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Estas son las 4 mejores puestas de sol de Menorca

Menorca es un paraíso que adquiere la forma de una isla repleta de paisajes increíbles a los que los últimos rayos del sol confieren una magia especial.
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Menorca es un paraíso que adquiere la forma de una isla repleta de paisajes increíbles a los que los últimos rayos del sol confieren una magia especial.

Cuando llegas a Menorca y te recibe ese aire mediterráneo que huele un poco a sal, un poco a pino y mucho a libertad, entiendes rápido que aquí el tiempo no corre igual. Y si hay algo que se convierte casi en un ritual diario, es mirar al cielo mientras el sol se va apagando despacio, como si también le costara despedirse de esta isla. Porque sí, en Menorca los atardeceres son como pequeños espectáculos en los que el mar, el viento y las rocas se alinean para regalarte un momento que recordarás incluso cuando vuelvas a casa.

Faro de Cavalleria

Vista del atardecer desde el Faro de Cavalleria
Vista del atardecer desde el Faro de Cavalleria. | Shutterstock

Entre todos los rincones desde los que contemplar el atardecer, el Faro de Cavalleria ocupa sin duda un lugar privilegiado. No necesita grandes presentaciones: basta con sentarse en uno de sus acantilados y dejarse acariciar por la brisa mientras el cielo empieza a encenderse con colores cálidos. Aunque suele haber bastante gente, eso no le quita nada de magia; al contrario, hasta se contagia un poco ese silencio colectivo que nace cuando todos están viendo lo mismo, pero sintiéndolo distinto. 

Pont d’en Gil

Puesta del sol en el Pont d’en Gil
Puesta del sol en el Pont d’en Gil. | Dreamstime

Este lugar no necesita filtros ni edición. Un arco natural de piedra que se abre al mar y que, cuando el sol baja, parece que brilla desde dentro. Pero lo mejor es que aquí no todo es contemplación: puedes darte un baño justo antes del atardecer, lo que transforma la experiencia en algo aún más especial. Lo ideal es llegar caminando desde Cala en Blanes, con calzado cómodo y, si es posible, algo para picar mientras esperas a que el cielo se pinte de rojo. Lo verás lleno de fotógrafos, sí, pero también de parejas, familias y gente que simplemente quiere desconectar del mundo durante un rato. Desde el agua, el arco se vuelve aún más impresionante, y quienes optan por el alquiler de barcos en Menorca suelen elegir este lugar como uno de los favoritos para ver el atardecer.

Punta Nati

Atardecer en Punta Nati
Atardecer en Punta Nati. | Shutterstock

Hay quien dice que en Punta Nati se aplaude al sol cuando desaparece por el horizonte. Puede parecer exagerado, pero cuando estás allí, entiendes por qué. Es un sitio al que se llega fácil desde Ciutadella, y eso hace que en verano haya bastante ambiente. Pero lo bonito es que, aunque estés rodeado de desconocidos, se crea cierta conexión cuando todo el mundo observa lo mismo , esperando ese instante en que el sol se funde con el mar. Solo un consejo: llega con tiempo, porque el parking se llena rápido y los mejores sitios para sentarse no se reservan solos.

Monte Toro

Atardecer en uno de los miradores de Monte Toro
Atardecer en uno de los miradores de Monte Toro. | Shutterstock

No todo tiene que ser playa y faro. A veces, ver el atardecer desde lo alto cambia totalmente la experiencia. Monte Toro, el punto más alto de Menorca, brinda una panorámica completa de la isla y un atardecer que, aunque no se refleje en el mar, tiene algo hipnótico por la altura y el silencio. Aquí todo es más tranquilo, más íntimo, y si pillas un día despejado incluso podrás ver Mallorca a lo lejos. Es una opción perfecta si has pasado el día explorando el interior de la isla y quieres terminar con una vista que, sinceramente, no parece real.

En Menorca, cada puesta de sol tiene su propio estilo, su propia luz y, sobre todo, su propio ritmo. Lo importante es estar ahí, dejar el móvil un momento y simplemente mirar. Porque si algo tiene esta isla, además de playas increíbles y caminos de tierra que invitan a perderse, es esa capacidad de recordarte que, a veces, lo más bonito ocurre cuando el día termina.

Artículo escrito en colaboración con Ana García.