La gastronomía de Gran Canaria, isla de contrastes
Dicen que los mejores perfumes vienen en frascos pequeños. Algo similar sucede con las islas, que a menudo enfrascan valiosas fragancias, complejas y diversas, entre sus orillas. Es el caso de Gran Canaria, un corazón de cristal que brilla en el Atlántico y custodia paisajes tan dispares como inverosímiles, tan ricos que llevan el sello de Reserva de la Biosfera de la Unesco.
En su interior se entreveran dunas doradas acariciadas por el sol y altas cumbres que reflejan el fulgor de las estrellas. Playas níveas bañadas por aguas cristalinas que parecen fotografías en negativo de los arenales negros de esencia volcánica. Bosques frondosos, ondulantes desiertos y relieves rojizos, todo ello recortado contra el lienzo azul del océano.
Como cabía esperar, un escenario de estas características ofrece todo tipo de experiencias que comienzan en sus ingredientes, en el delicioso aroma de su sal marina. La herencia aborigen de la recolección de sal en Gran Canaria se puede rastrear hasta antiguas salinas como la del Bufadero, en la localidad de Bañaderos. Al visitar alguna de las salinas en activo de la isla, como las de Bocacangrejo o Tenefé, se aprecian los especiales ecosistemas que se forman en torno a los charcos de tonos rosáceos.
El sabor a mar de la isla también se extiende a sus pescados, cuya salazón alimentaba, al mismo tiempo, la necesidad de obtener sal marina. Las aguas del archipiélago canario cuentan con un gran número de especies nativas. Concretamente en Gran Canaria, destacan el bonito listado, el atún y la vieja, un pescado muy apreciado cuya carne suele compararse con la del marisco.
Más allá del fruto de sus olas saladas, la fragancia de Gran Canaria también tiene pinceladas florales. Evoca los pétalos blancos de sus almendros, que tiñen el interior de la isla en los meses de invierno como un aromático manto de nieve. La Ruta del Almendro en Flor de Valsequillo y la Fiesta del Almendro en Flor de Tejeda son ocasiones ideales para comprobarlo.
Por su parte, la almendra está presente en la gastronomía grancanaria más dulce. El mazapán, el bienmesabe, el turrón canario y los polvorones de almendra son solo algunos ejemplos de su importancia en la repostería local. Esos sabores dulces también se degustan en las mieles de Gran Canaria, entre las cuales se distinguen diferentes tipos dependiendo del tipo de néctar y el paisaje en el que se obtienen, entre otros factores.
De hecho, los sorprendentes contrastes en la geografía insular resultan en una convivencia de microclimas que también se refleja en sus alimentos y sabores. Por ejemplo, el clima subtropical de Gran Canaria brinda exquisitas frutas tropicales como la piña de Gáldar y Guía, el aguacate verruga de Mogán, papayas, guayabas y granadas cuya producción se reparte a lo largo de la isla.
Especial mención merece, por supuesto, el plátano canario. Es uno de los ingredientes clave del sector primario de Gran Canaria y sus plantaciones se extienden, principalmente, por la costa norte de la isla. Degustar el fruto de las plataneras en su propio entorno es una forma de explorar el paisaje con los sentidos que se alinea con los valores de la agricultura grancanaria, basados en la sostenibilidad y el consumo de productos de cercanía.
Lo mismo sucede con las verduras que se siembran en la isla, las cuales trasladan notas de las huertas fértiles plantadas sobre tierras volcánicas a la gastronomía local. Otro de sus ingredientes estrella es la carne, particularmente la del cochino negro canario, una especie autóctona del archipiélago.
Asimismo, la pintoresca localidad de Teror, en la zona norte de Gran Canaria, destaca por sus embutidos. Los chorizos y las morcillas de Teror son una muestra de tradición transmitida por generaciones que enriquece la identidad gastronómica de esta isla canaria.
