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Sabores de siempre para despedir el año: ideas para una Nochevieja casera

La cena de Nochevieja es una ocasión especial que puede disfrutarse al máximo sin estrés ni exceso de trabajo con la planificación adecuada.
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Imagen: Shutterstock
La cena de Nochevieja es una ocasión especial que puede disfrutarse al máximo sin estrés ni exceso de trabajo con la planificación adecuada.

En Nochevieja, las cocinas se llenan de aromas a caldo, masas recién horneadas y toques salados que anuncian una velada larga, con sobremesas tranquilas y conversaciones que se alargan mientras los platos van desapareciendo. Cada familia tiene sus costumbres, pero el punto en común suele ser recurrir a platos que se pueden preparar con antelación, para que ningún miembro de la familia esté atado a los fogones y todos puedan disfrutar de tiempo juntos. Una buena idea es empezar a planificar el menú con antelación, para lo cual puede ser muy útil consultar un folleto de supermercado para ver los ingredientes que hay disponibles y las ofertas que pueden hacer que la cena salga más barata. Tras eso, solo queda elegir entre las diferentes opciones de las recetas más populares para despedir la última noche del año. Aquí te dejamos algunas de las más habituales para que no te falte la inspiración.

Postres fáciles de preparar el día anterior

Los postres para Nochevieja perfectos son de sabores clásicos que gustan a todos y se pueden preparar con un día o dos de antelación y dejar en la nevera. La mousse de limón es una buena opción porque se prepara con yogur, nata y zumo de limón, se deja enfriar y llega a la mesa con un punto ácido que ayuda a suavizar la cena. La tarta de queso sigue apareciendo en muchas casas, ya sea horneada o fría, y solo necesita un buen batido de queso crema, azúcar y huevos o gelatina, según la versión.

Para quienes prefieren postres tradicionales, el tocino de cielo ofrece intensidad con pocos ingredientes: yemas, azúcar y almíbar. Aunque es más dulce que otros postres, una ración pequeña encaja bien después de un menú variado. La tarta de la abuela completa el repertorio con su mezcla de galletas mojadas en leche, crema y capas de chocolate, un postre que se arma en una fuente grande y que suele gustar tanto a mayores como a niños.

Picoteo clásico que nunca falla en Nochevieja

La mayoría de los hogares abren la cena con una selección amplia de entrantes para todos los gustos. Las empanadas son una apuesta segura para poder preparar comida en cantidad sin complicarse. Al hacerla con masa comprada y un sofrito de cebolla, pimiento y el relleno elegido —atún, carne o verduras— se obtiene una pieza que aguanta caliente o fría y que se corta sin que se desmonte. Y, si quieres sabores más innovadores, puedes experimentar con otros rellenos como morcilla y manzana o cebolla caramelizada, queso gorgonzola y nueces.

El surtido de ibéricos ayuda a completar la mesa sin necesidad de cocinar, sobre todo si se combina con un buen pan y un poco de queso curado. Y lo mismo ocurre con el marisco, que en la mayoría de los casos no requiere cocinado porque se compra ya cocido, o como mucho exige unos minutos en el horno y un chorro de aceite y ajo picado, como unos buenos gambones.

Los canapés también permiten combinaciones rápidas de ingredientes —queso crema, anchoas, patés, salmón o huevo duro— que se preparan en cinco minutos y permiten combinar sabores sin invertir mucho tiempo. Algo más de tiempo requieren otras recetas como el pastel de atún frío o los clásicos huevos rellenos, pero la ventaja es que pueden prepararse la noche anterior, aguantan perfectamente en la nevera y llegan a la mesa con buena presencia sin esfuerzo.

Sopas y cremas para abrir la cena con algo reconfortante

El primer plato suele buscar equilibrio entre sabor y calidez, con el objetivo de preparar los estómagos para lo que viene después. La sopa de marisco es un clásico porque parte de un caldo casero hecho con cabezas y cáscaras de gambas, al que se añade un sofrito ligero y algo de pescado blanco para dar cuerpo. Rinde mucho y es fácil de recalentar cuando llegan los invitados. Para bolsillos más apretados, la sopa de picadillo es una alternativa igualmente sabrosa pero más económica, a base de caldo de pollo, huevo, jamón y carne deshilada.

Quienes prefieren un plato más suave pueden optar por cremas de verduras. Las más comunes se preparan con puerro, calabacín o calabaza, pero la crema de col lombarda aporta un color distinto y una textura interesante si se tritura bien y se termina con un chorrito de nata o aceite de oliva. La ventaja de estas cremas es que se preparan por la mañana, se calientan en pocos minutos y no generan prisas justo antes de servir.

Carnes y pescados que lucen mucho y requieren poco trabajo

El plato principal depende del gusto y del presupuesto, pero hay opciones que simplifican el trabajo sin perder presencia. Las carnes rellenas con carne picada, frutos secos, espinacas o una mezcla de pan y hierbas, preparadas previamente en el supermercado o la carnicería, permiten ahorrar tiempo y esfuerzo. Se hornean despacio, se cortan bien en la mesa y no exigen atención constante. El solomillo es otra elección muy común porque admite varias preparaciones. En salsa tradicional basta con dorarlo, añadir cebolla, vino blanco y caldo, y dejar reducir. En versión Wellington se envuelve en hojaldre con una capa de champiñones picados, y se hornea hasta que el hojaldre queda dorado.

Para quienes prefieren un plato más contundente, la pata de cordero al horno es una solución estable: solo necesita un adobo sencillo de ajo, aceite, sal, vino blanco y hierbas, y unas dos horas de horno para quedar tierna. Si en casa gustan los pescados, la merluza a la marinera ofrece un resultado agradecido. Se cocina con cebolla, ajo, tomate, vino blanco y un puñado de mejillones o gambas, creando una salsa ligera que acompaña bien a cualquier guarnición.

Artículo escrito en colaboración con ALDI.