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El acantilado dunar más alto de Europa: alcanza más de 100 metros de altura (y está en España)

Es un coloso de arena frente al Atlántico que moldea la línea de la costa onubense con formas y colores imposibles.
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Es un coloso de arena frente al Atlántico que moldea la línea de la costa onubense con formas y colores imposibles.

El mar no rompe a sus pies, pues una playa de arena dorada contiene el ímpetu de las olas. Al borde del precipicio, la vista se pierde en la belleza salvaje del Atlántico. Mientras, desde la orilla, sorprende el peculiar arcoíris que decora unas paredes tan vertiginosas como hipnóticas.

El Acantilado del Asperillo, un prodigio de la naturaleza

Acantilado del Asperillo
Acantilado del Asperillo, junto a la costa atlántica de Huelva. | Shutterstock

La tierra se quiebra de manera abrupta a lo largo de doce hectáreas de terreno en la costa de Huelva. Este coloso que parece desafiar al océano marca el límite del continente desde los más de cien metros de altura que alcanza en algunos puntos. El Acantilado del Asperillo no tiene alma de piedra, sino de esa arena que se extiende a sus pies y del viento que aquí sopla, a veces, de manera inmisericorde.

Las paredes que dibujan la línea de costa entre Matalascañas y Mazagón son, en realidad, dunas fosilizadas, sedimentos que la naturaleza fue compactando con infinita paciencia hasta crear el acantilado dunar más alto de Europa. Es un relieve bello y a la vez caprichoso por sus colores, sus formas y sus texturas.

Un gigante milenario declarado Monumento Natural

Acantilado del Asperillo
Relieves del Acantilado del Asperillo. | Shutterstock

La solidez del Acantilado del Asperillo contrasta con el baile de la arena de la playa y de las olas, mecidas por el viento. Es una pared casi infinita de líneas sinuosas y pliegues donde los colores cambian del dorado al ocre, al naranja, al blanco y al negro. Esos colores son el testimonio de su evolución, de cómo la arena se fue entremezclando con otros sedimentos y materia orgánica mientras se compactaba. 

Se trata de un espectáculo visual que se esculpió hace quince mil años. Las dunas costeras, arrastradas por el viento, se fueron depositando una sobre otra hasta solidificarse. Es una obra inacabada porque la naturaleza, muy lentamente, continúa marcando nuevos trazos en este Monumento Natural.

Un paseo por el Asperillo

Acantilado del Asperillo
Senderos en el Acantilado del Asperillo. | Shutterstock

El valor del Acantilado del Asperillo no es solo geológico. Es una joya natural vestida con vegetación modesta, pero situada en un entorno que es hogar de especies como el meloncillo, la tortuga mora e incluso el lince ibérico. No en vano, el lienzo del que forma parte este paisaje es el del Parque Nacional de Doñana.

Recorrer los senderos que atraviesan la parte alta del acantilado es adentrarse en un universo de contrastes. El recorrido más especial es el de la playa de Cuesta Maneli, que discurre por una interminable pasarela de madera, atraviesa el paisaje y muere en la Playa de Castilla. Desde ella se contempla un espectáculo fascinante cuando las luces y sombras del día se transforman al atardecer en fuego sobre las paredes del acantilado.

Planes en el entorno del Acantilado del Asperillo

Flamencos en el Parque Nacional de Doñana
Flamencos en el Parque Nacional de Doñana. | Shutterstock

Además de pasear por sus senderos o disfrutar de la playa, muy cerca del acantilado se pueden descubrir rincones sorprendentes. Uno de los más peculiares es la laguna del Jaral, contrapunto al paisaje dunar: es un pequeño oasis de agua dulce en medio de un océano verde que dibuja un inmenso pinar.

Quedará recorrer las marismas de Doñana, visitar El Rocío o degustar la deliciosa gastronomía onubense en Almonte. Pese a ello, el tesoro más inesperado seguirá siendo el Acantilado del Asperillo, un gigante moldeado por el viento donde el tiempo se detiene y el paisaje no se contempla, sino que se siente.

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