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Casandro Mamés, el anagrama que escondía un nombre de mujer

“He visto, tan gustoso como admirado, el Tyrocinio aritmético de Casandro Mamés de La Marca y Araioa. Gustoso por el acierto y claridad con que su autor, aún en lo mínimo, muestra lo máximo (...) Porque, aunque de ello han escrito tantos, y todos con acierto, han puesto esta instrucción (que es la más necesaria) inserta en obras y tomos de mayor cuerpo cuyo coste es cuadruplicado que el de esta Obrilla, con la cual se hace fácil el logro y será raro el que no pueda quedar instruido”. Con estas palabras introducía el dominico fray Pedro Martínez el primer libro de Casandro Mamés de La Marca y Araioa, un nombre que era en realidad el seudónimo de una mujer. Una que fue pionera en los albores del siglo XVIII y dedicó su vida a la educación.

Firmado: Casandro Mamés de La Marca y Araioa

En 1738 se publicó en Zaragoza un libro titulado Tyrocino aritmético bajo la firma de un tal Casandro Mamés de La Marca y Araioa. El siglo XVIII fue el inicio del conocido como Siglo de las Luces. Bajo el movimiento cultural de la Ilustración, el conocimiento y la educación querían dejar de ser algo exclusivo para la nobleza y el clero, querían convertirse en un agente de cambio social y popular.

Casandro Mamés de La Marca y Araioa
Ilustración de la mujer que firmaba como Casandro Mamés de La Marca y Araioa. | Paula Garvi

El libro de Mamés de La Marca pretendía exactamente eso: hacer de la aritmética algo entendible por una sociedad eminentemente analfabeta. Esta obra, de cuya primera edición tan solo queda un ejemplar a resguardo de la Biblioteca Nacional, permitía aprender de forma sencilla el manejo de las cuatro reglas del álgebra menor: suma, resta, multiplicación y división. Para ello, se valía de un lenguaje sencillo así como de gran cantidad de ejemplos y casos reales.

Además, el Tyrocino aritmético revelaba también un brillante manejo de la autora de las unidades de medida. Por entonces cada comarca tenía las suyas propias, lo que daba lugar a confusiones y engaños en los intercambios comerciales. La obra de Mamés de La Marca hacía más fáciles estos cálculos.

El segundo libro firmado por el tal Casandro se tituló El Parasi solo. Este manuscrito versaba sobre aritmética más avanzada, pero en este caso el manual no llegó a publicarse ni tampoco se han podido conservar ejemplares de él. ¿Cómo sabemos que existe? Pues gracias a la obra Biblioteca nueva de los escritores aragoneses, que fue escrita por el célebre biógrafo de las letras aragonesas Félix de Latassa, donde mencionaba el citado manual: “Es un manuscrito que incluye tablas de raíces para poder realizar cálculos sin usar el álgebra”, señalaba.

El seudónimo: un anagrama de un nombre femenino

Aritmética
Operaciones matemáticas en una pizarra. | Shutterstock

En este contexto, es cuando se asentaron en Zaragoza, lugar de nacimiento de la misteriosa autora, los escolapios, una abreviatura de la Orden de los Clérigos Regulares pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías. “Los escolapios”, según indican los matemáticos Julio Bernués y Pedro J. Miana en su artículo Soñando con números, “impartían una enseñanza de calidad, gratuita y universal tanto en letras como en ciencias”. Eso sí, entendiendo universal como excluyente de las mujeres.

¿Por qué contar todo esto? Pues porque el citado Tyrocino aritmético estaba dedicado precisamente a la Escuela Pía del Colegio de Santo Tomás de Zaragoza y el firmante se consideraba discípulo de esta misma institución. Es la primera pista que se da sobre esta matemática tan preocupada de transmitir sus conocimientos. Asimismo, precisamente de esta escuela eran los autores de las reseñas que aparecen en las primeras páginas del libro: Juan Francisco de Jesús y el ya citado Pedro Martínez.

Tiempo después, en 1799, Latassa publicó la verdadera identidad de esta autora. Casandro Mamés de La Marca y Araioa era, en realidad, un anagrama de la verdadera firmante: María Andrea Casamayor de La Coma. Pero, ya en el siglo XXI, los matemáticos Bernués y Miana, junto con la licenciada audiovisual Mirella Abrisqueta, se dieron cuenta de que en la partida de nacimiento de la matemática no era Andrea el nombre inscrito, sino Andresa. Esa “s” era la diferencia entre que el anagrama tuviera o no sentido.

La autora en la sombra: María Andresa Casamayor

Manuscrito
Manuscrito. | Shutterstock

María Juana Rosa Andresa Casamayor de La Coma se convirtió así en la primera mujer española en publicar un libro de ciencia, al menos en la primera de la que se tiene constancia. De su vida se sabía muy poco hasta que Abrisqueta, Bernués y Miana se pusieron a investigar en profundidad su biografía con la intención de rodar un documental que arrojara más luz sobre el tema.

Casamayor nació en el seno de una familia acomodada en 1720. Su padre, Joseph Casamayor, era comerciante textil y de nacionalidad francesa. Su madre, Juana Rosa de La Coma, era también hija de comerciantes franceses, aunque ya estaban instalados en Zaragoza. Según el artículo de Bernués y Miana “es muy probable que María Andresa recibiera sus primeras letras de forma colectiva con sus hermanos y hermanas [que eran ocho]”. “En este ambiente”, añaden, “la pequeña María Andresa destacó”. Baste decir que su primera obra la escribió con tan solo 17 años.

En el mismo año de la publicación del Tyrocino aritmético la vida de Casamayor empeoró. Su padre y su amigo Pedro Martínez fallecieron en 1738 y 1739 respectivamente. Su familia se endeudó. La matemática tuvo entonces que ganarse la vida por su cuenta, por lo que se hizo maestra de niñas. Nunca se casó ni se conoce que tuviera descendencia. Todas circunstancias anormales para una mujer teniendo en cuenta la época en que vivía.

En el lado de las sombras, en el siglo de las luces

Pero ¿por qué publicar con un seudónimo? Marta Macho, profesora de la Universidad del País Vasco y experta en mujer y ciencia, afirmaba al Heraldo de Aragón que esto se debía a que Casamayor era inteligente. “Sabía que, en otro caso, nadie publicaría su propuesta de transmitir esas matemáticas”, apuntaba. En el documental La mujer que soñaba con números de Mirella R. Abrisqueta, la historiadora en la Universidad de Sevilla Consuelo Flecha afirma que “un aval para que se reconociera el saber que había en ese libro era no aparecer como autora”. “Esta mujer y otras muchas”, agrega, “prefieren que se valore lo que saben aunque ellas queden detrás, en el anonimato”.

María Andresa Casamayor fue, como se indica desde el reportaje audiovisual, una mujer “en el lado de las sombras en el siglo de las luces”, una de las mujeres más pioneras en lo que respecta a la Ilustración, una adelantada a su tiempo y, por encima de todo, un nombre que no debería de quedar sepultado bajo un seudónimo.