376 hectáreas y aguas turquesa: el embalse de la Montaña Palentina cerca de los Picos de Europa
Es un pequeño mar de agua dulce arropado por un idílico paisaje, el de la Montaña Palentina. Cuando la bruma lo permite, sus aguas reflejan la soberbia silueta de picos que parecen rozar el cielo y de infinitos bosques de hayas, pinos y robles en sus laderas. Modesto solo en apariencia, es la promesa de experiencias inolvidables.
Embalse de Compuerto: un espectáculo natural
Construido en 1960 para el riego y el abastecimiento de agua, el Embalse de Compuerto se funde con el paisaje con una naturalidad sorprendente. Sus aguas cambian de color con el paso de las horas, igual que los bosques que lo abrazan al ritmo que marcan las estaciones. Es un oasis de tranquilidad que brilla con luz propia en el Espacio Natural Protegido de las Fuentes Carrionas, al norte de Palencia.
Desde lo alto de la presa y desde sus miradores, el paisaje que se abre a la vista es una sinfonía de montañas, agua y cielo. Su belleza es serena y envolvente, un canto silencioso que invita a la contemplación. Ese silencio solo se quiebra en otoño, cuando los ecos de la berrea del ciervo resuenan en el ambiente con notas estremecedoras.
Un recorrido singular: la Ruta de los Pantanos
El Embalse de Compuerto no es el fin del viaje, sino el punto de partida. A unos kilómetros, aguas arriba del río Carrión, aparece el Embalse de Camporredondo, encajado entre montañas. Y un poco más adelante espera el de Ruesga, que recoge las aguas del río Rivera. La arteria que une estas tres pequeñas joyas hídricas es la carretera P-210, una ruta escénica tan poco conocida como sorprendente.
El trazado sinuoso de esta vía no solo bordea los embalses, sino que sumerge al viajero de lleno en el encanto de la Montaña Palentina. Sobre el horizonte, como guardianes silenciosos, se elevan las imponentes siluetas del pico Espigüete, del Curavacas o de Peña Redonda. Y solo hay que desviarse un poco del camino para descubrir otros muchos tesoros escondidos.
Paisajes que son antesala de los Picos de Europa
Esas postales de paredes verticales, de montañas que alcanzan los 2500 metros, de aguas cristalinas y de cielos limpios marcan la transición natural hacia los Picos de Europa. Y desde cualquiera de los embalses de la ruta parten caminos que dirigen los pasos hacia profundos desfiladeros o rincones mágicos como el nacimiento del río Rivera o el valle del Pineda, una joya para los amantes del senderismo.
Más exigentes son las rutas del Pozo de las Lomas o la ascensión al Espigüete, pero el esfuerzo tiene como recompensa unas vistas espectaculares que desde la orilla del Embalse de Compuerto apenas se adivinan. Lo que sí se siente es que este es uno de esos lugares donde naturaleza, tranquilidad y desafío encuentran un equilibrio perfecto.
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