas es una excepción gracias a la protección que cuenta contra los vientos fríos del norte. El microclima de la zona permite que cada año florezcan sus más de 50 000 cerezos.
La zona norte de esta comarca, bien resguardada por las elevaciones del terreno, es la que acoge el mayor número de estos árboles. Las cercanías de pueblos como Herrera, Huéspeda o Quintanaopio son el escenario de esta apoteosis primaveral, que se desarrolla durante varias semanas de abril.
De ruta por el valle
Las posibilidades a la hora de recorrer estas tierras son tan variadas como los regalos que ofrece al visitante. A lo largo de unos 30 kilómetros de carretera se suceden pueblos seductores, ermitas y, con suerte, alguno de los muchos corzos que habitan estos campos.
Al margen del coche, la zona se presta a primorosos paseos en bicicleta o a pie, con muchas rutas de senderismo señalizadas. Caderechas es, por lo demás, una tierra de lo más acogedora, con buen número de alojamientos y de restaurantes donde sentir de cerca el sabor burgalés.
Más allá de la primavera
Aunque los cerezos son un icono de estos pueblos y su principal reclamo, la verdad es que durante el resto del año el Valle de Caderechas es un refugio de calma y hospitalidad rural. En otoño, por ejemplo, es la manzana reineta la estrella, una fruta que cuenta con feria propia en la localidad de Cantabrana.
Durante todo el año, por supuesto, podemos acercarnos también a disfrutar de la rica arquitectura religiosa del valle o alguna que otra joya natural como las cuevas Las Narices o la Cascada de la Huevera, verdaderos regalos escondidos en lo profundo de esta tierra singular.

