Del rechazo al icono: la escultura que conquistó Gijón
Gijón es una de las ciudades más populares del norte de España para turistas nacionales y extranjeros: un lugar donde refrescarse en verano, pasear junto al mar y disfrutar del ambiente tranquilo del Paseo del Muro. La villa, capital costera de Asturias, está repleta de historia y monumentos, pero hay uno en particular, al que todos los gijoneses le tienen un gran aprecio: “La Madre del Emigrante”.
LA MADRE DEL EMIGRANTE
Conocida popularmente como “La Lloca del Rinconín”, “La muyerona” o simplemente “La Lloca”, es una escultura de bronce ubicada en el paseo marítimo de Gijón. Representa a una mujer de pelo encrespado, vestido, con el cuerpo inclinado por el viento del Cantábrico, con la mirada fija en el horizonte y el brazo extendido, como si se despidiera de sus hijos perdidos en el mar. Ella espera el regreso de sus seres queridos mientras sufre las fuertes mareas y temporales del mar Cantábrico.
“La Lloca” fue la primera escultura de lenguaje moderno de la ciudad y nació como homenaje a la emigración asturiana, reflejando el desgarro de una madre ante la partida de sus hijos hacia un destino incierto, evocando la distancia, la pérdida y la incertidumbre.
En 1958 tiene lugar el I Congreso de Sociedades Asturianas, donde se propone crear un monumento para rendir homenaje a las madres de los emigrantes, propuesta aceptada por el Ayuntamiento de Gijón junto al consulado de Cuba.
Años más tarde, en septiembre de 1970, se inaugura esta escultura, la cual fue creada por el escultor Ramón Muriedas. Tras su inauguración, "La muyerona" fue colocada en su pedestal en el Rinconín junto a una inscripción: “A las madres de nuestros migrantes que con sus vidas son surco profundo de nuestra España”.
CRÍTICAS, HERIDAS Y ATAQUES
Tras su inauguración comenzaron los ataques. La escultura recibió un gran número de críticas y fue muy mal recibida por la prensa. La ciudadanía opinaba que era demasiado moderna para la época, que no representaba realmente a las mujeres en esos tiempos, y que esperaban algo mucho más clásico.
Fue insultada, pintarrajeada, mutilada e incluso llegó a sufrir un atentado con una bomba de fabricación casera. ¿Quién diría que una escultura tan odiada en esos tiempos podría llegar a ser hoy un gran icono, símbolo y madre para los gijoneses?
Tras muchas reparaciones, a partir de los 90 se empieza a redefinir este gran símbolo como un icono múltiple: histórico, migratorio, popular, local, político y femenino.
Hoy, “La Lloca” sigue al borde del Cantábrico con su brazo extendido en un adiós eterno esperando a que sus hijos vuelvan. Lo que un día fue rechazo es ahora símbolo: una madre para Gijón y una historia que emociona a quien la contempla.
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