¿Por qué llaman «gatos» a los madrileños? La leyenda detrás del apodo más castizo
La leyenda medieval que explica por qué a los nacidos en Madrid se les conoce como «gatos».
La leyenda medieval que explica por qué a los nacidos en Madrid se les conoce como «gatos».
A los zaragozanos se les conoce popularmente como maños; a los malagueños, como boquerones; y a los ceutíes, como caballas. Madrid tampoco se queda atrás en materia de apodos: desde hace generaciones, a las personas nacidas en la capital se las llama coloquialmente gatos.
La explicación más conocida nos lleva hasta el Madrid medieval y hasta un misterioso soldado que, según la tradición, escaló la muralla de la ciudad con la agilidad de un felino. Sin embargo, en esta historia no siempre resulta sencillo separar los hechos documentados de la leyenda.
¿Quién puede considerarse un «gato» madrileño?
El Diccionario de la lengua española define gato o gata, en su uso coloquial, sencillamente como una «persona nacida en Madrid». Por tanto, desde un punto de vista lingüístico, basta con haber nacido en la ciudad para recibir este apelativo.
La tradición popular es bastante más exigente. Según una creencia muy extendida, un auténtico gato debe pertenecer al menos a la tercera generación de madrileños: además de haber nacido en Madrid, también deberían haberlo hecho sus padres y sus cuatro abuelos.
Esta condición genealógica no constituye una norma oficial, sino una costumbre castiza que refuerza la idea de pertenencia a la ciudad. En el habla cotidiana, el término se aplica con mucha más libertad.
Mayrit, la fortaleza que dio origen a Madrid
Para comprender la leyenda hay que viajar hasta el siglo IX, cuando Madrid todavía era conocida como Mayrit, Mayryt o Magerit, dependiendo de la transcripción utilizada.
La ciudad fue fundada durante el gobierno del emir cordobés Muhammad I, que reinó entre los años 852 y 886. Las fuentes municipales sitúan la creación del enclave fortificado entre 860 y 880.
Mayrit nació como un asentamiento militar situado en una colina de la margen izquierda del Manzanares. Su posición permitía vigilar las rutas que atravesaban la sierra de Guadarrama y reforzar la defensa de Toledo, una de las principales ciudades de la Marca Media de al-Ándalus. Alrededor de la fortaleza fueron creciendo viviendas, espacios religiosos y arrabales hasta formar un pequeño núcleo urbano.
El primer recinto amurallado ocupaba el entorno de los actuales Palacio Real, catedral de la Almudena y Cuesta de la Vega. Todavía se conserva un tramo de más de 120 metros de longitud, con una altura máxima de unos 11,5 metros y un espesor aproximado de 2,6 metros. Sus torreones de planta cuadrangular constituyen uno de los principales testimonios del Madrid andalusí.
El soldado que escaló la muralla como un gato
La explicación tradicional del apodo se sitúa durante las campañas de Alfonso VI, rey de León y de Castilla, para hacerse con el territorio de la taifa de Toledo.
Las fuentes no coinciden por completo en la fecha exacta en la que Mayrit pasó a manos cristianas. Algunas sitúan la incorporación de la ciudad hacia 1083, mientras que otras emplean el año 1085, coincidiendo con la conquista de Toledo. En cualquier caso, el episodio se produjo durante el reinado de Alfonso VI.
Según cuenta la leyenda, las tropas cristianas se encontraron ante una fortaleza difícil de asaltar. Mientras los soldados estudiaban cómo superar sus defensas, uno de ellos se adelantó y comenzó a trepar por la muralla.
El joven habría escalado el muro clavando una daga o un puñal entre las juntas de las piedras. Se movía con tal rapidez, sigilo y destreza que quienes lo observaban desde abajo dijeron que parecía un gato.
Una vez alcanzada la parte superior, habría sustituido la enseña musulmana por la cristiana y facilitado la entrada de sus compañeros. Desde entonces, siempre según la tradición, el soldado fue conocido como el Gato. Algunas versiones añaden que el sobrenombre pasó a sus descendientes y terminó convertido en apellido.
Con el tiempo, el apelativo habría dejado de identificar únicamente a aquella familia para extenderse al conjunto de los nacidos en Madrid.
¿Historia verdadera o leyenda madrileña?
El contexto general del relato sí está respaldado por la historia y la arqueología. Mayrit fue una fortaleza andalusí fundada en el siglo IX, estuvo protegida por una importante muralla y pasó a formar parte de los dominios cristianos durante las campañas de Alfonso VI.
En cambio, no se conoce con seguridad la identidad del supuesto escalador ni se dispone de una fuente medieval que permita confirmar todos los detalles de su hazaña. Tampoco puede demostrarse que un único soldado diera origen al apodo empleado actualmente para los madrileños.
Por esta razón, lo más riguroso es hablar de una leyenda tradicional inspirada en el pasado medieval de Madrid. Como sucede con tantas historias populares, su valor no reside únicamente en que los hechos ocurrieran exactamente de esa manera, sino en que la narración ha pasado de generación en generación y se ha convertido en parte de la identidad de la ciudad.
Los restos de la muralla que todavía pueden visitarse
Quienes deseen acercarse al escenario de la leyenda pueden visitar el parque del Emir Mohamed I, junto a la Cuesta de la Vega y la catedral de la Almudena. Allí se conserva uno de los tramos más importantes del primer recinto amurallado de Madrid.
También pueden contemplarse restos de la muralla islámica integrados en la Galería de las Colecciones Reales, donde los hallazgos arqueológicos permiten comprender mejor el nacimiento de la ciudad y su relación con el antiguo alcázar.
Hoy, la palabra gato continúa siendo uno de los apelativos más queridos y reconocibles de Madrid. Oficialmente designa a cualquier persona nacida en la capital; en la tradición castiza, se reserva a quienes pueden presumir de varias generaciones madrileñas. Y, en el terreno de la leyenda, recuerda a aquel ágil soldado que logró subir una muralla donde los demás solo veían un obstáculo.
Sigue nuestro canal de WhatsApp para descubrir lo más fascinante de España 😍🎉

