León / Entierro de Genarín
Miles de personas conmemoran cada Semana Santa la muerte de un putero y borracho leonés de principios del XX
¿Una fiesta en honor de un perdulario en la católica España del siglo XX? Pues sí. Insólita, juerguista, atrevida, la fiesta del Entierro de Genarín (véase la historia completa del personaje), que recorre el barrio Húmedo y el resto del casco antiguo de León la noche del Jueves Santo, congregando en la actualidad a más de 15.000 personas, es un ejemplo del espíritu transgresor que, sorteando o retando conservadurismos y censuras, aflora en ocasiones en el carácter español.
Nicolás Pérez Porreto (árbitro de fútbol), Eulogio el gafas (taxista y cantante de copla), Luis Rico (adinerado que dilapidó su fortuna en juergas) y Francisco Pérez Herrero (poeta), quienes se reunieron en la Plaza del Grano para iniciar un recorrido por las tascas y burdeles que frecuentaba su difunto amigo Genaro.
Año a año, aquella convocatoria anual, siempre en la madrugada del Jueves al Viernes Santo, fue ganando seguidores e incorporando rituales y liturgias afines al espíritu vividor de Genarín, creándose la Cofradía de Nuestro Padre Genarín. Pero la tolerancia de la catolicísima España franquista con tan profano evento, que ganaba en seguidores a la religiosa procesión del Viernes Santo, finalizó en 1957 con su prohibición; volviendo a las calles de León, con el advenimiento de la Democracia, veinte años después, en 1977, con Perez Herrero, único de “Los Evangelistas” con vida entonces, el grupo teatral La Fragua y un grupo de jóvenes leoneses como impulsores de su recuperación. El desenfadado Entierro de Genarín requiere de una inagotable capacidad para la ingesta de orujo a quienes participan en ella.
Acabada la cena, en torno a la una del Viernes Santo, los cofrades cargan a hombros, en la Plaza del Grano, los pasos de la Procesión: La Cuba (en el que van las ofrendas), la imagen de Genaro, la Muerte y “La Moncha” (prostituta que socorrió a Genaro tras el fatal accidente). La procesión es acompañada por cuatro cabezudos que representan a los “Evangelistas” de Genarín. Iluminada por antorchas, la procesión hace tres paradas, por este orden: la Calle de la Sal, donde se leen los versos correspondientes; la Catedral de León, donde un nuevo el brindis se acompaña con rimas y, tras recorrer la larga Calle de Cardenal y atravesar Puerta Castillo ( el “Arco de la Cárcel”) llega al cubo de la muralla donde Genarín encontró la muerte.
Allí el “Hermano Colgador” trepa la muralla para depositar las ofrendas: queso, pan, naranjas, una corona de laurel y, cómo no, una botella de orujo. Ni que decir tiene que el “Vía Crucis” termina con cofrades, penitentes y público participante en un estado tal de embriaguez que todos ellos bien serían capaces de reventar un alcoholímetro.