Enclavado en la montaña: el pueblo catalán transformado en una galería de hierro y tradición
En la cima de un monte de la comarca de Osona (Barcelona), este pequeño pueblo de poco más de 250 personas es un museo en sí mismo.
Conocido como el Museo al Aire Libre de Forja, el casco histórico de Alpens está repleto de obras artísticas de hierro forjado creadas por el artista Joan Prats, incluyendo picaportes, papeleras, señales de la calle y farolas.
UN POCO DE SU HISTORIA
Documentado por primera vez en el siglo IX, en plena época de la Reconquista de Cataluña, Alpens formaba parte de la frontera entre territorios cristianos y musulmanes. Se organizaba alrededor de masías dispersas y bajo la influencia de la Iglesia, especialmente de la parroquia de Santa María de Alpens. Esta iglesia, de estilo barroco-neoclásico vivió varias fases de construcción y tras ser quemada durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840), fue restaurada.
El hecho más destacado de este pequeño enclave, tuvo lugar en 1873 durante la Tercera Guerra Carlista: la Batalla de Alpens, donde las tropas carlistas derrotaron a las liberales.
Dentro de este contexto, con la industrialización de Cataluña llegaron las migraciones de pueblos a ciudades, y con ello, la despoblación de Alpens. A partir de este momento, lo que en un principio era oficio pasó a ser el idioma visual del lugar. Alpens se hizo conocido por la forja y artesanía del hierro, reinventándose de esta forma a ser un destino con una gran identidad cultural propia.
DE OFICIO A PATRIMONIO VISIBLE
Joan Prat i Roca (1898-1985), el popular herrero de Alpens, comenzó entonces a transformar las calles y detalles de cada rincón. Barandillas de balcones, picaportes, rejas, pasamanos, farolas, dragones, serpientes, peces…
Su capacidad artística era tal, que, bajo encargo o no, comenzó a producir numerosos objetos decorativos que se pueden apreciar en cada rincón de este pueblo.
Dentro de las obras más emblemáticas de este artista, cabe destacar una en particular: el Manelic. Incluida en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña, esta pequeña escultura está situada en el centro de Alpens, y representa a un pastor de montaña, una forma de honrar las raíces propias de los habitantes del pueblo.
En la actualidad, un joven artista de la forja tiene su taller en Alpens y mantiene en su trabajo la vieja técnica del hierro forjado, además de haber dejado huella en el pueblo con esculturas frente a su taller, una lámpara en el Casino y una escultura dedicada a los donantes de sangre.
PATRIMONIO CULTURAL Y NATURAL
Alpens no es sólo forja, sino que, como Patrimonio Arquitectónico y Religioso, también hay muchos sitios que visitar. Entre ellos se encuentra la Iglesia de Sant Pere de Serrallonga, una iglesia con más de mil años de historia; y la Iglesia de Sant Pau del Colomer, situada a las afueras, la cual cuenta con pinturas del año 1947.
La naturaleza también forma parte del entorno, y por ello, no te puedes ir sin pasar a ver la Roca de Pena, una formación geológica granítica con formas peculiares y rodeada de leyendas locales; además pasear por sus extensos bosques de pino rojo, robles y encina, un lugar perfecto para hacer senderismo.
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