Las Notre Dame de España
El 15 de abril de 2019 asistimos atónitos al devastador incendio de la catedral de Notre Dame de París. La Señora, que tantas veces había sorteado el fantasma de la destrucción, tuvo al mundo entero pendiente de ella. Los parisinos, impotentes ante tal hecho y en un acto de total devoción, comenzaron a concentrarse para rezar y esperar que un milagro salvase de las llamas a su Dama.

Sin embargo, para la nueva Notre Dame es indispensable el trabajo de excelentes artesanos, bien cualificados y con altos conocimientos de su oficio. Esto, sin duda, ha supuesto que se abra una extraordinaria y fascinante convocatoria para formar artesanos de todos aquellos oficios casi olvidados (carpinteros, vidrieros, talladores de piedra, doradores, organistas…).
Hoy es Notre Dame, pero después serán otras obras claves del patrimonio francés que por su actual estado deberán rehabilitarse y/o restaurarse. Por fortuna, nos encontramos en un momento de revalorización de la calidad y el conocimiento, que sin dejar de lado los avances propios de nuestra época, harán que Notre Dame resurja nuevamente, más hermosa sin cabe.
Las Notre Dame españolas
Este hecho que tanto nos sorprendía, y que muchos no entendían que ocurriera en pleno siglo XXI, no es tan extraño o lejano en el tiempo a lo sucedido a varias de las catedrales de nuestro país.A principios de julio de 2001, el Archivo del Cabildo Catedralicio de la Mezquita-Catedral de Córdoba padeció la tragedia del fuego. Por fortuna, sólo afectó a una pequeñísima parte de la documentación conservada, siendo en su mayoría libros de cuentas de misas.
En octubre de 1994, una simple vela destruyó la Capilla de la Virgen de los Desamparados de la catedral de Teruel, Patrimonio de la Humanidad. El incendio no sólo afectó a la capilla, pues el humo provocó graves daños al retablo del Altar Mayor y a los artesonados mudéjares del siglo XIII.El domingo de Pentecostés de 1966 la catedral de León sufrió también la devastación de las llamas. De nuevo, un rayo fue el causante de tal destrucción. La enorme potencia del relámpago no pudo ser absorbida por el pararrayos, provocando un retroceso de la carga. Esto supuso que el hierro quedase candente y, al contacto con la madera de la techumbre, esta comenzara a arder.
La cubierta de la nave central y laterales quedó reducida a cenizas. Pero gracias a la correcta y muy acertada decisión de seguir los consejos del maestro cantero Andrés Seoane, la destrucción no fue a más.
El 18 de septiembre de 1614, un rayo causó la destrucción de gran parte de la Catedral de Segovia. Su torre, “más alta que la de Sevilla y más ancha que la de Toledo”, estaba coronada por un campanario que seguía el modelo de chapitel y había sido realizado en madera. Este fue alcanzado por un relámpago y comenzó a arder. En un primer momento, el fuego sólo afectó al chapitel, dejando intactas las campanas.
Sin embargo, una chispa cayó sobre la bóveda de la Capilla Mayor y el incendio se reanudó. Por fortuna, la lluvia apagó el fuego, pero la Dama de las Catedrales quedó gravemente dañada, no sólo por los estragos de las llamas, sino, además, por toda el agua se acumuló en su interior.