Una identidad que sobrevuela Gran Canaria y su archipiélago para trascender sus fronteras gracias, en parte, al popular gofio. Este alimento con base de harina de cereales se encuentra integrado en la gastronomía de las islas, tanto en las elaboraciones tradicionales como en las versiones más experimentales que retratan los sabores canarios a través de recetas innovadoras. Por si fuera poco, el gofio es un alimento saludable con propiedades nutricionales beneficiosas que ha formado parte de la dieta canaria desde tiempos remotos.
Las versiones actuales de la cocina grancanaria, revolucionada por las ideas frescas de las nuevas generaciones de jóvenes chefs, se manifiestan en sus restaurantes de alta cocina, algunos de los cuales han sido premiados con estrellas Michelin y Soles Repsol. Por ejemplo, se pueden mencionar Los Guayres y La Aquarela, en el municipio de Mogán; y Tabaiba, Poemas by Hermanos Padrón y Muxgo en la capital, Las Palmas de Gran Canaria. Este último restaurante ha sido condecorado con la única Estrella Verde Michelin de Canarias.
Por otro lado, para disfrutar de un sorbo cálido al paisaje grancanario basta con paladear el delicioso café de Agaete. En una taza de esta bebida cabe la esencia de sus tierras volcánicas y del Valle de Agaete, un escenario natural de cuento enclavado entre verdes montañas. En este rincón de la isla se descubren ejemplos de arquitectura tradicional, árboles frutales, especialmente cítricos, y preciosas rutas de montaña para practicar senderismo con vistas espectaculares.
Otro de los tesoros líquidos de Gran Canaria es el ron Arehucas, destilado en la ciudad norteña de Arucas. Aquí, además de degustar la exquisita bebida a base de caña de azúcar, podemos visitar el Museo del Ron y el Mundo del Plátano, un centro de interpretación que explora la influencia del cultivo de plátano en Gran Canaria.
Si ponemos rumbo al interior de la isla, llegaremos a Valleseco, una encantadora localidad con casas blancas y coloridas que desprende un delicado aroma a manzanas. A partir de este producto local se elabora la prestigiosa sidra de Valleseco, reconocida como una de las mejores del mundo.
En cambio, no es necesario viajar para disfrutar de un buen vino local. Gracias a la riqueza del suelo volcánico y a su clima favorable, el cultivo de la vid abunda en la isla. La Denominación de Origen Gran Canaria abarca variados vinos de uvas autóctonas cuyos matices desvelan parajes extraordinarios.
Una vez apurada la copa, la experiencia de enoturismo nos conduce a la Ruta del Vino de Gran Canaria. De esta forma, la cata transcurre a través de hermosos viñedos, bodegas y enotecas. La Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN) ha reconocido esta ruta del vino como la única certificada en las Islas Canarias.
El recorrido marida a la perfección con la gastronomía tradicional de Gran Canaria y hace parada en tiendas especializadas y queserías, donde se pueden probar los excelentes quesos artesanos de la isla, que cuenta con una arraigada cultura. De hecho, Gran Canaria presume de tener su propia Ruta del Queso, un recorrido por diferentes queserías en el norte de la isla.
Para culminar el presente viaje de paisajes y sabores, no hay nada como acudir a las Ferias Km. 0 Gran Canaria. Forman parte de una iniciativa que tiene como objetivo poner en valor los productos locales, sostenibles y de cercanía. Con ese fin, las ferias itinerantes descubren diferentes municipios y dan visibilidad a los alimentos de calidad que sacan a relucir lo mejor de la geografía grancanaria.
En una última mirada, nos dejamos embriagar por un perfume que, aunque ocupe un frasco pequeño, una gota en la inmensidad del Atlántico, irradia una gran riqueza. Entre sus postales de belleza salvaje, espejismos de volcanes, desiertos y montañas boscosas, refulgen mil destellos que se traducen en sabores, cultura, historia. Auténticas constelaciones que iluminan una isla de cielos inmaculados, perfectos para observar los astros; de ahí que haya sido reconocida como Destino Turístico Starlight, prueba irrefutable de la calidad de sus cielos. Al fin y al cabo, en esta isla de contrastes siempre se impone el hechizo de la naturaleza más pura.