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De tapas por Valladolid: monumentos, vinos y zonas de tapeo

Valladolid es un lugar perfecto para descubrir un rico patrimonio, disfrutar del tapeo y dejarse seducir por las delicias del enoturismo.
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Valladolid es un lugar perfecto para descubrir un rico patrimonio, disfrutar del tapeo y dejarse seducir por las delicias del enoturismo.

Iglesias y palacios llenos de esplendor, plazas monumentales y una cultura vibrante. Estos son algunos de los ingredientes de Valladolid, un destino de gastronomía y enoturismo simplemente sobresaliente. Ponemos rumbo a sus calles para descubrir cuál es la receta que hace de este enclave en Castilla y León un lugar tan apetecible.

 

No importa por dónde empecemos a caminar, que el paseo pronto vaticinará una visita repleta de monumentos fascinantes. Auténticas joyas de la arquitectura como la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, diseñada por el renombrado arquitecto Juan de Herrera en el siglo XVI. 

La catedral nunca llegó a completarse, de ahí que reciba el apodo de ‘la inconclusa’. No obstante, este templo ofrece una visita muy interesante, especialmente el ascenso a la torre, con vistas espectaculares de la ciudad, y el Museo Diocesano y Catedralicio que alberga en su interior. 

Si seguimos caminando por las calles que conforman el corazón histórico de Valladolid, nos toparemos con edificios asombrosos como el Colegio de San Gregorio, con su majestuosa fachada. Al adentrarnos en él, encontramos bellísimas ornamentaciones y espacios dignos de ser la sede del Museo Nacional de Escultura.

Patio del Colegio de San Gregorio
Patio del Colegio de San Gregorio. | Shutterstock

Y el patrimonio de Valladolid seguirá desplegándose a nuestro paso de forma infinita. Merece la pena acercarse a lugares como el Palacio Real, el Pasaje Gutiérrez y las iglesias de Santa María de la Antigua y San Pablo, entre otros rincones de gran valor histórico que nos invitan a viajar a épocas pasadas.

Sin embargo, al recorrer Valladolid es imposible ignorar los deliciosos aromas que desprenden las cocinas de sus bares y restaurantes. Y, cuando el apetito llama, es muy recomendable sucumbir a los encantos de la que se considera la Capital Mundial de la Tapa. 

Su fama internacional se debe, en parte, a que cada noviembre acoge dos eventos gastronómicos de gran prestigio: el Concurso Nacional de Pinchos y Tapas y el Campeonato Mundial de Tapas. Cuando ambos certámenes finalizan, la ciudad celebra el Festival Internacional de la Tapa.

En definitiva, ir de tapas es una actividad turística imperdible en Valladolid. Hay algunas zonas especialmente atractivas para disfrutar del tapeo, y ese es precisamente el rumbo de nuestro trayecto.

Una primera parada con sabor local puede ser el Mercado del Val, un edificio histórico construido en el siglo XIX donde se respira la vida cotidiana de Valladolid. Además de puestos tradicionales como fruterías, charcuterías y queserías, el mercado cuenta con una selección de gastrobares con comida de calidad y un ambiente muy animado.

Plaza Mayor de Valladolid
Plaza Mayor de Valladolid. | Shutterstock

A pocos metros de distancia se encuentra la Plaza Mayor de Valladolid, punto neurálgico del día a día de la ciudad y eje de referencia de una de las zonas de tapas más populares de Valladolid. Este impresionante espacio rojo y blanco erigido sobre un antiguo mercado despliega ante nuestros ojos la que fue la primera plaza mayor regular de España, en la cual se inspiraron otras como la de Madrid. Más allá de la imponente Casa Consistorial, sede del Ayuntamiento de Valladolid, la Plaza Mayor ofrece bares y terrazas donde es muy agradable sentarse a tomar algo. 

En los alrededores de la plaza sobran los locales con solera y buena comida, por lo que merece la pena patear el área, empaparse en la auténtica atmósfera vallisoletana y probar tapas y vinos. En ese aspecto, merecen especial mención la calle Correos y la Plaza Martí y Monsó

A menos de diez minutos a pie de la Plaza Mayor se encuentra la catedral, cuyo entorno supone una continuación ideal para cualquier ruta de tapas por Valladolid. La contigua Plaza de Portugalete nos acoge con sus bares y terrazas con vistas al gran monumento.

Si quedan ganas de seguir caminando, no está de más seguir el cauce del Paseo de Zorrilla, que parte desde la monumental Plaza de Zorrilla. El paseo bordea el Parque Campo Grande y discurre, en gran medida, de forma paralela al río Pisuerga. En sus aceras se pueden encontrar bares y restaurantes para todos los gustos, perfectos para escoger una mesa de interior o terraza. 

Vista aérea de Valladolid y el río Pisuerga
Vista aérea de Valladolid y el río Pisuerga. | Shutterstock

También hay que destacar barrios como Parquesol y Villa del Prado, donde hay establecimientos nuevos de tapas que ya tienen galardones incluso a nivel regional. Acercarse a ellos es una buena manera de descubrir propuestas gastronómicas interesantes.

Ya sea en locales pequeños e íntimos, en asadores tradicionales o en restaurantes de alta cocina, comer en Valladolid siempre es una experiencia excelente. Se paladea en las tapas elaboradas con productos de cercanía y en los platos de toda la vida, como el lechazo asado, así como en deliciosos cocidos y guisos de cuchara. 

Todas estas delicias hay que acompañarlas con una hogaza de pan de Valladolid. Es un pan de sabor castellano, sabor a trigo, con miga blanca y corteza delicada. No en vano tiene su propia Marca de Garantía desde septiembre del 2004.

Por su parte, las personas que disfruten de la gastronomía y el enoturismo no pueden pasar por alto la oportunidad de degustar los exquisitos vinos de Valladolid, donde se distinguen 8 denominaciones de origen en total: Rueda, Ribera del Duero, Cigales, Toro y León junto con las Denominaciones de Origen Protegida (DOP) Urueña, Abadía Retuerta y Dehesa Peñalba.

Una buena copa de vino es la compañía perfecta para una ruta de tapas, aunque hay mil formas diferentes de explorar la cultura del vino en la ciudad y sus alrededores. Visitar alguna de sus más de 200 bodegas, realizar una cata de vinos o simplemente pedir una botella de vino local en sus restaurantes son solo algunos ejemplos de la diversa oferta de actividades de enoturismo en Valladolid. 

Con el rico regusto de los vinos vallisoletanos, damos por finalizada esta ruta por una ciudad repleta de esculturas, monumentos, fragancias y sabores. Porque Valladolid se disfruta con todos los sentidos, desde las fotografías que erizan el vello hasta las cucharadas más cálidas y acogedoras de la gastronomía local.

Artículo escrito en colaboración con Saborea España.