Dominado por un castillo: el precioso pueblo medieval donde suenan ecos templarios
Hugo de Payns, fundador de la Orden del Temple, a buen seguro estaría orgulloso de la fortificación defendida por sus caballeros a más de 1000 metros de altitud sobre una loma rocosa en Castellón. Un promontorio de casas de piedra y callejuelas que vigila el Alto Maestrazgo, con vistas panorámicas hacia la sierra de Teruel, y guarda un valioso retazo de la historia de esta antigua fortaleza.
Territorio templario reconquistado a los árabes
La colina sobre la que se encarama Culla ha tenido un papel estratégico a lo largo de los siglos. Su adquisición en 1303 por la Orden del Temple fue el momento decisivo para terminar de imprimir su sello de autenticidad.
Pieza clave a nivel militar y comercial, la villa pasó a formar parte de la estructura de los templarios vinculada a Peñíscola, hasta el punto de convertirse en uno de sus últimos baluartes en la región en la que El Cid forjó su leyenda.
Culla: un pueblo medieval a la sombra de un castillo
El entramado de calles de Culla, declarado Bien de Interés Cultural y Conjunto Histórico, asciende hacia los restos de un castillo de origen árabe del que se conservan los restos de una muralla y del recinto defensivo, con la Torre del Frare Pere como gran exponente.
Son meros vestigios de su antiguo poder templario, tras haber sido destruido en las Guerras Carlistas del siglo XIX y haber servido sus ruinas como cantera para la reconstrucción del pueblo.
A través del tiempo y el espacio
Un buen punto de partida para sentir la huella templaria son los itinerarios interpretativos por su trazado irregular, heredado de sus antecedentes islámicos. Diferentes paneles explican su pasado como fortaleza y el papel de Culla en las disputas fronterizas entre los reinos de Valencia y Aragón.
Por su casco histórico se arraciman casas de piedra, arcos como la Porta Nova, pasadizos y los miradores del Singlet, de Sant Roc y del Terrat. Desde estos balcones se puede divisar el paisaje natural de la comarca, con el mar Mediterráneo en el horizonte.
Al reconocimiento de Culla como uno de los pueblos medievales más bonitos de España también contribuyen edificios como la Iglesia del Salvador, la prisión, el antiguo hospital, el Perellic o picota, o la cercana Ermita de San Cristóbal.
El esplendor que desprende su pasado se extiende hacia un cielo libre de contaminación lumínica que no solo se puede observar desde la parte más elevada de este pueblo medieval. Y es que en el paraje de San Cristóbal, a las afueras de Culla, hay un observatorio astronómico turístico que añade una experiencia diferente.
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