El duelo entre piratas de Ibiza
La isla de Ibiza, como casi todo el litoral Mediterráneo, fue asolada por ataques de piratas y corsarios entre los siglos XV y XIX. Los llamados `piratas de Ibiza´ eran barcos dedicados a capturar otros barcos amparados por una “patente de corso” de la corona española; tenían derecho a enarbolar su bandera y obtener cobijo en sus puertos a cambio de entregar una parte del botín a la autoridad que le “legitimaba”.
Con el declive de los ataques otomanos en el siglo XVIII les relevaron en el saqueo de las Baleares los ingleses y franceses. Los baleares también se dedicaron al corso, atacando a los barcos ingleses y franceses que comerciaban con la isla de Menorca (que estuvo casi todo el siglo XVIII en manos de esas potencias); también se fueron aventurando en las costas del norte de África asaltando a los barcos y poblaciones de argelinos y tunecinos. Por ello, comienzos del siglo XIX los combates en los mares de las islas Baleares eran generalmente entre barcos españoles, ingleses y franceses. Pero la supremacía en aquellos mares la tenía el bergantín Felicity, armado por el navegante italiano Michelle Novelly, tenía base en Gibraltar y pabellón inglés. Por su origen y su prepotencia, Novelly era conocido con el sobrenombre de “El Papa”.
En el puerto de Ibiza se encontraba a la espera de limpiar sus fondos, el jabeque —pequeña embarcación de estilo argelino dotada de velas latinas y remos—San Antonio y Santa Isabel. A pesar de tan religioso nombre, se trataba de una pequeña nave corsaria, propiedad del marino ibicenco Antonio Riquer.Al ver evolucionar el buque rival Riquer se dio cuenta que la ausencia de viento le daba ventaja a una nave movida a remo, por lo que convocó a sus hombres; rápidamente prepararon una buena cantidad de “frascos de fuego” (que contenían líquidos inflamables) y se pertrecharon de numerosas armas de fuego y ganchos de abordaje. Embarcaron en su jabeque y se dirigieron remando hacia el navío enemigo, mucho más grande y dotado de artillería muy superior. Su audacia les cogió por sorpresa a la tripulación de la Felicity, que sin suficiente viento para maniobrar no consiguió ponerse en posición para cañonearles a distancia. Riquer maniobró su embarcación, consiguiendo acercarse con ventaja a la Felicity, y lanzarle los “frascos de fuego”. Esto provocó un incendio en la Felicity y les permitió a los ibicencos abordar el bergantín, entablando una lucha con los tripulantes del navío que no se había tirado al mar huyendo del fuego. Todo el combate duró tan solo unos veinte minutos, con el balance de 11 muertos y 22 heridos ingleses, y 5 muertos y 22 heridos ibicencos; uno de los fallecidos fue el padre de Antonio Riquer. La lucha tuvo lugar ante la asombrada población local, que desde las murallas contempló entusiasmada como la embarcación más pequeña volvía remolcando a remo el temido barco corsario.
Texto de Ignacio Suarez-Zuloaga e ilustración de Ximena Maier