El primer ayuntamiento democrático de España
La aleccionadora historia del primer ayuntamiento democrático de España pone de manifiesto cómo un recto proceder acompañado de perseverancia puede llegar a superar los mayores imponderables. Aunque también demuestra que una acción pionera puede quedar en un resultado aislado, sin sentar precedentes que formen una tendencia generalizada.
La canaria isla de La Palma tiene una apasionante historia. Fue conquistada y colonizada desde el siglo XV por castellanos, genoveses, franceses, portugueses y flamencos, cuyos descendientes hidalgos acapararon los puestos del concejo que la gobernaba. Se trató de una ínsula de enorme importancia estratégica, pues era la última que tocaban los barcos europeos antes de cruzar el Atlántico; razón por la que su puerto tenía un gran tráfico, estaba muy bien protegido y sufrió tremendos ataques de piratas y corsarios.
En 1766, la nueva normativa sobre gobierno local promulgada por el rey Carlos III abrió la posibilidad de que la burguesía local pudiera compartir los puestos de gobierno de los concejos municipales con las familias hidalgas que venían acaparándolos. La participación en las elecciones para los cargos de diputados y síndicos estaba restringida a los vecinos varones, que residían y pagaban impuestos por sus viviendas, y que tenían más de 25 años. Primero se elegía una docena de compromisarios y entre estos se elegía a los mencionados cargos.
La presión a la que fue sometido O’Daly por las familias caciquiles de La Palma le aconsejó emigrar a la Península, decidiendo presentar una demanda ante el Consejo Supremo de Castilla. En 1771 éste dictaminó que los regidores pasasen también a ser elegidos, desapareciendo el cargo de ‘regidor perpetuo’ en La Palma. A partir de entonces, los regidores, al igual que los diputados y el síndico, pasaron a elegirse cada dos años. Esto supuso que la isla de La Palma fue posiblemente el primer ayuntamiento democrático de España.
Texto de Ignacio Suárez-Zuloaga e ilustraciones de Ximena Maier