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Bajo el cielo de la Isla Bonita: paisajes y gastronomía de La Palma

Montañas, mares de nubes, cielos estrellados... La Palma sorprende con paisajes mágicos y una gastronomía muy propia.
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Montañas, mares de nubes, cielos estrellados... La Palma sorprende con paisajes mágicos y una gastronomía muy propia.

Cascadas que erigen puentes de cristal en bosques frondosos, mares de nubes sobre los que es un placer convertirse en caminante, atardeceres de un rojo candente que preceden a las más deslumbrantes bóvedas celestes… La Isla Bonita camina sobre un ecosistema fértil y su silueta canaria se enreda en telas de colores irreales a cada paso. Su personalidad es compleja y silvestre; su mirada, una heterocromía de azul océano y verde montaña, con pupilas negras como la roca volcánica y destellos astrales que iluminan las noches más oscuras. 

Hay quienes llegan a La Palma por las playas que acarician su contorno. No es difícil perderse en la belleza salvaje de su arena negra, la cual contrasta con el tono zafíreo de las olas que la oscurecen. Dicho contraste se acentúa en sus fascinantes calas y cuevas marinas, así como en las piscinas naturales que se forman en sus rocas. 

Sobre un lienzo de piedra destaca también la sal marina de Fuencaliente, una reliquia blanca que brilla en las salinas del mismo nombre. Los cristales se recolectan en un entorno privilegiado al borde del Atlántico, bajo la atenta mirada del Volcán de Teneguía.

Esta imponente montaña roja narra crónicas de lava y magma, pero también de paisajes increíbles modelados por el fuego y una rica vegetación que renace de sus propias cenizas. Dichos ciclos de destrucción y regeneración siguen vivos en el presente de La Palma, donde sucedió la última erupción volcánica de España, que tuvo lugar el 19 de septiembre de 2021. El protagonista fue el Tajogaite, un volcán en la dorsal de Cumbre Vieja cuya erupción se prolongó durante nada menos que 85 días. Años más tarde, es posible realizar una ruta para conocer las cercanías del cráter.

Es por eso que, en La Palma, cuyo corazón volcánico late sin pausa desde tiempos inmemoriales, aventurarse a recorrer una ruta de volcanes se traduce en descubrir escarpados barrancos, cráteres y panorámicas espectaculares en las que se observa la vida que surge entre el agua y el fuego, entre la vida y la muerte. Un ejemplo de ello es la impresionante ruta de 24 kilómetros que une el Faro de Fuencaliente y el Refugio de El Pilar.

En un contexto de tales antítesis complementarias germina un verdor intenso que insufla vida a la isla. Es un microcosmos de naturaleza desbordante, una gema esmeralda de bosques extensos y espacios protegidos como el extraordinario Parque Nacional de la Caldera de Taburiente, coronado por un colosal circo de 8 kilómetros de diámetro. Una amplia red de senderos señalizados permite explorar su prodigioso paisaje.

Parque Nacional de la Caldera de Taburiente
Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. | Dreamstime

Asimismo, en las tierras volcánicas de La Palma hunden sus raíces los cultivos que más adelante se transforman en ingredientes de su gastronomía. Productos de excelente calidad como el aguacate, el ñame, el boniato, el plátano o la almendra trasladan al paladar los mejores matices del paisaje palmero. 

Lo mismo sucede con sus quesos, reconocidos con la DOP Queso Palmero. Entre las especies que pastan en la Isla Bonita, merece especial mención la vaca palmera, una raza bovina autóctona de la isla que se encuentra protegida por su escasa población.

Desde los campos, las cosechas y las aguas cristalinas que rodean La Palma llegan a diario productos frescos a sus cocinas. Gracias a los oficios tradicionales y a las manos que los ejecutan con artesana destreza, dichos productos son trasladados a las tablas de cortar de las personas encargadas de cocinarlos, profesionales del arte culinario que saben extraer el máximo jugo a los sabores locales. 

De esta forma, los restaurantes de La Palma nos obsequian con auténticas delicias de mar y tierra que conversan con su pasado, su presente y su futuro, pues la gastronomía de la isla combina elaboraciones ancestrales con técnicas de vanguardia. Todo ello aderezado con un gusto propio que se encuentra en las pinceladas especiadas y ligeramente picantes del delicioso mojo palmero, la salsa que constituye uno de sus sabores más característicos.

Tras haber degustado el mojo y las tonalidades saladas de paisajes como el de Fuencaliente o la costa atlántica de La Palma, toca revelar el lado más dulce de la Isla Bonita. Su carta de postres desprende un aroma a almendra, tal y como se puede comprobar en delicias típicas como el bienmesabe, los almendrados y el queso de almendra. Otras recetas dulces que hay que probar en La Palma incluyen los quesillos, los marquesotes y el Príncipe Alberto, un manjar que se deshace en el paladar como una oleada de chocolate, avellanas y café.

Príncipe Alberto
Postre Príncipe Alberto. | Shutterstock

No obstante, si hay una corriente que baña la geografía palmera y la transfiere a sus sabores, es sin duda la de sus vinos. Son tesoros líquidos con denominación de origen que perfuman con sus viñedos la isla. Por ejemplo, el vino de tea se envejece en barricas fabricadas con madera del pino canario que le da nombre, lo cual aporta un delicado aroma resinoso al preciado caldo.

Es posible seguir degustando la ambrosía líquida de La Palma con el ron Aldea. Su receta consiste en destilar directamente el jugo de la caña de azúcar, un producto exquisito de La Palma que impregna sus paisajes y su gastronomía de dulzura, al igual que las excelentes mieles palmeras. Las cervezas artesanales de la Isla Bonita ofrecen otra vía para beberse La Palma y desgranar poco a poco sus carices.

Entre sorbo y sorbo, este pequeño paraíso canario va desvelando la idiosincrasia que esconden sus iris de mil colores. Se disipan las nieblas y los misterios, se desenredan los fulgores púrpura de los atardeceres y se despejan los cielos, tan nítidos y claros como el cristal. 

Hilos de plata, galaxias y universos enteros rutilan en paños de azul y malva sobre La Palma, que presume de tener uno de los cielos más limpios del mundo. En la vertiginosa fortaleza que es el mirador del Roque de los Muchachos, además de vistas extraordinarias, aguarda el que se considera el observatorio más importante del Hemisferio Norte, donde se encuentra el Gran Telescopio de Canarias, de renombre internacional. 

Observatorio del Roque de los Muchachos
Observatorio del Roque de los Muchachos. | Shutterstock

El Observatorio del Roque de los Muchachos está protegido por la Ley del Cielo de La Palma, la cual vela por la calidad astronómica de la isla. La reducción de la contaminación lumínica y la regulación del tráfico aéreo son algunas de las medidas que se han tomado para cuidar de los maravillosos cielos de la isla.

En definitiva, hablamos de un mirador que es perfecto para bañarse en las estrellas, los mares de nubes, las olas atlánticas y las profundas selvas que encierra la mirada enigmática y vibrante de una isla infinita.

Artículo escrito en colaboración con Saborea España.