110 km de longitud y 7540 hectáreas de superficie: así es el embalse más grande de Aragón
Aragón no tiene mar, pero al observar la enorme masa de agua de su mayor embalse, podría parecer lo contrario. Por ello, se le conoce como ‘mar de Aragón’, y su importancia se extiende a muchos niveles en una amplia zona de la península.
El embalse de Mequinenza, un oasis de agua dulce
El mayor embalse de Aragón lleva el nombre del municipio que lo acoge: Mequinenza. Esta localidad, en la comarca del Bajo Cinca, pertenece a Zaragoza, pero linda ya con Huesca y Lleida. Tanta es la importancia de estas aguas que hasta figuran en el escudo del municipio.
El antes y el después de la gran obra
Al hablar del embalse de Mequinenza, todo es de gran envergadura. Imponen respeto las 7540 hectáreas, los 1530 hm³ o los 600 metros de anchura media, pero las consecuencias para la zona también fueron enormes desde su inauguración en los años 60.
El cambio en el abastecimiento de agua y energía fue tremendo, pero los trabajos necesarios para su construcción también fueron épicos, con pueblos reconstruidos por completo, puentes levantados de nuevo y carreteras que necesitaron variantes. El propio pueblo de Mequinenza quedó sumergido y tuvo que alzarse de nuevo con tesón.
Un refugio para la vida salvaje
La gran masa de agua del embalse de Mequinenza ha hecho posible un ecosistema fluvial donde conviven grandes peces como carpas, alburnos y siluros, con aves tan elegantes como la garza real, el martín pescador o el ánade real. Puede verse incluso algún galápago surcando tranquilamente las aguas.
Es de especial relevancia la zona conocida como Aiguabarreig, donde el Ebro recibe al Segre, llena de bosques de ribera, playas y galachos. Aquí, la lista de fauna crece con majestuosas rapaces, reptiles y hasta algunos mamíferos como el ciervo, la nutria y la cabra salvaje.
La huella humana junto al embalse
Además de la naturaleza, la historia de la población humana también es uno de los atractivos del lugar. De entre las pocas construcciones que quedaron fuera del agua, destacan los museos de la localidad, que ocupan las antiguas escuelas de Mequinenza. Allí es posible, por ejemplo, revivir la experiencia de los mineros locales, un oficio que fue fundamental en la historia reciente del lugar.
La gran joya histórica es, sin embargo, el castillo de Mequinenza, que observa todo desde su colina y señala el límite con Cataluña. Sus aires góticos se remontan a los tiempos de la baronía de Mequinenza, señores que lo utilizaron como palacio en los siglos XIV y XV. No muy lejos, se pueden encontrar también mausoleos romanos y un monasterio cisterciense, Nuestra Señora de Rueda, que son el colofón perfecto a una visita al mar de Aragón.
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