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La acogedora gastronomía de Burgos

Burgos es lugar de encuentro de historia, patrimonio y esencia jacobea. Conocer sus sabores significa comprender por qué forma parte de la Red de Ciudades Creativas de la Gastronomía de la Unesco.
La acogedora gastronomía de Burgos
Burgos es lugar de encuentro de historia, patrimonio y esencia jacobea. Conocer sus sabores significa comprender por qué forma parte de la Red de Ciudades Creativas de la Gastronomía de la Unesco.

Una ciudad histórica con un patrimonio extraordinario, parada esencial en el entramado jacobeo y un destino gastronómico que se disfruta con todos los sentidos. Entre los numerosos atractivos de Burgos, los que conciernen al paladar ocupan, sin duda, un lugar especial. Es por eso que, en esta ocasión, nos internamos en las calles de Burgos para conocer sus sabores propios.

En primera instancia, al recorrer la ciudad es inevitable detener la mirada en su arquitectura. Esculturas, casas tradicionales, museos que encierran valiosas reliquias del pasado… El turismo cultural adquiere un nuevo significado en una ciudad donde la historia se narra en cada ángulo tallado por el tiempo. 

 

Paso a paso, el visitante desvela los encantos del punto de unión de 3 elementos de la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco. El primero de ellos es la ineludible Catedral de Burgos, esplendorosa joya del gótico que, además de una arquitectura sublime, custodia una rica colección de arte. La construcción del templo comenzó en el año 1221 y, desde entonces, no ha dejado de asombrar a toda persona que la admira por primera vez. 

El segundo elemento se corresponde a la esencia jacobea de Burgos, parte fundamental del Camino de Santiago. Las pisadas peregrinas se internan en la ciudad desde tiempos remotos, testigos invisibles de su eterna transformación.

Catedral de Burgos y estatua en honor a los peregrinos
Catedral de Burgos y estatua en honor a los peregrinos. | Shutterstock

Prueba de esa naturaleza cambiante, aunque siempre fiel a sus antiguas raíces, es el tercer Patrimonio Mundial que se puede descubrir al visitar Burgos: el sitio arqueológico de Atapuerca. Las cuevas de la Sierra de Atapuerca se encuentran a pocos kilómetros de la ciudad y albergan vestigios fósiles de los primeros asentamientos humanos en Europa. Quienes tengan interés por la arqueología no pueden perderse el Museo de la Evolución Humana, ubicado en el centro de Burgos.

Asimismo, la intersección del pasado y el presente se percibe en una cocina que se encuentra en constante evolución. Germina en los productos típicos que le dan fama y llevan su nombre, como la morcilla y el queso de Burgos; así como en las recetas tradicionales, como la olla podrida y la sopa castellana.

La gastronomía burgalesa parte de un recetario cálido de cuchara y legumbres, un abrazo acogedor en los meses más fríos. Con esa base se construye una oferta culinaria rica y diversa. Esto se debe, en parte, a la labor de los profesionales de la hostelería que se inspiran en la tradición para crear sabores inéditos cada día. De hecho, cada vez más jóvenes apuestan por aportar nuevas perspectivas a la cultura gastronómica de Burgos, donde visitar monumentos y perseguir las huellas de la historia es tan revelador como realizar un viaje gastronómico repleto de matices. 

Dicha experiencia se desarrolla entre las calles con encanto y los bares y restaurantes que aloja Burgos. Sus aromas incitan a acercarse a las barras y ojear los manjares que ofrecen, una combinación de ingredientes de la tierra y elaboraciones de vanguardia que no deja a nadie indiferente.

Zona de bares en Burgos
Zona de bares en Burgos. | Shutterstock

Son reflejos de la arraigada cultura del tapeo de la que disfrutan tanto locales como personas viajeras. Las diversas rutas de tapas que se pueden realizar por Burgos demuestran que, efectivamente, se trata de un destino ideal para complacerse con una exquisita ración de turismo gastronómico. Entre las tapas que más triunfan, hay que destacar el “cojonudo” y la “cojonuda”, que se elaboran con pan tostado, huevo de codorniz, chorizo o morcilla, y alegría riojana (que, además de una emoción, es una variedad de guindilla).

Dos de las rutas de tapeo más populares son, por un lado, la que parte de la catedral y recorre calles como San Lorenzo y Sombrerería, así como puntos clave como el Espolón y las Llanas; y, por otro, la que sigue el itinerario del Camino de Santiago desde la calle de Las Calzadas hasta la de Fernán González. También hay rutas temáticas que se adaptan a cada paladar, como la ruta de las bravas y la cerveza, la ruta de la huerta, la ruta del lechazo…

Además, tanto dentro como fuera del casco histórico de Burgos hay numerosas zonas que son perfectas para disfrutar de la cocina local. Barrios como Vadillos, Gamonal y San Pedro de la Fuente, entre otros, ofrecen establecimientos magníficos para degustar el amplio abanico de sabores de la ciudad.

Por otra parte, Burgos fue Capital Española de la Gastronomía en 2013 y en 2015 pasó a formar parte en la Red de Ciudades Creativas de la Gastronomía de la Unesco. Los valores de evolución e innovación que caracterizan a su cocina, así como su compromiso con la sostenibilidad y las investigaciones realizadas en torno al ámbito de la alimentación saludable, son algunos de los factores que han contribuido a este último reconocimiento.

Catedral y casco histórico de Burgos
Catedral y casco histórico de Burgos. | Shutterstock

Al fin y al cabo, el estilo de vida de la ciudad de Burgos se nutre, en gran parte, de productos de kilómetro cero que son respetuosos con el planeta. Son frutas, verduras y hortalizas ecológicas que terminan en los mercados locales y abastecen las cocinas de la ciudad.  

De las tierras circundantes también llegan vinos maravillosos que acompañan a la perfección esas tapas y platos que triunfan en Burgos. En ese aspecto, merecen especial mención las denominaciones de origen Ribera del Duero y Arlanza. Como es natural, en este destino donde prima el buen comer, el enoturismo también brilla por la calidad del producto y la variedad de experiencias disponibles para disfrutarlo. 

En cualquier caso, los motivos por los que visitar Burgos son simplemente interminables, por lo que siempre es buena idea intercalar diferentes formas de conectar con la ciudad. Callejear por el casco histórico, contemplar sus soberbios monumentos, acercarse a la barra de un bar para comerse y beberse Burgos poco a poco, apreciando sus detalles… La lista continúa pero, más que suponer un problema, nos regala la excusa perfecta para regresar una y otra vez.

Artículo escrito en colaboración con Saborea España.